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domingo, 22 de febrero de 2015

Guerra contra el Brasil

La Guerra del Brasil, o Guerra Argentino-Brasileña o Guerra rioplatense-brasilera (Guerra da Cisplatina en portugués), fue un conflicto armado entre las Provincias Unidas del Río de la Plata -que recientemente se habían independizado del Reino de España- y el Imperio del Brasil, por la posesión de los territorios que corresponden a la actual República Oriental del Uruguay y parte del actual estado brasileño de Río Grande del Sur y que tuvo lugar entre 1825 y 1828.

En 1816, numerosas y bien pertrechadas fuerzas del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve comenzaron la invasión lusobrasileña de la Provincia Oriental y de la casi totalidad de Misiones, realizando también incursiones en las provincias de Corrientes y Entre Ríos.

En 1821 la entonces llamada Provincia Oriental, anteriormente Banda Oriental y actual Uruguay, tras ser derrotado José Gervasio Artigas el año anterior en la Batalla de Tacuarembó, fue anexada al Brasil con el nombre de Provincia Cisplatina.

Cinco años después, en 1825, y con el apoyo del gobierno argentino, un grupo de orientales y de otras provincias, llamados los Treinta y Tres Orientales y liderados por Juan Antonio Lavalleja, ingresó en la Provincia Oriental para desalojar a los ocupantes brasileños quienes, con la posterior ayuda de Fructuoso Rivera, en pocos meses lograron retirar al ejército brasileño y el 25 de agosto, en el Congreso de Florida, declararon la independencia del territorio oriental del Brasil y su unificación con las demás provincias que conformaban las Provincias Unidas del Río de la Plata o Argentina. Brasil declaró la guerra a Argentina.

Si bien al comienzo de las hostilidades las fuerzas imperiales eran mayores a las republicanas, las Provincias Unidas derrotaron a Brasil en muchas batallas en una lucha de tres años por tierra y mar; siendo la Batalla de Ituzaingó, la más importante.

Sin embargo, los problemas económicos y políticos generados en ambos estados, en especial, el bloqueo de la Armada de Brasil al puerto de Buenos Aires y el impase en tierra (dado que Colonia del Sacramento y Montevideo estuvieron bajo el control de Brasil durante todo el conflicto) aconsejaron iniciar las tratativas de paz. En 1827, el ministro plenipotenciario argentino Manuel José García, excediéndose en su misión, firmó un acuerdo preliminar de paz con los brasileños que reconocía la soberanía del Imperio sobre la Provincia Oriental y se comprometía a pagarle a Brasil una indemnización de guerra. El presidente Bernardino Rivadavia lo declaró como el «tratado deshonroso», rechazándolo y presentando posteriormente su renuncia.

El conflicto continuó hasta el 27 de agosto de 1828, cuando los representantes del gobierno de la República de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y el Emperador del Brasil, firmaron la Convención Preliminar de Paz, que acordó la independencia de la Provincia Oriental y el cese de las hostilidades.

Grave error uniformológico: cascos metálicos en lugar de shakó o morrión


Antes que nada, debemos aclarar un error que se ha propagado desde hace muchos años: se trata del "casco" que llevan estos soldados. Al parecer tal cosa jamás existió pues para ese entonces se portaba el conocido morrión. Este error ha llevado a que la unidad decana de la artillería del Ejército Argentino lleve un uniforme histórico muy llamativo pero de "fantasía" pues la tropa y los cuadros portan un casco metálico, que tampoco se parece a estos, y que pareciera de dragones.

Uniforme histórico del Grupo de Artillería 1 "Gral. Tomás Iriarte".
Fotografía B/N del año 1966.

Esta confusión se atribuye a un hombre estudioso y serio que hizo mucho por la historia argentina pero que tradujo el término shakó como casco y esto llevo a que dibujantes prestigiosos reprodujeran laminas con esta mala información. Existe poca iconografía de la época pero en todas se aprecia el uso del morrión y no de este casco.


Dos fragmentos de la obra de autor anónimo representando a la batalla de Ituzaingó,
el 27 de febrero de 1827, que perteneció a la colección Assunçao
en el Museo Municipal del Cabildo de Montevideo.
En ambos fragmentos se aprecia el uso del morrión-casco de las tropas republicanas.

