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miércoles, 25 de febrero de 2015

La Organización Nacional



Gral. Justo José de Urquiza


Historia


Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos, vencedor de Rosas, gran impulsor de la organización nacional y primer presidente constitucional de los argentinos, nació el 18 de octubre de 1801 en una estancia cercana a Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos. En aquel tiempo, su padre, el coronel José de Urquiza era comandante en la costa del Uruguay. Los primeros años de Urquiza transcurrieron en el campo hasta que en 1817 se trasladó junto a sus hermanos mayores a Buenos Aires para estudiar en el Colegio de San Carlos, pero debió abandonar los estudios por la clausura del Colegio y regresó a Entre Ríos. A partir de entonces se dedicó al comercio. Trabajó junto a su cuñado hasta establecer su propio negocio: cueros y astas que despachaba a Buenos Aires y Montevideo. Lentamente y paralelamente con el crecimiento de su prosperidad económica, aumentó la influencia de Urquiza en Concepción del Uruguay. La ciudad lo nombró oficial del cuerpo de cívicos, que se encargaba del orden en la ciudad y en el campo. Allí tomará contacto por primera vez con la política y con los grandes debates en torno a la forma de gobierno a adoptar por el nuevo país independiente. Urquiza se inclinó por el federalismo e inició su carrera política que lo llevó a los veinticinco años a ser electo diputado de la legislatura provincial. Allí presentó una serie de proyectos tendientes a mejorar la administración y la economía provinciales, así como innovadoras propuestas educativas.

Primer retrato de Justo José de Urquiza, lo muestra en su juventud,
cuando militaba en las milicias de Concepción del Uruguay.

Su buena labor legislativa incrementó su influencia y su prestigio político. En 1832 fue designado comandante general del Segundo Departamento Principal. Era el cargo que seguía en jerarquía al de gobernador y manejaba los destinos de la mitad más rica de Entre Ríos.

Gobernador de Entre Ríos


Cuando el gobernador entrerriano Pascual Echagüe dejó su cargo, la Cámara de Representantes eligió a Justo José de Urquiza en su remplazo, quien asumió dicho cargo el 15 de diciembre de 1841.

Eran épocas duras, de guerras civiles entre los unitarios de Paz, aliados a los orientales de Fructuoso Rivera y los federales de Rosas socios del caudillo oriental Manuel Oribe. Urquiza se unió al bando federal participando en numerosas batallas. Persiguió a Rivera durante casi dos años hasta derrotarlo definitivamente en 1845 en India Muerta. Quedaba José María Paz, el genial estratega unitario, que se había adueñado de la provincia de Corrientes y dirigía las operaciones comandadas por el gobernador correntino Joaquín Madariaga. Urquiza organizó una rápida campaña y Madariaga fue derrotado en Laguna Limpia. El vencedor decidió no atacar a Paz que se encontraba en un lugar de muy difícil acceso y le propuso un pacto a Madariaga. Los dos gobernadores se reunieron en Alcaraz, Entre Ríos, en agosto de 1846 y firmaron los Tratados de Alcaraz, donde reiteraban la vigencia del Pacto Federal de 1831.

Los acuerdos de Alcaraz le cayeron muy mal a Rosas porque promovían la libre navegación de los ríos e insistían en la necesidad de organizar constitucionalmente al país. Rosas comisionó a su secretario Máximo Terrero para denunciar ante los gobernadores "el desvío, la miseria y la ceguera del General Urquiza".

Capitán General Justo José de Urquiza.

Las presiones de Rosas activaron el conflicto entre Corrientes y Entre Ríos e hicieron fracasar los acuerdos de Alcaraz. La guerra se reanudó y Madariaga fue vencido definitivamente en el Potrero de Vences en noviembre de 1847. El gobierno de Corrientes quedó en manos de un hombre de confianza de Urquiza, el Coronel Benjamín Virasoro.

Terminadas las campañas de 1846 y 1847, Urquiza volvió a ocuparse personalmente de las tareas de gobierno que había confiado en su ausencia a Antonio Crespo su gobernador delegado. Se dedicó sobre todo a promover la educación popular. Para 1848 ya había escuelas públicas en todos los distritos de la Provincia.

Para 1850 Entre Ríos era una de las provincias más prósperas de la Confederación. Atraía a inversores extranjeros y llevaba a los emigrados argentinos en Montevideo a poner los ojos en su gobernador y a visualizarlo como el único capaz de terminar con el régimen rosista. Así pensaba Esteban Echeverría, que le escribía a Urquiza en estos términos: "Debe ponerse al frente de un partido único y nacional que represente a la religión social de la patria representada en la bandera de Mayo. Nos asiste un convencimiento de que nadie en la República Argentina está en condición más ventajosa que Vuestra Excelencia para ponerse al frente de ese partido nacional y promover con suceso la fraternidad de todos los argentinos".

Rosas había adoptado varias medidas que afectaron la economía entrerriana y en 1851 ese conflicto latente hizo eclosión.

Caseros


Año tras año, argumentando razones de salud, Rosas presentaba su renuncia a la conducción de las relaciones exteriores de la confederación, en la seguridad de que no le sería aceptada. 

En 1851 el gobernador de Entre Ríos emitió un decreto conocido como el pronunciamiento de Urquiza, en el cual aceptaba la renuncia de Rosas y reasumía para Entre Ríos la conducción de las relaciones exteriores.

El conflicto era en esencia económico: Entre Ríos venía reclamando la libre navegación de los ríos necesaria para el florecimiento de su economía ya que permitiría el intercambio de su producción con el exterior sin necesidad de pasar por Buenos Aires.

Armado de alianzas internacionales, Urquiza decidió enfrentar al gobierno bonaerense, con el apoyo de Corrientes, Brasil y la Banda Oriental.



Urquiza alistó a sus hombres en el ''Ejército Grande" y avanzó sobre Buenos Aires, derrotando a Rosas en la Batalla de Caseros, el 3 de Febrero de 1852.

Al día siguiente de Caseros, los terratenientes porteños, como por ejemplo los Anchorena, primos de Rosas, renegaron de su pasado rosista y trataron de congraciarse con las nuevas autoridades.

El "Ejército Grande" podría haber entrado a Buenos Aires al otro día de Caseros, pero Urquiza prefirió esperar al 20 de febrero, aniversario de la batalla de Ituzaingó, como desagravio al Imperio brasileño.

Después de Caseros


Las fuerzas de oposición al Gobernador conformaban un extraño conjunto: Federales antirrosistas, unitarios, jóvenes intelectuales, autonomistas, que sólo tenían en común su oposición a Rosas. Lejos de mantener la unidad, este grupo se dividirá en numerosos bandos políticos.

Si la caída de Rosas parecía el fin de las contiendas provinciales, a partir de ella los enfrentamientos se tornarán más encendidos que nunca y el país parecía estar a punto de estallar en pedazos.

A su llegada, Urquiza buscó aliados políticos; pero las cosas habían cambiado: rosistas y antirrosistas de Buenos Aires cambiaron de colores y se unieron para asegurar la unidad bonaerense frente a los avances del interior. Urquiza convocó a los gobernadores de las provincias a firmar un acuerdo en San Nicolás, el 31 de mayo de 1852, con el objetivo de lograr un consenso que permitiera la sanción de una nueva y definitiva constitución. El acuerdo respondía a los intereses del interior del país, quitando protagonismo al poder central que se ejercía desde Buenos Aires.

Cada provincia cedería parte de su poder de decisión para delegarlo en un poder central. El nuevo intento integrador tenía bases en el liberalismo económico: se dictó la libre navegación de los ríos y la supresión de las aduanas interiores.

Además, se designó al General Urquiza como director provisional de la Confederación Argentina, asignándole algunas facultades extraordinarias, como el mando de las Fuerzas Militares y el control de todas las rentas. Por último, el acuerdo convocó a un Congreso General Constituyente.