Este error se originó en 1922 con la publicación del libro de Enrique Udaondo con ilustraciones de Fortuny sobre la "Historia de los Uniformes Argentinos". La confusión surgió que en los documentos se habla de "casco de suela" que Udaondo interpretó literalmente. De todas maneras, Udaondo hizo mucho por la historia argentina y fue pionero en historiar los uniformes.


Las colecciones de láminas de uniformes editadas en las décadas de 1960 y 1970 no corrigen este error, incluyendo a la colección "Uniformes de la Patria" de Eleodoro Marenco.

Coracero de Lavalle con casco metálico (E. Marenco).

En cambio ya en la década del 90 con la difusión de las láminas de Louis Beaufort, el libro de Julio Luqui Lagleyze "Los Cuerpos Militares en la Historia" y los libros de Guillermo Palombo, esto quedó totalmente aclarado. Pepe Balaguer en su "Cuaderno de Historia Militar" dedicado a los uniformes de la Guerra del Brasil ya da como cubrecabeza el shakó, llamado en los documentos gorra de suela o gorra de casco.

Fue Enrique Villegas el historiador que realmente sentó las bases modernas de la uniformología argentina. Palombo es su discípulo y fue Villegas el que aportó la mayor parte de la información necesaria para que Beaufort hiciera sus láminas. Jorge Fernández Rivas es posterior en el tiempo.

En esta lámina de Marenco podemos apreciar un Lancero de Caballería de Línea,
con el inexistente casco metálico, y un Lancero de Olavarría, con su correcto shakó.

En conclusión, debido a este error, durante el conflicto con el Imperio del Brasil, se dotó a las tropas de las tres armas (infantería, caballería y artillería) de un casco metálico inexistente en esos momentos.
El decreto del 5 de julio de 1826 establecía que había "un sólo uniforme para cada una de las armas de que se componía el Ejército".
Además que "el uniforme de los Cuerpos de cada arma entre sí, no tendrá más diferencia que la del número, que se marcará en el botón y en el casco, y el color del penacho" (Comando en Jefe del Ejército: "Uniformes de la Patria", Ed. Círculo Militar,  Bs. As., 1972).
Artillería, del libro "Uniformes de la Patria"
(Comando en Jefe del Ejército).
Casco metálico y penacho color rojo.
Caballería, del libro "Uniformes de la Patria"
(Comando en Jefe del Ejército).
Casco metálico y penacho color grana.





















Infantería, del libro "Uniformes de la Patria"
(Comando en Jefe del Ejército).
Casco metálico y penacho color verde.


Bocetos de Louis Beaufort  representando los correctos uniformes 
militares argentinos de la Guerra contra el Brasil (1826-1828).







General Juan Galo Lavalle


Historia


El general Juan Galo Lavalle, héroe de las independecias de Argentina, Chile, Perú, Ecuador y Uruguay. Militar mítico de valentía sin igual y político torpe, que llevado por la pasión de sus convicciones y influenciado por la elite porteña, desencadenó una sangrienta guerra civil en Argentina con el fusilamiento de Dorrego.

Desde los 14 años hasta su muerte (a los 44) su vida fue una permanente milicia. Juan Galo Lavalle nació en Buenos Aires el 17 de Octubre de 1797. Era el cuarto hijo de Manuel José de la Valle y Mercedes González. Al estallar la revolución de Mayo, su familia se encontraba en Chile, donde su padre era funcionario. De regreso en Buenos Aires, el 31 de Agosto de 1812, Lavalle solicitó su admisión como cadete en el Regimiento deGranaderos a Caballo. En Mayo de 1813 pidió al general Alvear ser enviado al frente. Ascendido a Teniente en 1813, pasó en 1814 al ejército sitiador de Montevideo, a órdenes de Alvear.

Luchó contra Artigas, y al mando de Dorrego combatió en la batalla de Guayabos. En 1816, con su regimiento, ingresó al Ejército de los Andes que San Martín preparaba en Mendoza. El 4 de Febrero de 1817, tuvo destacada actuación en Achupallas donde una patrulla de Granaderos venció a fuerzas realistas superiores que trataban de impedir la marcha de las tropas argentinas. En Chacabuco fue ascendido a Capitán. En Maipú mandó una compañía de Granaderos que con los regimientos de Zapiola y Freire pusieron fuera de combate a la caballería realista. Combatió en el sur contra los restos del ejército español.

General Juan Galo Lavalle.

En Nazca, Perú, el 15 de Octubre de 1820, al frente de la caballería patriota avanzó a todo galope sobre el campo realista, causando una completa sorpresa. En Paseo, el 6 de Diciembre, cargó poniendo en fuga a la caballería enemiga. En Jauja se le entregó prisionero el teniente coronel Andrés de Santa Cruz, futuro Presidente de la Confederación peruano-boliviana. En la campaña del Ecuador, el 21 de Abril de 1822, libró en Riobamba uno de los más brillantes combates de caballería de la guerra de la Independencia, destrozando a la caballería española por el resto de la campaña. Intervino en Pichincha, en el desastre de Torata y en la retirada de Moquegua, donde con 300 Granaderos contuvo a un ejército varias veces superior.

A fines de 1823, se separó del ejército de Bolívar, y ya en Mendoza, un movimiento militar derrocó al gobernador y nombró en su reemplazo a Lavalle. Diez días después, 4 de Julio de 1824, regresó a Buenos Aires, recibiendo despachos de coronel graduado. Con Rosas y Senillosa integró la comisión demarcadora de la frontera con los indios. Al estallar la guerra con el Brasil se incorporó al ejército nacional. En Febrero de 1827 venció a una columna de 1.200 hombres en Bacacay. En Ituzaingó, en audaz y calculada maniobra, arrolló a las fuerzas del general Abreu, siendo ascendido a general.

Lavalle y un coracero montados.

Debido a los conflictos político – civiles que vivía el país, Lavalle se preparaba a poner en ejecución un plan cuando las tropas correntinas, que lo habían acompañado desde el principio de la campaña, decidieron regresar en masa a su provincia. Con sus últimos fieles, unos doscientos hombres, Lavalle emprendió el camino de Jujuy, donde llegó el 8 de Octubre.

Tratando de huir al norte, a Bolivia, con unos cuantos camaradas leales, Lavalle fue muerto (probablemente por accidente) en una residencia privada en Jujuy cuando un grupo que acertaba a pasar por allí disparó una serie de tiros contra la casa; cuando sus leales seguidores se enteraron de que existía el propósito de profanar sus restos, formaron secretamente una guardia de honor para escoltar el cadáver de Lavalle fuera del país, hasta Bolivia, donde lo depositaron en la ciudad de Potosí hasta que los restos pudieran ser devueltos a Buenos Aires, lo que aconteció en 1868, siendo inhumados en el cementerio de La Recoleta.

Pieza de colección


General Juan Galo Lavalle con uniforme de gala, confeccionado en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por:  http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/











Coraceros de Lavalle


Historia


Según los documentos que se encuentran en el Servicio Histórico del Ejército, el Regimiento 4 de Caballería de Línea fue creado el 27 de abril de 1826 con el nombramiento del entonces Coronel Lavalle como Jefe del mismo. De ese Regimiento llamado frecuentemente “de Coraceros”, partió Lavalle con el primer escuadrón a órdenes del Capitán Danel, para la Guerra con el Brasil, siendo dado de baja de los Coraceros el 1 de abril de 1826. Días más tarde organizó el C4, que se fue completando gradualmente con entrerrianos según documentos del Archivo General de la Nación. El Regimiento, siempre a órdenes del Coronel Lavalle, participó en casi todos los episodios de la Guerra con el Brasil, particularmente en la Batalla de Ituzaingó el 20 de febrero de 1827, donde tuvo relevante actuación.

Coracero de Lavalle, por eleodoro Marenco.

Al Regresar a Buenos Aires en diciembre de 1828, Lavalle y el C4 se enrolaron en el Bando Unitario, disminuyendo sus efectivos como consecuencia de las acciones militares. En 1829 el Regimiento 4 de Caballería fue disuelto y no volvió a ser recreado hasta 1854.