Buenos Aires no tardó en mostrar su enojo. El acuerdo le quitaba sus enormes influencias políticas, otorgando en cambio importantes poderes al propio Urquiza. La legislatura bonaerense rechazó el acuerdo tras largos debates parlamentarios.

Aprovechando la ausencia de Urquiza, que asistía en Santa Fe a la inauguración del Congreso Constituyente, el 11 de septiembre de 1852 estalló una revolución en Buenos Aires. El movimiento reclamaba la renuncia del gobierno y la nulidad del Acuerdo de San Nicolás, al tiempo que proclamó como gobernador al jefe del movimiento, Valentín Alsina. Pero casi simultáneamente, tropas federales que respondían a los intereses del Litoral sitiaron Buenos Aires exigiendo el cumplimiento del acuerdo.

El Congreso Constituyente finalmente pudo reunirse, sin contar con la presencia porteña. Las bases de Alberdi y el modelo de Constitución de Estados Unidos, sirvieron como puntos de partida en la redacción del texto final.

Ante la resistencia porteña, Urquiza decidió bloquear el puerto de Buenos Aires, pero cometió el error de poner al frente de la escuadra al coronel norteamericano John Halsted Coe. El Marino yanqui vendió la escuadra a Buenos Aires el 20 de julio de 1853 por 5000 onzas de oro y se terminó el bloqueo.

Presidente de la Confederación Argentina


La secesión era un hecho. Por un lado, se constituyó la Confederación Argentina, una irregular amalgama de trece provincias ("los trece ranchos", como los llamaba Buenos Aires) que respondían a un gobierno con capital en Paraná y cuyo presidente era Urquiza desde 1854. Por el otro, el Estado de Buenos Aires, con intereses definidos, una más sólida posición financiera y con una relativa unidad política.

La Confederación Argentina intentó llevar adelante un modelo que pretendía "olvidarse" de Buenos Aires e instalar una nueva nación. No era sencilla la tarea de Urquiza: crear un sentimiento nacional más fuerte que las identidades regionales.

La Confederación manejaba un presupuesto escaso, producto de la falta de recursos económicos y naturales; la zona más rentable era la Mesopotamia, productora de ganado y cereales; el resto de las provincias, aisladas, desarrollaban actividades económicas destinadas a la subsistencia o a un pobre intercambio con países limítrofes (Paraguay, Chile y Bolivia).

Daguerrotipo de Urquiza en 1854, año en que fue electo Presiente.


Urquiza trató de combatir la pobre situación económica de la Confederación. Firmó tratados comerciales con Estados Unidos, Francia e Inglaterra. Solicitó créditos al Brasil. Estimuló la inmigración, creando colonias agrícolas en las provincias del Litoral para desarrollar la producción lanera y cerealera. Fomentó la enseñanza y los estudios científicos. Pero los problemas económicos del interior eran estructurales: faltaban tierras, capitales y no había suficiente mano de obra. Además, el circuito económico del Litoral no cerraba: para comerciar con el exterior, necesariamente las mercaderías que salían del puerto de Rosario debían pasar por la aduana de Buenos Aires, y pagar allí fuertes sumas.

El proyecto de Urquiza se desmoronaba. Darle la espalda a Buenos Aires era una estrategia inviable. Los capitales extranjeros no llegaban, carecían de una moneda fuerte, el estado no lograba nacionalizar sus instituciones. Las bases materiales estaban en terreno porteño.

El último intento de la Confederación Argentina, fue endurecer sus políticas hacia Buenos Aires: en 1857 se dictan las Leyes de Derechos Diferenciales, que establecían ventajas a los productos que llegaban a su territorio sin pasar por Buenos Aires.

La ley era una abierta provocación a los porteños. La respuesta no tardó en llegar. Un decreto del Gobernador Alsina prohibía el paso por aguas porteñas de productos de la Confederación. Era una abierta guerra económica y sólo faltaba encender una mecha para que todo estallara.

De Cepeda a Pavón


La guerra económica, entonces, dio paso a las armas: un conflicto político en San Juan fue el puntapié para que las tropas de Buenos Aires y la Confederación se movilizaran.

Los dos ejércitos se encontraron en Cepeda el 23 de octubre de 1859. Las tropas porteñas, al mando de Mitre, cayeron derrotadas.

La victoria le daba a Urquiza una aparente capacidad negociadora. Sin embargo, mostró una actitud moderada y no entró a Buenos Aires, sino que estableció su campamento en San José de Flores. Su intención era resolver rápidamente el conflicto.

Por el pacto de San José de Flores, firmado el 11 de noviembre de 1859, se acordaba que Buenos Aires comprometía su ingreso a la Confederación y ésta, debía aceptar las reformas que Buenos Aires le realizara a la Constitución.

Justo José de Urquiza, montado y con uniforme de gala.
Óleo sobre tela de Galimberti.

Buenos Aires otorgaba subsidios a las provincias y se comprometía a pagar los gastos de la nueva convención constituyente, donde se incorporarían las reformas propuestas por Buenos Aires; pero mientras tanto, alargaba los plazos de la incorporación y mantenía el control de las rentas nacionales a través de la aduana.

Pero la confederación no podía esperar indefinidamente la incorporación de Buenos Aires a la Nación. El consenso que parecía adquirido no tenía la suficiente solidez y el acuerdo se desmoronó a raíz de un conflicto menor en la provincia de San Juan.

Nuevamente las fuerzas porteñas y del interior se enfrentaron, esta vez en Pavón el 17 de septiembre de 1861, en un combate dudoso y confuso, Urquiza retiró sus tropas, aun teniendo superioridad numérica. Esta vez la victoria fue para los porteños, que extendían de este modo su dominio a todo el país.

Después de Pavón


Tras la derrota de Pavón, Urquiza se refugió en su Palacio San José y se dedicó a sus negocios agropecuarios. Se negó a apoyar los levantamientos federales de los montoneros del Chacho Peñaloza y Felipe Varela contra la política del puerto de Buenos Aires que asfixiaba al interior y sólo reapareció públicamente en 1865 para apoyar a Mitre en la Guerra del Paraguay. Esta actitud desprestigió mucho su figura en las provincias y generó fuertes rechazos entre sus coprovincianos. En 1868 volvió a la vida política presentándose como candidato a presidente. Fue derrotado por Sarmiento quien a poco de asumir apoyó su nombramiento como gobernador de Entre Ríos y lo visitó en su palacio de Concepción del Uruguay.

Fotografía del Gral. Urquiza en sus últimos años.

El abrazo con Sarmiento, el principal responsable de la muerte del Chacho, le costará muy caro a Urquiza. Para muchos de sus ex compañeros de armas e ideas era la gota que colmaba un vaso que había comenzado a llenarse tras la extraña retirada de Pavón y con el apoyo a Mitre y a la guerra fratricida con el Paraguay. El 11 de abril de 1870, un grupo armado que respondía al caudillo montonero Ricardo López Jordán irrumpió en el Palacio San José al grito de "¡muera el traidor Urquiza!". El general le salió al encuentro dispuesto a defenderse a tiros pero cayó herido por un certero disparo y, una vez en el piso, la partida montonera lo ultimó a puñaladas.

Sus restos descansan desde agosto de 1872 en la Catedral de Concepción del Uruguay. Su recuerdo y su paso por la historia siguen despertando polémicas entre quienes ven en él a un libertador que puso fin al régimen rosista y al gran impulsor de la organización constitucional del país y entre quienes lo consideran un traidor a la causa federal.

Pieza de colección


La figura exhibida fue confeccionada sobre matriz de Roume en escala 80 mm. Existe otra figura de Urquiza de Roume, más común, de uniforme y con la galera en la mano. Esta pieza es bastante más rara, de producción escasa, con base más ancha y con el Gral. Urquiza luciendo el típico poncho entrerriano.






Hay múltiples referencias al poncho utilizado por Urquiza en la batalla de Caseros. Para algunos, un Urquiza victorioso entró en Buenos Aires vistiendo poncho blanco en señal de pacificación. Otros sostienen que Urquiza utilizó un poncho blanco durante la batalla para mostrarse claramente a sus oficiales. De cualquier manera, es la imagen del poncho con los colores de Entre Ríos la más utilizada en la iconografía.