El 22 de agosto de 1854, el Presidente Urquiza recreó el Regimiento 4 de Dragones en la frontera interior de San Luis. En 1860 tenía por guarnición al Fuerte Constitucional (hoy Ciudad de Mercedes, San Luis). Por su parte, el “Estado de Buenos Aires” creó otro Regimiento 4 de Caballería en 1855, en la frontera norte del mismo. Ambas unidades participaron en los sucesos más trascendentes de la guerra por la organización nacional, entre 1859 y 1861. 

En 1879 el C4 integró la 3ra División, que a órdenes del Coronel Eduardo Racedo, penetró en la zona de influencia de los ranqueles en la campaña del General Roca. Entre 1881 y 1895 fue disuelto.

Coracero de Lavalle en un platito de porcelano Verbano
(Serie Uniformes de la Patria, diámetro: 10 cm)

Recreado nuevamente en 1896 participó en Curumalal de la campaña conducida por el Teniente General Luis María Campos. Fue destinado luego a Mendoza. En 1904 estuvo en Campo de Mayo y en 1906 en Rosario, siendo denominado el 22 de mayo por el Presidente Figueroa Alcorta como Regimiento 4 de Caballería de Línea "Coraceros General Lavalle". En 1907 guarneció en Córdoba, dependiendo de la 4ta Región Militar, volvió a Villa Mercedes y hacia 1937 ocupó los cuarteles de Junín de los Andes. Poco tiempo después ocupó San Martín de los Andes, donde se encuentra actualmente.

Ya dejamos establecido que los cascos de metal no se utilizaban en la época de la guerra contra el Brasil, por lo que la imagen de Marenco resulta errónea, siendo mucho más acertadas las reproducciones de José Balaguer.

Coracero - Soldado (por José Balaguer).
Coracero - Oficial (por José Balaguer).

Pieza de colección


La figura exhibida corresponde a un Coracero de Lavalle, construido en plomo sobre matriz de Roume en escala 80 mm. Está claramente inspirada en la ilustración de Marenco, por lo que cae en el error histórico de representar a esta unidad con el inexistente casco metálico.










Lancero de Olavarría


Historia


El Regimiento de Caballería Nº 16 de "Lanceros de Olavarría" fue creado por decreto del 4 de agosto de 1826, designándose para su mando y organización al Coronel José Olavarría.

Este regimiento hizo toda la campaña del Brasil, con brillante actuación, disolviéndose a su regreso.

El vistoso uniforme pertenece a su jefe, aunque se cree que, a pesar del decreto del 5 de julio de 1826, sus soldados lo usaron, según algunas referencias.

Es una de las pocas unidades de la guerra contra el Brasil que no cae víctima del error de Udaondo, luciendo su correspondiente shakó, en lugar del inexistente casco metálico con el que se ha adornado erróneamente a otras unidades.

Lancero de Olavarría, según Eleodoro Marenco.

Respecto al jefe del Regimiento, nos dice el historiador Adolfo Saldías en su Historia de la Confederación Argentina: 
"Se sabía que el coronel Olavarría era el principal apoyo del general Lavalle, así por su bravura legendaria como por el sencillo cariño que le profesaba a éste, a cuyo lado siempre batalló.
Reunía en su fisonomía blanda, expresiva y delicadamente contorneada y en su porte elegante y distinguido, las condiciones de un hombre más que hermoso, de un hombre bello de ojos azules, tez bronceada por las campañas que lo habían alejado de Buenos Aires durante catorce años...".
Lancero de Olavarría, por Eleodoro Marenco.

Nacido en Salto, provincia de Buenos Aires, el 13 de febrero de 1801, era hijo de don Antonio de Olavarría y de doña Gertrudis Rodríguez Peña, prócer de Mayo.

A los 9 años y con permiso de la Corona (pues vivían bajo régimen colonial), se le designó cadete en el Cuerpo de Blandengues que comandaba su padre; y muy joven ingresó al Ejército de los Andes, encontrándose en la batalla de Chacabuco y en el asalto de Talcahuano.

Más tarde alistado en el Regimiento de Granaderos a Caballo, creado por el Gral. San Martín, participó en la campaña de la Sierra a las órdenes del Gral. Arenales y en 1823 se halló en la campaña a Puertos Intermedios bajo el mando del Gral. Andrés Santa Cruz.