Desfile triunfal, después de Caseros.

Foto de Urquiza (daguerrotipo), con poncho y galera.




General Bartolomé Mitre


Historia


Bartolomé Mitre, el gran historiador, polémico político e impulsor de la organización nacional, nació en Buenos Aires el 26 de junio de 1821. Era hijo de Don Ambrosio Mitre y Doña Josefa Martínez Whetherton. El matrimonio se estableció en Carmen de Patagones y allí nacerían los hermanos de Bartolomé, Emilio y Federico. Sus primeros estudios los realizó entre Buenos Aires y Carmen de Patagones.

A los 14 años, Mitre comienza a trabajar en una de las estancias de Rosas, "El rincón de López", regenteada por Gervasio Rosas, hermano del restaurador. El joven Mitre no logra adaptarse a la férrea disciplina de la estancia y es devuelto a su padre con estas palabras: "Dígale a Don Ambrosio que aquí le devuelvo a este caballerito, que no sirve ni servirá para nada, porque cuando encuentra una sombrilla se baja del caballo y se pone a leer". Un año después ya había escrito su primera colección de poesías. Mitre tenía 17 años. Frente a las persecuciones del rosismo, emigra junto a su familia a Montevideo. Allí conocerá a Delfina de Vedia, una bella uruguaya que se convertirá en su esposa y compañera.

"Delfina se presentó a mis ojos como un ángel descendido de los cielos", escribirá por entonces. Se casaron el 11 de enero de 1841 y tuvieron cuatro hijos: Delfina, Josefina, Bartolomé y Emilio.

En Montevideo inició su carrera militar en el arma de artillería sin abandonar su pasión por las letras expresada a través de sus notas en los periódicos El iniciador y El Nacional entre los años 1838 y 1839.

Daguerrotipo de Bartolomé Mitre en 1854.

En 1842, se incorporó a las filas antirrosistas del general Paz y participó en la campaña de Entre Ríos hasta que, derrotadas sus fuerzas en Arroyo Grande, debió regresar a Montevideo.

En la capital uruguaya tomó contacto con los intelectuales antirrosistas emigrados, como José Mármol, Florencio Varela, Rivera Indarte y Esteban Echeverría y participó activamente en la defensa de Montevideo, sitiada por Oribe. Su destacada actuación le valió el ascenso a Teniente Coronel en 1846. Pero ese mismo año decidió abandonar el Uruguay, disgustado con la política de Rivera. Se trasladó a Bolivia donde el presidente Ballivián lo puso al frente del Colegio Militar. Allí también ejerció el periodismo, junto a Wenceslao Paunero y Domingo de Oro, y fundó el diario antirrosista La Epoca.

Un golpe de estado derrocó al presidente Ballivián y Mitre debió trasladarse primero al Perú y finalmente a Chile, donde residirá hasta 1851.

En ese año, se trasladó a Montevideo y, al enterarse del pronunciamiento de Urquiza, se incorporó al Ejército Grande como jefe de artillería. Tras el triunfo de Caseros, en 1852, fundó Los Debates, diario desde el que fijaría su postura en defensa de los intereses porteños frente al proyecto de Urquiza. Esto le valió el cierre del periódico y un nuevo exilio en Montevideo. Pero pronto podrá regresar a Buenos Aires. El 11 de septiembre de 1852 los sectores porteños opuestos a la nacionalización de las rentas aduaneras y la hegemonía de Urquiza, organizan un movimiento que tiene en Mitre y Valentín Alsina a sus principales referentes. La "revolución" del 11 de septiembre produjo la separación de la provincia de Buenos Aires del resto del país, con Valentín Alsina como gobernador y Mitre como ministro de Gobierno y encargado de las relaciones exteriores.

Posteriormente, en 1855, sería electo presidente de la legislatura bonaerense, y fundaría el Instituto Histórico y geográfico.

En 1857, publicó la primera edición de su "Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina", obra exhaustiva, producto de una profunda investigación.

Mientras tanto, Buenos Aires gozaba de cierto bienestar económico; su economía se iba dibujando alrededor de un puerto que exportaba cereales y ganado e importaba de Europa todo lo demás, desde manufacturas hasta ideas políticas. Así, mientras la Confederación languidecía, Buenos Aires progresaba con un ritmo acelerado. Una moneda fuerte, aceptada en todo el territorio provincial, otorgaba garantías a los capitales extranjeros. La exportación lanera figuraba entre las primeras del mundo.

Hacia 1857, se inaugura el Ferrocarril del Oeste, primer tren del país. Unía la Estación del Parque –hoy Plaza Libertad– y el actual barrio de Flores.

La Ciudad dejaba el mote de "gran aldea" para transformarse, lenta pero inexorablemente, en la "París del Plata".

Como militar participará con el grado de General en los dos combates contra Urquiza: la derrota de Cepeda en 1859 y la victoria definitiva de Pavón, el 17 de septiembre de 1861.

Mitre que había sido electo gobernador de Buenos Aires en 1860, se transformó tras el triunfo de Pavón en el único hombre en condiciones de encauzar los destinos del país recientemente unificado.

Retrato del Coronel Bartolomé Mitre, por Ignacio Manzoni.

En mayo de 1862, se reunió un nuevo congreso nacional que legitimó la situación de Mitre confirmándolo como encargado del Poder Ejecutivo Nacional. Se convocó a elecciones nacionales y triunfó la fórmula Bartolomé Mitre y Marcos Paz.

Los nuevos mandatarios asumieron en octubre de 1862 y pronto tropezaron con el primer obstáculo.

El problema de la federalización de la provincia y de la residencia de las autoridades nacionales, pudo resolverse transitoriamente a través de la Ley de Compromiso, por la cual los miembros del poder ejecutivo podrían residir en Buenos Aires hasta tanto se fijase la capital definitiva de la república.

En el transcurso del debate de la ley, quedaron claramente manifiestas las dos tendencias del liberalismo porteño; los nacionalistas o mitristas, llamados "cocidos" continuadores de la política de Pavón y los autonomistas, liderados por Adolfo Alsina, llamados "crudos", pretendían conservar los privilegios de Buenos Aires, particularmente las rentas aduaneras.

Estos nuevos partidos representaban en realidad a la misma clase social y tenían como objetivo casi exclusivo la toma del poder para usufructuar el aparato estatal.

En este período se produjo una creciente centralización del poder político donde el uso de la fuerza fue determinante.

El gobierno nacional se fue imponiendo a través de la violencia organizada por sobre otros poderes como los de las provincias, centralizando funciones como la recaudación impositiva, la emisión monetaria, la educación y la represión.

Retrato oficial de Bartolomé Mitre en 1861.

Mitre por Cándido López (1862). Figura del general Mitre de frente
a los 40 años aproximadamente con barba y mirada hacia el ángulo inferior izquierdo.
Viste uniforme de gala de paño azul-negro con entorchados, charreteras y faja celeste y blanca
 terminadas con dos bordas doradas y flecos. Sobre el pecho lleva banda presidencial
 bicolor celeste y blanca de hombro izquierdo a flanco derecho. Su mano izquierda apoya en la cintura
 sobre el mango de su espada, de la que cuelga una borla dorada y la derecha apoya cerrada
en un puño sobre la mesa en la que hay un ejemplar de la Constitución, un bicornio y una escultura.

La verdadera institucionalización de un ejército nacional ocurrió a través de las distintas formas de enfrentamiento asumió ese ejército nacional. El ejército implicó, además, un enorme gasto público que llegó a representar en algunos años más del 50 % del presupuesto.

Mitre encargó a un grupo de juristas encabezados por Dalmacio Velez Sarsfield la redacción del Código Civil y la adaptación del Código de Comercio al ámbito nacional.

Se organizaron la Corte Suprema de Justicia y los tribunales inferiores.

Como elemento de unificación ideológica se crearon los 14 colegios nacionales y sus respectivos profesorados, uno para cada provincia.

Era imposible llevar adelante la política centralizadora sin terminar con el caos fiscal y la anarquía monetaria: en algunas provincias se superponían impuestos y circulaban tres y hasta cuatro monedas diferentes.

La creación de un aparato recaudador nacional fue condición necesaria para financiar las reformas que requería la concreción del programa liberal mitrista.

Mitre con uniforme de generalísimo,
similar a la figura 1 (Roume).
Durante su mandato, Mitre fue urdiendo una política de alianzas con los sectores conservadores del interior buscando subordinar a las provincias a los intereses porteños. Esta política provocó levantamientos armados como el de los montoneros acaudillados por el riojano Ángel Vicente Peñaloza, "El Chacho", en 1863, que culminarán en violentas acciones represivas por parte del ejército nacional.

En 1865, estalló la Guerra del Paraguay (o Guerra de la Triple Alianza) y Mitre fue designado General en Jefe de las Fuerzas Aliadas de Argentina, Uruguay y Brasil.

Mitre había hecho un pronóstico demasiado optimista sobre la guerra: "En 24 horas en los cuarteles, en 15 días en campaña, en tres meses en la Asunción". Pero lo cierto es que la guerra duró casi cinco años. La victoria le costó al país más de 500 millones de pesos y 50.000 muertos. Del millón trescientos mil habitantes que tenía el Paraguay, sólo sobrevivieron 300.000, la mayoría mujeres y niños.

La impopularidad de la Guerra de la Triple Alianza -llamada de la Triple Infamia por Alberdi- sumada a los tradicionales conflictos generados por la hegemonía porteña, provocó levantamientos en Mendoza, San Juan, La Rioja y San Luis. El caudillo catamarqueño Felipe Varela lanzó una proclama llamando a la rebelión diciendo:
"Ser porteño es ser ciudadano exclusivista y ser provinciano es ser mendigo sin patria, sin libertad, sin derechos. Ésta es la política del gobierno de Mitre. Soldados Federales, nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el orden común, la amistad con el Paraguay, y la unión con las demás repúblicas americanas".
A pesar de que contaba con un importante apoyo popular, Varela fue derrotado por las fuerzas nacionales en 1867. Como decía la zamba de Vargas, nada podían hacer las lanzas contra los modernos fusiles de Buenos Aires.

En 1868, culminó su período presidencial y se declaró prescindente en cuanto a apoyar a un candidato a sucesor, dejándole de esta manera el campo libre a Domingo Faustino Sarmiento, quien asumirá ese año la primera magistratura. Mitre, por su parte, fue electo senador por Buenos Aires. En 1869 compró el diario La Nación Argentina, fundado por Juan María Gutiérrez en 1862, y lo convirtió en La Nación, cuyo primer número salió a la calle el 4 de enero de 1870, mientras se libraban los últimos combates de la Guerra del Paraguay, con una tirada de mil ejemplares.

En 1871, como muchos porteños, cayó enfermo de fiebre amarilla. Tras su recuperación el presidente Sarmiento le encomendó una misión diplomática en Brasil para terminar de definir los límites modificados tras la Guerra del Paraguay.

Avellaneda y Mitre juegan la partida de la "conciliación",
observados por el "fantasma" de Adolfo Alsina.

En 1874, se presentó nuevamente como candidato a la presidencia. Ante el triunfo del tucumano Nicolás Avellaneda, denunció fraude y se sublevó contra las autoridades electas pero fue derrotado por las tropas leales, dirigidas por el coronel Julio A. Roca. Fue detenido y trasladado al Cabildo de Luján. Durante sus cuatro meses de prisión escribió el prólogo para su "Historia de San Martín y de la Emancipación Sudamericana".

Tras dedicarse a sus investigaciones y a la labor periodística, en 1890, volvió a la acción. La desastrosa administración de Juárez Celman, con su estela de negociados y corrupción, fomentó la unión de la oposición en un gran frente conocido como la Unión Cívica, bajo la conducción de Bartolomé Mitre y Leandro N. Alem.

El 26 de julio de 1890, la Unión Cívica decidió pasar a la acción. Estalló la "Revolución del Parque". Mitre decidió ausentarse del país, dejándole todo el peso de la conducción del movimiento a Alem, quien, a pesar de contar con cierto a poyo militar, fue derrotado.

Este hecho y las negociaciones posteriores concretadas por Roca y Mitre, que desembocaron en la renuncia de Juárez Celman y la asunción de Carlos Pellegrini, fueron vistas por Alem como una traición a los postulados de la Revolución del ’90. Esto condujo a la ruptura de la Unión Cívica en dos nuevos partidos: la Unión Cívica Nacional, encabezada por Mitre, y la Unión Cívica Radical, encabezada por Alem.

Mitre influyó decisivamente a través de su prestigio político y de su diario en los gobiernos que se sucedieron entre 1890 y 1906, el año de su muerte. Nada se hacía en las filas conservadoras sin consultar a "Don Bartolo", que se reservaba la última palabra.

En 1894, fue electo nuevamente senador nacional y participó activamente en los debates sin dejar de lado la escritura. Publicó por esos años su Estudio bibliográfico-lingüístico de las obras del Padre Luis de Valdivieso sobre el araucano.

En 1901, al cumplir 80 años fue objeto de grandes homenajes y festejos. Pasó sus últimos años dedicado a la dirección de La Nación y a la traducción de La divina comedia de Dante Alighieri. Falleció a los 84 años el 19 de enero de 1906. Una multitud acompañó sus restos hasta la Recoleta.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar


Pieza de colección 1


El generalísimo de los ejércitos aliados durante la guerra del Paraguay, Bartolomé Mitre, montado y con sombrero. 

Excelente figura confeccionada sobre matriz de Roume en escala 80 mm. Se trata de una pieza fuera de la producción standard, de las denominadas "conversiones", piezas especiales que conjugan partes de distintos moldes.






Pieza de colección 2


La figura exhibida fue confeccionada en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/

Presenta a Mitre con uniforme de gala y banda presidencial, apoyado sobre su sable.











Infantería mitrista (batalla de Pavón)


La batalla de Pavón librada en la planicie entre los actuales pueblos de Rueda y Godoy, a 1500 m de la margen sur del arroyo Pavón, provincia de Santa Fe, el día 17 de septiembre de 1861, fue una batalla clave de las guerras civiles que dividieron a la Argentina durante el siglo XIX. Significó el fin de la Confederación Argentina, y la incorporación de la provincia de Buenos Aires en calidad de miembro dominante del país.


Antecedentes


Posturas políticas


Por un lado, los porteños de Buenos Aires pretendían imponer su hegemonía sobre todo el país. Por el otro, los provincianos querían descentralizar la Nación, dando autonomía estatal a las provincias.

Federales y unitarios existían tanto en las provincias interiores como en la provincia y ciudad de Buenos Aires (en ese entonces la provincia de Buenos Aires que incluía a la ciudad de Buenos Aires era la única con salida marítima, o más exactamente: océanica, lo cual le daba una enorme ventaja económica, estratégica y geopolítica sobre las otras provincias hermanas). Es cierto que estaban enfrentados entre sí, pero a la hora de defender lo suyo, se unían para enfrentar a su enemigo (a Buenos Aires o a las provincias según cada caso). El país estaba dividido entre la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires, enfrentados en una guerra civil intermitente. La segunda batalla de Cepeda (Pergamino, 1859) y el pacto de San José de Flores (1860) habían reunido la provincia de Buenos Aires con el resto del país. Al menos, de manera nominal. Pero realmente no había solucionado nada, ya que ambos bandos estaban casi convencidos de que se volverían a enfrentar.


Derqui, presidente de la Confederación; Mitre, gobernador de Buenos Aires


Terminado su período presidencial en 1860, el capitán general Justo José de Urquiza entregó el mando ante el Congreso Nacional de Paraná al abogado cordobés Santiago Derqui.