En octubre de 1826, al frente de 400 hombres, marcharía al campamento de Arroyo Grande a enfrentar a las tropas del imperio del Brasil, donde Lavalleja los arengó diciéndoles "lo que importa es triunfar, atropellar al enemigo con denuedo y vencer o morir", y donde los bravos lanceros de Olavarría, en la batalla de Ituzaingó, maniobrando como en un día de parada en un campo cubierto de cadáveres, cargaron rompiendo al enemigo, lo lancearon y persiguieron hasta una batería de tres piezas que también tomaron.

Lancero de Olavarría, del libro Uniformes de la Patria
(Comando en Jefe del Ejército).

El coronel Olavarría sostuvo en esa batalla la reputación que había adquirido en Junín y Ayacucho.

Vuelto a Buenos Aires secundó a Lavalle en el movimiento del 1° de diciembre de 1828, participando en los combates de Navarro, Las Palmitas y Puente de Márquez contra los federales.

En la Banda Oriental fue perseguido por Oribe obedeciendo órdenes de Rosas hasta que pidió la baja en 1832.

Retirado de las actividades castrenses, siempre pensó en volver pero los intrincados asuntos del Plata manejados por el rosismo no le permitieron cumplir sus sueños y en ese último rincón alejado de su patria, falleció en Montevideo a los 44 años, el 23 de octubre de 1845.

Pieza de colección


La figura expuesta es un oficial a pie del Regimiento de Caballería Nº 16 de "Lanceros de Olavarría", construida en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por:  http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/










Regimiento Colorados de Las Conchas



Historia


Las autoridades de Las Conchas adhirieron al primer gobierno patrio que se constituyó el 25 de mayo de 1810, y las medidas adoptadas por la Junta Gubernativa para sofocar los actos de insurgencia también tuvieron consecuencias en el pueblo. Martín José Goyechea fue uno de los vecinos aprehendidos y penados por atentar contra la patria. Siendo un pueblo costero y ubicado estratégicamente, Las Conchas además sufrió permanentes ataques de corsarios españoles que perturbaban su tranquilidad cometiendo saqueos e incendios. Así nació el regimiento de “Colorados de las Conchas”, una milicia popular para la protección del vecindario. Era un lugar difícil para habitar, asediado por los españoles y las mareas.

Ante los hechos de la Revolución de Mayo de 1810, las autoridades del pueblo de Las Conchas constituidas por Domingo Lima, alcalde de la Santa Hermandad; -que era la primera autoridad del Partido-, José de la Peña, comandante del resguardo y José Bolaños, comandante militar, adhirieron a la formación del primer gobierno patrio.

Con fecha 27 de mayo, la Junta Gubernativa de Buenos Aires envía a las autoridades de Las Conchas un oficio con instrucciones, y una semana después, José Bolaños respondía: “Exmo. Señor. Con fecha 27 del próximo pasado he recibido los impresos de mi instrucción en punto a la instalación de la respetable Junta Gubernativa establecida con tan juntos motivos en esa célebre capital, y el oficio en que V.E. se digna hacerme el honor de confiarme en el que en la jurisdicción de mi mando haga llegar a debido efecto las respetables y sabias determinaciones de V.E. en cuyo desempeño pondré mi mayor conato correspondiente a esta confianza y a los empeños y vivos deseos que me animan de servir con utilidad al Estado y a mi patria”.

Plano del Puerto y Pueblo de Las Conchas, trabajo probablemente realizado
por don José María Manso entre los años 1806-1808 o 1817.
Forma parte de un gran "Plano Catastral y parcelario de las Suertes de Tierra
y pertenencias de Propietarios situadas en el Río de la Plata".

Otra de las medidas del gobierno patrio sobre Las Conchas fue que su Comandancia Militar, que desde febrero de 1806 había sido separada de la de San Fernando, a partir del 3 de agosto de 1810 es incorporada a la de este último pueblo quedando el Teniente Coronel Carlos Belgrano a cargo de ambas comandancias.

En 1811, los buques españoles dominaban el Río de la Plata y sus afluentes y solían desembarcar y perturbar a los pueblos costeros como Las Conchas y San Fernando en los que se cometían todo tipo de atropellos como incendios y saqueos de casas y comercios.