Ese mismo año, la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires eligió gobernador al brigadier Bartolomé Mitre, comandante en jefe del ejército porteño y el jefe que Urquiza había derrotado en la cañada de Cepeda el año anterior (1859).

Conflictos en el interior


Durante la presidencia del General Urquiza las provincias del interior habían estado en paz, con la excepción de San Juan, en la cual un crimen político sirvió de catalizador para la guerra civil que culminó en Cepeda. Las cosas cambiaron al ascender a la presidencia Santiago Derqui.

Varios caudillos locales, genéricamente unitarios, se habían mantenido en paz con el gobierno central. Pero con el nuevo presidente, se lanzaron públicamente a la oposición: tal el caso de Manuel Taboada (en Santiago del Estero) o de José María del Campo (en Tucumán).

Las corrientes que el gobernador Juan Pujol había mantenido unidas en Corrientes volvieron a enfrentarse a su muerte.

El gobernador cordobés Mariano Fragueiro manejó muy mal sus relaciones con la oposición; y cuando la situación se hizo más violenta, Derqui intervino el gobierno de la provincia (una fuerza de 2000 puntanos al mando de Juan Saá invadió la provincia) y se trasladó a esa ciudad.

La situación más grave se dio nuevamente en la provincia de San Juan, donde el gobernador, el coronel José Antonio Virasoro (un correntino) fue derrocado y asesinado en una rebelión liberal que contó con apoyo de varios políticos porteños. Los liberales nombraron gobernador al abogado Antonino Aberastain. El presidente envió una intervención federal a la provincia, al mando del gobernador de San Luis, coronel Juan Saá, pero el nuevo gobernador, Aberastain la enfrentó militarmente. Fue derrotado y asesinado en Pocito, lo que permitió a los porteños acusar a Derqui de haber provocado el crimen.


Elecciones en Buenos Aires


Para hacer efectiva la unión de la provincia rebelde a la Nación, se efectuó en Buenos Aires la elección de diputados provinciales ante el Congreso Nacional. Pero, tal vez como una forma de provocación, o de desprecio a las leyes nacionales, fueron realizadas de acuerdo con la ley electoral porteña, y no por la ley nacional. Los diputados fueron rechazados en el Congreso, y los senadores se retiraron en solidaridad con aquellos.

Por este y otros motivos, el presidente Santiago Derqui dictó un decreto convocando a nuevas elecciones en Buenos Aires. Pero las autoridades de la provincia se negaron a acatar tal disposición, y declararon caduco el Pacto de San José.

Cuadro de Palliere de fines de 1861 llamado "Partida de la Guardia Nacional hacia Pavón".
Representa un batallón de Guardia Nacional embarcándose en la ciudad de Buenos Aires
hacia San Nicolás para combatir en los campos de Pavón (M. H. N.).


La guerra civil


El Congreso consideró esto como un acto de sedición y Derqui encomendó al capitán general, gobernador entrerriano y ex presidente Urquiza la jefatura de las fuerzas nacionales para volver a la provincia rebelde a la obediencia. El general Urquiza comenzó a concentrar y organizar en Diamante.

Por su parte, el gobernador porteño, brigadier Bartolomé Mitre se ponía al frente del ejército de Buenos Aires que comenzó su concentración en Rojas en junio de 1861.

Varios intentos de mediación, tanto de mediadores individuales, como la ofrecida por varias naciones extranjeras, fracasaron ante la intransigencia de Mitre y de Derqui. Urquiza, en cambio, intentó hasta el último momento conservar la paz y se negó sistemáticamente a tomar la iniciativa contra el ejército porteño, tal como se lo aconsejaban sus coroneles Ricardo López Jordán y Prudencio Arnold.

El presidente Derqui organizó un ejército en Córdoba, reuniendo un heterogéneo grupo de unidades de infantería cordobesa y de caballería puntana, comandadas por los coroneles mayores José María Francia y Juan Saá, respectivamente. Sin embargo, la movilización fue lenta y escasa. Si Santa Fe podía movilizar 6.000 milicianos a la vez, apenas se presentaron 2.000 al mando de López Jordán; inicialmente sólo 3.000 entrerrianos respondieron al llamado de Derqui, y Saá aportó con 1.500 puntanos, pero muchos de ellos descontentos con su gobernador.

Las fuerzas de Derqui eran alrededor de 8.000 hombres (aunque otros rebajan la cifra a la mitad). Pero durante la marcha el descontento cordobés contra Derqui y la influencia de los liberales en los oficiales de dicha provincia se hicieron notar, como mucho 2.000 de ellos desertaron. A estas fuerzas, llegadas al sur de la provincia de Santa Fe, se sumó la de Urquiza, de entrerrianos y correntinos, las de la provincia de Santa Fe (alrededor de 2.000 hombres de la guarnición de Rosario) y los emigrados porteños; la gran mayoría de estas fuerzas eran de caballería con unas pequeñas unidades de infantería.

En total, el ejército confederal estaba formado por 17.000 hombres, de los cuales 8.000 fueron aportados por las provincias del centro y 9.000 por Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe.

El ejército mitrista estaba compuesto por 22.000 hombres y 35 piezas de artillería, contando además con una importante superioridad numérica, de armamento y de adiestramiento en infantería y artillería.

Derqui avanzó hasta Rosario, donde dejó el mando en manos de Urquiza. Mitre, por su parte, avanzó casi directamente hasta el norte de su provincia e invadió Santa Fe.

La batalla


Ambas fuerzas chocaron en las orillas del arroyo Pavón (40 km al sur de Rosario, en la provincia de Santa Fe, a 260 km al noroeste de la ciudad de Buenos Aires). Urquiza dispuso sus tropas en una posición defensiva, formando una línea extendida al este y al oeste de la estancia de Domingo Palacios (actual estancia Los Naranjos). En las alas quedó formada la caballería.

Al llegar a 800 metros de la estancia, Mitre desplegó su infantería, preparándose para el asalto al centro adversario. Sin embargo fue la artillería confederal la que dio inicio al combate, abriendo grandes brechas en las filas de infantes porteños, blancos fáciles debido a sus vistosos y coloridos uniformes.

El irregular combate duró apenas dos horas, durante las cuales el ala izquierda confederal bajo el mando del coronel mayor Juan Saá, compuesta en gran parte por las divisiones santafesinas y porteñas de Ricardo López Jordán, derrotó completamente a la caballería del Primer Cuerpo del ejército porteño, comandada por el general y expresidente uruguayo Venancio Flores, persiguiéndola hasta más allá del Arroyo del Medio (curso de agua que marca el límite entre Buenos Aires y Santa Fe). La caballería del Segundo Cuerpo porteño, bajo el mando del experimentado general Manuel Hornos, ofreció mayor resistencia; aunque finalmente debió retirarse, dejando en poder de sus adversarios todo el parque y numerosos prisioneros. También el ala derecha, al mando del general Miguel Galarza arrolló a la poco numerosa caballería del ala izquierda de Buenos Aires.

En cambio, el centro del ejército de la Confederación, compuesto por milicianos del interior con escaso entrenamiento militar, fue superado y obligado a retroceder por los aguerridos y bien pertrechados batallones de infantería porteños.

Al ver la dispersión del centro, Urquiza abandonó el campo de batalla sin comprometer seriamente los 4.000 hombres de las divisiones entrerrianas que hasta ese momento había mantenido en reserva, y marchó a Rosario, siguiendo luego hacia San Lorenzo y Las Barrancas. En este punto recibió información de la victoria de su caballería, pero ya no regresó.

Escena histórica (Ignacio Manzoni, 1861) que representa el campo de batalla cerca del arroyo Pavón.
Sobresale la figura de Bartolomé Mitre uniformado, montado en un caballo blanco, espada en mano,
dando órdenes a la tropa. En el ángulo superior derecho se ve el casco de la estancia de Domingo Palacios,
con una pequeña torre (mirador). Pieza perteneciente al Museo Mitre.

Si bien se han intentado varias explicaciones para esta retirada, ninguna es satisfactoria. Las más difundidas son las que la atribuyen a una enfermedad renal de Urquiza, y la que sostiene que éste desconfiaba del presidente Derqui y temía una traición. Otra posible causa de la retirada de Urquiza hace referencia a un pacto subyacente promulgado por la masonería argentina, involucrando a Urquiza, Mitre, Derqui, Sarmiento, a quienes se encomendó bajo juramento poner todo lo que estuviera a su alcance para apaciguar la guerra civil.

La insólita decisión de Urquiza dejó el campo abierto al ejército porteño, que se había retirado hacia San Nicolás de los Arroyos. Mitre decidió entonces consolidar su posición para marchar luego sobre Santa Fe. El 4 de octubre inició su avance sobre Rosario con 13.000 hombres y 42 piezas de artillería, ciudad que ocupó una semana después.


Fecha18 de septiembre de 1861
LugarCerca de la estancia de Domingo Palacios, a 1500 m de la orilla sur del arroyo Pavón, entre los actuales pueblos de Rueda y Godoy, sur de la provincia de Santa Fe,  Argentina
Coordenadas33°15′00″S 60°23′00″OCoordenadas33°15′00″S 60°23′00″O (mapa)
ResultadoVictoria decisiva del Estado de Buenos Aires
Beligerantes
 Estado de Buenos Aires Confederación Argentina
Comandantes
Bartolomé MitreJusto José de Urquiza
Fuerzas en combate
Total: 15 000 -16 000
(probablemente 15 400)
35 cañones
  • 9000 infantes
  • 6000 jinetes
  • 1000 artilleros
Total: 16 000 -18 000
(probablemente 17 000)
42 cañones
  • 5000 infantes
  • 11 000 jinetes
  • 2000 artilleros
Bajas
64 oficiales y 162 soldados muertos
500 heridos
1200-1300 muertos y heridos
1650 -1800 prisioneros
32-37 cañones,  banderas, 3000 fusiles, 5000 caballos y todo el parque capturados

Consecuencias


Las batallas de Cepeda, de Caseros y la de Pavón fueron posiblemente los tres enfrentamientos armados más trascendentales de la historia argentina, tanto por las consecuencias institucionales que acarrearon, como por la realineación de casi todos los actores políticos después de cada una de ellas.

Al ver la inacción de Urquiza, Mitre reunió sus tropas. Mientras tanto, parte de la caballería federal avanzó hasta Pergamino, ocupando el pueblo. Sólo cuando una reacción de la caballería porteña obligó a los federales a regresar a Santa Fe, Mitre inició el avance hacia esa provincia. Habían pasado varias semanas desde la batalla.

En los meses siguientes, el avance de los porteños y sus aliados fue imparable; y el único ejército federal que podrían haberles opuesto resistencia, el de Urquiza, fue prácticamente desmantelado por orden de éste.

Al ver que el país era invadido, Derqui renunció y se refugió en Montevideo; pocas semanas más tarde, el vicepresidente Pedernera declaraba caduco el gobierno nacional.

A partir de ese momento, Mitre proyectó su influencia sobre todo el país: todos los gobernadores federales ―con la notable excepción de Urquiza― fueron derrocados en las semanas finales del año y en las primeras de 1862. Algunos lo fueron por los unitarios locales, contando con la cercanía de las fuerzas porteñas, y otros lo fueron directamente por el ejército porteño que invadió esas provincias. Los que lograron evadir esa suerte se unieron a los otros en aceptar que el Gobierno Nacional había caducado y encargaron su reorganización al gobernador porteño, Mitre.

Meses después, Mitre fue elegido presidente de la Nación por medio de elecciones organizadas por los nuevos gobiernos; tanto en la elección de éstos, como en la de aquél, los candidatos federales estaban proscriptos. Junto a Mitre se hizo sentir el fuerte núcleo porteñista que constituía su base política, copando los ministerios y buena parte de las bancas del Congreso.

La capital del país, que había estado radicada en Paraná, fue trasladada a Buenos Aires. Pero el gobierno nacional debió aceptar quedar como huésped del gobierno porteño. Esta ubicación de la capital permitió a los porteños defender muy efectivamente sus intereses.

En los años siguientes, la Argentina mantuvo una organización nominalmente federal, pero la preponderancia real de Buenos Aires se mantuvo inquebrantable. Al menos, hasta que logró configurar al país a imagen y semejanza de sus propios intereses. Lentamente llegaría a reorganizarse como un estado más o menos federal, de ideología liberal y economía librecambista.


Piezas de colección


Dos infantes y un abanderado de las fuerzas mitristas en la batalla de Pavón, confeccionados en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain:  http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/















Guerra del Paraguay o de la Triple Alianza


Entre los años 1864 y 1870 se desarrolló el conflicto más sangriento que viera América Latina: la Guerra del Paraguay o de la Triple Alianza, que enfrentó a los ejércitos del Paraguay, gobernado por el dictador Francisco Solano López contra una coalición formada por Argentina, Brasil y Uruguay. Entre los proyectos de Solano López estaba también obtener una segura salida al mar, necesaria para su expansión económica. El Paraguay militarmente fuerte, industrializado y expansivo constituía un peligro tanto para el Imperio de Brasil como para la Argentina. Esta puja por el dominio geopolítico de la cuenca del Plata, concluyó con la total derrota del Paraguay, que sufrió la casi total aniquilación de su población masculina adulta.

El 12 de Noviembre de 1864 en Asunción, Paraguay, comienza la guerra de la Triple Alianza, cuando el presidente Francisco Solano López ordena la captura del buque brasileño “Marqués de Olinda”.

Esta acción desencadena el inicio de la guerra que durante 6 años enfrento a una coalición conformada por Brasil, Argentina y Uruguay, frente a Paraguay.

La invasión paraguaya del Mato Grosso brasileño y la provincia argentina de Corrientes intensificó la guerra que fue trasladada al propio territorio paraguayo, pocos meses más tarde. Tras la derrota de Curupayti, los argentinos y uruguayos cedieron protagonismo a los brasileros que finalizarían la guerra luego de producir un genocidio de hombres y mujeres paraguayas que se cobró la vida de 300.000 personas y puso fin a la vida de Solano López.

Este post está dedicado a la memoria de todos los soldados (especialmente los argentinos) que ofrendaron su vida en esta trágica guerra que asoló a cuatro países hermanos. El paso del tiempo ha enterrado esas duras épocas y dio paso a la integración y el desarrollo en armonía de estas cuatro naciones, que de hecho, conviven en una gran alianza económica como el Mercosur. 

Pese a que estos tristes hechos pertenecen a la historia pasada del Siglo XIX y aún habiendo transcurrido casi 150 años de aquella guerra –la más sangrienta y larga que azotó a Sudamérica– aún existen controversias históricas que encienden apasionadas discusiones. 

La población de nuestro país sufrió no solo la sangre y la locura en los campos de batalla, sino penurias económicas, sanitarias y morales en esos años, sin distinción de partidos, ni de provincias, más allá de los culpables directos o indirectos de la guerra, o si eran o no afines a las personas que ejercían el poder.

Esta guerra impopular y fratricida, que arrasó al Paraguay, dejó más de 25.000 muertos argentinos y alrededor de 100.000 tullidos, al igual que un costo de 9.000.000 de libras esterlinas.

Soldado Antonio Rojas, guerrero del Paraguay, c.1884
(AGN - Documento Fotográfico, inventario 110508)

En los últimos años pudimos observar como por resultado de enfrentamientos ideológicos actuales, o de revisionismos históricos muy superficiales, queda como un capítulo totalmente vergonzoso la participación argentina en dicha contienda, que más allá de su certeza, no puede de ninguna manera empañar el sacrificio patriótico de miles de argentinos. No se puede perder de vista el patriotismo fuera de toda discusión de nuestros soldados, como así también de los paraguayos, brasileños y uruguayos, mas allá de las causas de la guerra… ¿Existen realmente las guerras justas?