Regimiento de "Colorados de Las Conchas" (1812).
Lámina de Carlos J. Hochstetter.

Los vecinos de Las Conchas, quienes además prestaban ayuda en el envío de la correspondencia a Montevideo, eran atacados casi diariamente por los españoles, por lo cual tuvieron que organizarse militarmente y formaron una compañía que estuvo al mando del Teniente José María Vilela y que era sostenida por el propio vecindario ya que el Gobierno no contaba con recursos suficientes. Allí nació el famoso regimiento “Los Colorados de Las Conchas”.

Regimiento de "Colorados de Las Conchas" (1826).
Lámina de Eleodoro Marenco.


Entre sus actuaciones destacadas, formó parte de la tripulación de la fragata Hércules que al mando del Almirante Guillermo Brown el 11 de marzo de 1814 tomó la escuadra española de Montevideo, y prestó servicios con las milicias de San Fernando comandadas por el Capitán Francisco Villarino.

Su nombre proviene de que vestían uniforme azul y, como distintivo, el peto color "colorado". Adquirieron renombre en las luchas de la Independencia, luego contra el Imperio del Brasil, pero sobre todo se distinguieron con su jefe el teniente José María Vilela en la batalla de Ituzaingó.


Una semana antes de Ituzaingó, también participaron a las órdenes de Lavalle en el combate de Bacacay:
"No hacían dos meses á que el ejército argentino había roto sus marchas de la costa del Uruguay, a las órdenes del Brigadier General D. Carlos M. de Alvear cuando estaba pisando ya el territorio de la provincia de Río Grande, y el General Lavalle batía en las márgenes del Bacacay a una columna enemiga de 1200 hombres de caballería, con el Regimiento Nº 4 de "Coraceros" y los célebres "Colorados de las Conchas", mandados por el Coronel Vilela." (LACASA, Pedro, "Vida Militar y Política del General Argentino D. J. Lavalle", Ed. Imprenta Americana, Buenos Aires, 1858, p. 38).
Regimiento de "Colorados de Las Conchas".
Dibujos de José Balaguer.

Sarmiento los confunde con los "Colorados del Monte" con los que Rosas surgiera a la vida política en 1820:
"El Coronel Barañao es un porteño de las Conchas. Entró al servicio del Rey antes de la Revolución, puesto que ya era Coronel en Maipo y gozaba en Chile de una terrible reputación. ¡Cosa singular! Su regimiento llevaba uniformes colorados por lo que se llamaban sus soldados «los colorados de Barañao», mientras se sabe que Rosas entró a Buenos Aires en 1820 con los «Colorados de las Conchas»" (SARMIENTO, Domingo F., "Memorias", en "Obras", T. XLIX, Ed. Imprenta Mariano Moreno, Buenos Aires, 1900, p. 134)

Pieza de colección


La figura exhibida fue confeccionada en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/

Está claramente basada en la lámina de Eleodoro Marenco.












Artillero de Iriarte


Historia


El 9 de mayo de 1826, en los prolegómenos de la guerra contra el Brasil, fue creado el Regimiento de Artillería Ligera, por decreto del presidente Rivadavia. El 24 de mayo del mismo año, se le confiere el mando al Teniente Coronel de Artillería Tomás de Iriarte, quien recibe la orden de trasladar la unidad en formación, al teatro de operaciones.

Aquellos “artilleros de Iriarte”, combaten y se cubren de gloria en la batalla de Ituzaingó, bautismo de fuego del Regimiento. El Ejército prosiguió la campaña hasta la firma de la convención preliminar de paz, combatiendo en ese intervalo en las acciones de Camacuá (5 de abril de 1827) y Yerbal, (22 de junio de 1827).

Artillero de Iriarte, por Eleodoro Marenco.

De regreso a Buenos Aires, el 28 de diciembre de 1828 el Regimiento fue acuartelado en el fuerte. Durante el desarrollo de nuestras guerras civiles intervino en numerosos hechos de armas que probaron la capacidad, el valor y su alto espíritu.

La defensa de nuestras costas fue otra de las misiones de esta unidad de artillería. Tomó parte en la defensa de Martín García contra la escuadra francesa (11 de octubre de 1838), en el combate de Vuelta de Obligado (20 de noviembre de 1845) y en El Quebracho (4 de junio de 1846).

Participó en la batalla de Caseros (3 de febrero de 1852), donde el Regimiento es prácticamente aniquilado y su jefe el Cnel. Martiniano Chilavert, fusilado. Luego de la batalla de Pavón (17 de septiembre de 1861), regresa a Buenos Aires.

Participó en la Guerra de la Triple Alianza, destacándose en los combates de: Paso de la Patria (31 de enero de 1866), Curupaytí (22 de octubre de 1866) y Humaitá (15 de julio de 1868).

Artillero de Iriarte, del libro Uniformes de la Patria
(Comando en Jefe del Ejército).

Durante la Campaña del Desierto, intervino a las órdenes del Ministro de Guerra, Dr. Adolfo Alsina y posteriormente, del Gral. Julio Argentino Roca. En 1879, formó en las guarniciones de los fuertes Gral. Belgrano, Salinas Grandes, Río Negro y Choele Choel.

Este tradicional Regimiento fue modernizado en el año 1948, haciéndolo totalmente motorizado. Actualmente lleva de la denominación de Grupo de Artillería 1 “Brigadier General Iriarte”.

Pieza de colección 1


Este bello diorama, construido en plomo sobre matriz de Roume en escala 80 mm., nos presenta la figura de un Artillero de Iriarte, con el clásico uniforme que le dio Eleodoro Marenco a esta unidad, junto a un cañón con baqueta, barril de pólvora y varias municiones.

Se trata de una pieza de gran factura y calidad, con precisos detalles y un excelente acabado, especialmente en la pintura.











Pieza de colección 2


Aquí vemos a otro Artillero de Iriarte, también construido en plomo sobre matriz de Roume en escala 80 mm. En esta ocasión, se trata sólo de artillero, como figura individual.

Si bien la matriz Roume es la misma, puede apreciarse a simple vista que fue confeccionado por otro artesano, menos dotado que el anterior, especialmente en la pintura.






Cenicero de Porcelana Verbano con un Artillero de Iriarte.

 


Cañón de a 24 (libras)


Historia

Categorías de artillería


Desde fines del siglo XVIII, pasando por las guerras napoleónicas, y hasta mediados del siglo XIX, dentro de la artillería existen tres tipos:
  • Artillería montada: Los artilleros iban a caballo junto a las piezas de artillería. Esta artillería, que tenía más movilidad, tenía como función principal apoyar a la caballería y normalmente estas unidades estaban formadas por piezas de 6 libras.
  • Artillería a pie o de campaña: Las baterías eran desplazadas a pie por los artilleros. Normalmente lo componían piezas de 4, 8 o 12 libras.
  • Artillería de guarnición y de sitio: Estaba formada de piezas desde las 4 a las 24 libras de todo los tipos: cañones, morteros, obuses.... y no estaban pensadas como piezas móviles.

Cañón de 6 libras, Ejército de los Andes, batalla de Maipú (1818)

1818 - Artillería Ejército de los Andes (cañón de 6 libras)

Las baterías de artillería contaban por norma general por seis piezas (cañones y algún obús de apoyo). Los cañones describían una trayectoria casi horizontal y se clasificaban por el peso del proyectil que lanzaban, mientras que los obuses podían describir un arco amplio y se clasificaban por su calibre.


Tipos de munición


Las piezas de artillería de esta época eran una versión a gran escala de los mosquetes que usaba la infantería. Carecía de mecanismos para amortiguar el retroceso y los soldados debían volver a situarlas en la posición óptima tras cada disparo. Los proyectiles que se disparaban en los cañones eran de 3 tipos, y se usaban unas u otras en función de la efectividad frente a la distancia:
  • Bolas metálicas sólidas redondas
  • Bolas metálicas huecas, cargadas con explosivo y de las que sobresalía una espoleta. Tenía una gran capacidad incendiaria.
  • Bolsas o latas de metralla (bolas pequeñas o improvisando con clavos, cristales o pequeñas piedra) Se usaba para diezmar rápidamente las líneas de infantería.

Cañón de a 24 durante las guerras napoleónicas.