El enfrentamiento de la administración de Cristina Fernández de Kirchner con el diario fundado por Bartolomé Mitre (La Nación), por más razón que se pueda llegar a tener o la controversia histórica de dicho personaje, no puede dar lugar a un homenaje de un Presidente (Mariscal Francisco Solano López) que ordena la invasión del territorio nacional.

Recordemos que hace unos años la Presidente Cristina Kirchner bautizó al Grupo de Artillería Blindada 2, de Rosario Tala, Entre Ríos, con el nombre del dictador paraguayo que invadió la provincia de Corrientes: Francisco Solano López. Para mi punto de vista, un insulto a los argentinos llamados por el Estado en ese momento a defender a la Patria y a los miles que murieron en la contienda.

Desde un punto de vista geopolítico, podemos afirmar que la Guerra de la Triple Alianza aseguró la frontera noreste del país, confirmando sus derechos sobre los territorios del “Chaco” hasta el río Pilcomayo y las Misiones, pretendidos por el Paraguay.

Mapa de Paraguay incluyendo las provincias de Corrientes y Misiones.

"Mapa de Paraguay hasta 1870", el sueño imperial de Solano López.

El "Mapa del Paraguay hasta 1870" nos muestra una ficción política, que otorga al Paraguay enormes extensiones de territorios que no controlaba realmente, como la totalidad del "gran Chaco" (en manos de pueblos originarios), y las provincias argentinas de Corrientes y Misiones, llegando hasta el norte de Santa Fe, junto con las ciudades de Salta y San Salvador de Jujuy, lo que demuestra que la guerra entre Argentina y Paraguay era inevitable. La Argentina moderna y el Paraguay expansionista de Solano López eran, lisa y llanamente, incompatibles.

Proyecto de limitación territorial de las provincias y la
República Argentina y demarcación de territorrios nacionales 
presentado al Congreso por el senador Nicasio Oroño. 
AGN, Mapoteca II-8. Puede observarse la pretensión argentina
de los territorios del Gran Chaco hasta el paralelo 22.

El territorio del "Gran Chaco", disputado entre Argentina, Paraguay y Bolivia.
En el siglo XX se generaría una guerra entre Paraguay y Bolivia.

Aclarado mi punto de vista, volvemos recordar que este blog se enfoca en el coleccionismo de miniaturas militares y en la historia militar argentina, dejando de lado debates políticos, "revisionismos" históricos, etc. Para esas discusiones hay otros lugares.

El Ejército Argentino en 1865


Apaciguado el territorio nacional desde 1863, el Ejército Argentino, nuevamente pasaba a sus asientos de paz, es decir a guarniciones de las unidades de línea, en algunas ciudades principales y mayormente sobre las fronteras contra el indio. Cabe acotar que el sistema militar argentino constaba de un pequeño ejército regular del cual estamos hablando y, en caso de conflicto armado, este se veía reforzado por las milicias provinciales o Guardias Nacionales, como se los empezó a denominar después de 1852.

Los efectivos regulares de este Ejército eran en ese entonces, aproximadamente unos 6500 hombres dispersos a lo largo y a lo ancho del país. Constaba de los batallones de Infantería de línea, los denominados regimientos de Caballería y una sola unidad del arma de Artillería. 

Los efectivos eran muy variables según la zona de asiento de c/u de las unidades y por lo general, todas estaban pobremente equipadas ya sea de armamentos y de vestuarios, miserias que se acentuaban en la sanidad y la alimentación, producto de partidas presupuestarias miserables o a veces, inexistentes. 

El Ejército se estructuraba, dependiente del Ministerio de Guerra, situado obviamente en Buenos Aires, con una Comandancia General. Esta a su vez tenía otras seis Comandancias en Jefe : 
  • Frontera Norte (Rojas, Prov. Buenos Aires)
  • Frontera Oeste (9 de Julio, Prov. Buenos Aires)
  • Frontera Sur (Tapalqué, Prov. Buenos Aires)
  • Frontera Costa Sur (Tres Arroyos, Prov. de Buenos Aires)
  • Frontera Norte de Santa Fé (Cayastacito, Prov. de Santa Fé)
  • Frontera San Luis-Mendoza (ciudad de Mendoza)
De menor rango, existían Comandancias militares sueltas en: isla Martín García, Bahía Blanca, Fuerte Patagones, San Nicolás, Frontera Norte de Salta y Frontera de Santiago del Estero sobre el Chaco.


Unos 3000 hombres formaban las unidades de Infantería: (Batallones)
  • 1° de Infantería en 9 de Julio.
  • 2° de Infantería en Buenos Aires.
  • 3° de Infantería en Tapalqué.
  • 4° de Infantería en Junín.
  • 5° de Infantería en La Rioja.
  • 6° de Infantería en Diamante (Mendoza).
  • Legión Militar en Buenos Aires.
  • Legión de Voluntarios en Tapalqué.
  • Once compañías sueltas distribuídas a lo largo de toda la línea de fortines en el Desierto y sobre el Chaco.
La Caballería tenía unos 2850 efectivos, aproximadamente: (Regimientos)
  • 1° de Caballería en Diamante (Mendoza).
  • 2° de Caballería en Las Tunas (Córdoba).
  • 3° de Caballería en Junín.
  • 4° de Caballería en Villa Mercedes.
  • 5° de Caballería en 9 de Julio.
  • 6° de Caballería en Cayastacito (Santa Fé)
  • 7° de Caballería en San Bernardo-Río Cuarto.
  • 8° de Caballería en Morteros.
  • Dragones de Buenos Aires en Tres Arroyos.
  • Compañías y escuadrones sueltos en la línea de fortines en el Desierto y sobre el Chaco.
Los efectivos de la Artillería eran casi de 600 hombres :
  • Regimiento de Artillería Ligera en Buenos Aires.
  • Cinco compañías sueltas; una en la isla Martín García y cuatro en la línea de fortines en el Desierto.
El Ejército de aquel tiempo, carecía de unidades de Apoyo al combate tales como Ingenieros o zapadores, Sanidad militar, Comunicaciones o Abastecimientos. Estas unidades se formaban “ad hoc” cuando algún Jefe las implementaba en algún conflicto, debido a su imperiosa necesidad, si se quería hacer una campaña exitosa.








Infante argentino "Pata blanca" 

(Triple Alianza)


Historia


La mayoría de los batallones de infantería de línea argentinos que participaron en este conflicto utilizaban el siguiente uniforme: quepi colorado con vivos verdes, bombacha de paño colorada, chaquetilla azul con vueltas coloradas, charreteras de lanilla verde, pantorrilleras de cuero amarillo, polainas blancas y zapatos negros, correaje blanco, mochila con capa enrollada en la misma cartuchera.

La polaina blanca les hizo merecer el apelativo de “patas blancas”.

"Pata Blanca", témpera de E. Marenco.
Infantería de Línea (1865-1870), por E. Marenco.

En verano también se utilizaba un uniforme de brin color blanco o crema.

Dibujo de José Balaguer

El fusil en uso en ese tiempo era el de pistón con alza de corredera, graduada hasta 800 metros con su correspondiente bayoneta.


Pieza de colección 1


La figura en exhibición fue confeccionada en plomo sobre matriz de Roume en escala 80 mm. Representa la imagen típica del infante argentino en la Guerra del Paraguay, con su equipo completo, fusil y machete.




Pieza de colección 2


Pata blanca confeccionado en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain:  http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/
















Infantería con uniforme de verano 

(Triple Alianza)


Historia


Dentro de los Batallones de Línea del Ejército Argentino existían compañías de Cazadores, que operaban con mayor libertad táctica y se caracterizaban por el uso de un fusil más corto.