Mecánica de disparo: carga, apunta, dispara y limpia


Mover e instalar este tipo de armas en el campo de batalla no era tarea fácil. Cada cañón (incluyendo las municiones) necesitaba una media docena de caballos para su transporte y una docena de personas para su mantenimiento, manejo, etc. Pero no solamente había que buscar el emplazamiento adecuado, que casi nunca lo era, sino que además había que preparar otros elementos de carácter defensivo como trincheras o parapetos, para los cuales era necesario usar pico y pala. Unido además a que tras cada disparo había que recolocar la pieza de artillería por el retroceso, es fácil adivinar que los artilleros eran unos soldados con gran corpulencia y resistencia.

Cargando un cañón


Los pasos a seguir para cargar un cañón eran:
  • Insertar la carga de proyección que era un pequeño saco de pólvora negra cuyo peso variaba en función de la distancia a la que se quisiera disparar y el tipo de proyectil.
  • Insertar el taco que era elemento que se interpone entre la pólvora y el proyectil.
  • Insertar el proyectil
Estos elementos se podían introducir juntos o separados y se empujaban con hasta el fondo del cañón desde la boca con una herramienta llamada atacador. Es fácil de deducir que si los elementos eran introducidos juntos la cadencia de disparar era mayor que si se introducían por separado.

Después de tener introducidos los elementos anteriores se introducía un punzón por el oído del arma para perforar la carga de proyección y se rellenaba el agujero con pólvora más fina que será la encargada de cebar la carga principal. Esta última cantidad de pólvora era muy sensible a la lluvia o al viento, y no era extraño que los artilleros taparan el agujero realizado con el punzón.

Cañón de a 24 arrastrado por bueyes durante las invasiones inglesas.

Apunta y dispara


Ahora era cuando se acercaba el momento del disparo y para ello se seguían los siguientes pasos:
  • Apuntar al objetivo. Lo primero era darle la dirección correcta y era dónde los artilleros, usando sus músculos y una serie de palancas, orientaban el cañón hacia el objetivo.
  • Estimar el alcance del lanzamiento usando una escuadra y una plomada. Para darle la inclinación necesaria al cañón se usaban cuñas o un tornillo.
  • Aplicar un fuego a la carga de cebo para producir el disparo.

Limpieza del cañón


Después de cada disparo los cañones además tenían un proceso realmente importante. La pólvora negra usada tiene una velocidad de deflagración no muy rápida, que permite cargar el cañón sin peligro de que reviente. Pero en el ánima pueden quedar pavesas incandescentes que podrían prender la carga y herir o matar a los artilleros que estuvieran realizando la carga. Para evitar esto se usaba una herramienta llamada lanada para dejar bien limpia el ánima.

Una vez limpia el ánima, se introducía el sacabalas para extraer la parte de la carga de proyección dado que no se hubiera consumido, quedando el cañón listo para disparar de nuevo.

Al no existir ningún elemento que amortiguara el retroceso de cañón era necesario colocarlo de nuevo para el siguiente disparo


Conclusiones


Todas estas maniobras hacían que la cadencia de disparo fuera de entre 1 y 3 minutos, y además estuviera ligado al estado físico de los artilleros. El esfuerzo físico que sufrían era inmenso y no era extraña la batalla en la que no se hicieran unos 200 disparos. Además, se corrían otro tipo de riegos entre los que se encontraba la exposición al enemigo que se podían encontrar los artilleros si había brechas en las líneas de infantería o que la vida útil del cañón llegara a su fin (entre 2000 y 3000 disparos) y este reventase llevándose por delante a toda la dotación de artillería.



Pieza de colección


Cañón de 24 confeccionado en plástico y pintado color ocre para darle mayor antigüedad realismo.














1 comentario:

Anónimo dijo...

De metido nomás, pero me parece que para afirmar categóricamente que los, se debería establecer, desde cuándo los Coraceros de Lavalle utilizaron cascos y por ende corazas metálicas (ya sea en alguna recreación?), en razón de que existen físicamente éstos efectos en museos, fotografías y dibujos.

No obstante, en 1802 Bonaparte decidió dotar a la Caballería pesada o de Reserva de coraza y casco metálico. Después de la Batalla de Waterloo (1815), los Países de la coalición se apoderaron de todo el armamento y parte de ello lo comerciaron como rezagos, en nuevos mercados, en especial en América.