Por ejemplo, el Batallón 1º de Línea que se encontraba en 9 de Julio (Provincia de Buenos Aires) cumpliendo con la misión de proteger su sector, fue llamado a Buenos Aires. La lista de revista del batallón y su organización al momento de la declaración de la guerra era la siguiente :
  • Plana Mayor: teniente coronel Jefe Manuel Roseti, sargento mayor Benjamín Basavilbaso, ayudante mayor 1º Fortunato Benavente, ayudante mayor 2º Carlos Smith, subteniente de bandera Carlos Oromi.
  • 1ª Compañía: capitán Fernando Echegaray, teniente 1º Vacante, teniente 2º Guillermo Schindler, subteniente Carlos Blanco.
  • 2ª Compañía: capitán Ruperto Fuentes, teniente 2º Alejandro Aguirre, subteniente Eduardo Torres, subteniente Roque Morales Lezica.
  • 3ª Compañía: capitán Otonel Peña, teniente 1º Crisólogo Rodríguez, teniente 2º Miguel Bereciarto, subteniente Felipe Durán.
  • Compañía de Cazadores: capitán Pedro Retolaza, teniente 1º Enrique López Parejo, teniente 2º Angel Echeverría, subteniente Carlos Santos.

Batallón 1º de Línea (Patricios).


El uniforme de las Compañías de Cazadores era similar al de los Batallones de Infantería, aunque en verano también se utilizaba un uniforme de brin blanco o crema.




Pieza de colección 1


Cazador del ejército Argentino con uniforme claro de verano, confeccionado en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/





 

Pieza de colección 2


Cazador del ejército Argentino con uniforme claro de verano, confeccionado en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Juan Manuel Valea: https://www.facebook.com/profile.php?id=100009266732447
















Zapador (1865)


Historia


El Ejército de aquel tiempo, carecía de unidades de Apoyo al combate tales como Ingenieros o zapadores, Sanidad militar, Comunicaciones o Abastecimientos. Estas unidades se formaban “ad hoc” cuando algún Jefe las implementaba en algún conflicto, debido a su imperiosa necesidad, si se quería hacer una campaña exitosa.
Zapador (Eleodoro Marenco).

Zapador (José Balaguer).

 

Pieza de colección

Zapador del ejército Argentino durante la Guerra del Paraguay, confeccionado en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/













Regimiento Nº 3 de Caballería de Línea

(Triple Alianza)



Historia


Esta unidad de caballería, creada ante la inminente guerra con el Imperio del Brasil, es conocida, por su mítica participación en la Campaña del Desierto, como “el 3 de fierro”.


El Regimiento 3 de Caballería de Línea formó parte del Ejército Aliado de la República Argentina, República Oriental del Uruguay e Imperio del Brasil, en guerra con el Paraguay, incorporándose en octubre de 1865 al IIdo Cuerpo del Ejército Argentino que comandaba el General Don Emilio Mitre, en el campamento de Concordia, pasando a ocupar luego los asientos de Villanueva (noviembre), La Ensenada (febrero 1866), Arroyo San Juan (mayo), Tuyutí (julio), Ytapirú (agosto), Costas del Paraná (noviembre), Ytapirú (enero de 1867), Paso de la Patria (febrero), Tuyu Cué (agosto), Paso Canoa (febrero de 1868), Paso Pucú (abril) y Curuzú Cuatiá (noviembre).

Integró también las tropas aliadas que llevaron a cabo la Campaña de Humaitá, Tuyutí, Campamento del Tuyutí, Curupaytí, Lomas Valentinas y en marzo de 1868, en el avance y ocupación del Paraguay.
En diciembre, terminada esa campaña, comenzó la desconcentración y a principios del año siguiente regresó a Buenos Aires, siendo destinado a guarnecer en la Frontera del Norte, con asiento en Junín, donde permaneció hasta marzo de 1869.

Durante ese año guarneció sucesivamente en Médano de Hacha (marzo), Cabeza de Vaca (abril), Ancalú Grande (noviembre), Fuerte General San Martín (diciembre), y Fuerte General Lavalle (enero de 1870).

Corneta de órdenes de Caballería de Línea (1865).
De: "Uniformes de la Patria" (E. Marenco).

Pieza de colección


La figura, de origen desconocido, está confeccionada en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm). Es un soldado trompeta del Regimiento Nº 3 de Caballería de Línea.
















Regimiento de Caballería "San Martín"

(Triple Alianza)

 

Historia


Este Regimiento de Caballería formó parte del importante esfuerzo realizado por la provincia de Buenos Aires durante la Guerra de la Triple Alianza.

La Guardia Nacional de Buenos Aires, formó y envió a la guerra, junto a los cuerpos de infantería, dos Regimientos de Caballería. Con aguerridos milicianos provenientes del centro-sur de la Provincia, se formó primeramente el Regimiento de Caballería “Gral. San Martín”, fuerte de poco más de 600 hombres y un plantel de 60 oficiales. Su Comandante fue el Coronel Esteban García, veterano de las guerras civiles argentinas.

En Junio de 1865, las tropas fueron embarcadas hacia la concentración argentina en Concordia.

Un mes después partía el Regimiento de Caballería “General Lavalle”, compuesto por dos escuadrones (igual que el “San Martín”), pero de menor tamaño. Era un Regimiento de poco más de 400 hombres.
El Regimiento de Caballería "San Martín" participó en numerosas batallas, encontrándose, entre otras, en las siguientes acciones de guerra: batalla de Yatay; toma de Uruguayana; acción del Paso de la Patria y toma de Itapirú; Estero Bellaco del Sud; Tuyutí; Yataytí-Corá; Boquerón; Sauce, Humaitá, Azcurra y a la demostración hecha por San Solano por la caballería aliada, en la retaguardia paraguaya, el 22 de setiembre de 1866.

Pieza de colección


La figura exhibida es un portaestandarte del Regimiento de Caballería "San Martín" durante la guerra de la Triple Alianza, confeccionado en aleación metálica y en escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/














Guardia Nacional (Triple Alianza)


Eran duros y bastantes
Los años que allá pasaron; 
Con lo que ellos me enseñaron
Formaba mi capital
Cuando vine, me enrolaron
En la Guardia Nacional.
("La Vuelta de Martín Fierro", 
versos 3091-3096).

Historia


Desde el período colonial, los cuerpos del Ejército regular y las milicias se abocaron a la defensa de la frontera. Los primeros reclutaron sus efectivos con voluntarios, destinados y contingentes que hacían de la vida militar una ocupación. Las segundas nutrieron sus filas con civiles que integraron las fuerzas auxiliares por determinados períodos.

La Guardia Nacional se creó en la provincia de Buenos Aires el 8 de marzo de 1852, a poco más de un mes de la caída de Juan Manuel de Rosas. La derrota del “Restaurador” en “Caseros” dejó a la provincia con un Ejecutivo débil, bajo la tutela de Justo José de Urquiza, que buscaba imponer su proyecto de país a Buenos Aires. El gobernador interino, Vicente López y Planes, decretó su creación ante "la necesidad urgente de dar para el porvenir una custodia fiel y firme al tesoro precioso de las Leyes", así como "un apoyo fuerte á la autoridad legítimamente constituida" (Decreto del gobierno de Buenos Aires, 8/3/1852. ROPBA, p. 39). Pocos días después, el 17 de marzo, se decretó la disolución de todos los regimientos de milicias de la ciudad y la campaña, a la vez que se ordenó a los ciudadanos que los integraban presentarse al alistamiento para organizar la Guardia Nacional (Registro Oficial del Gobierno de Buenos Aires, 1852. La Confederación Argentina, por su parte, decretó su creación recién el 28 de abril de 1854).

Organización de la Guardia Nacional de campaña en regimientos (1854).

Al igual que sucedía en los espacios de frontera de otras provincias argentinas, la principal función de la Guardia Nacional de campaña era evitar los malones en los poblados y los establecimientos rurales y procurar el avance de la frontera. Con esos objetivos, los habitantes rurales inscriptos en los regimientos fueron reclutados para guarnecer los fuertes y fortines que constituyeron la "línea de frontera", pese a las importantes críticas y debates que esta práctica generó en las cámaras legislativas a nivel nacional y provincial. 

Tuve en mi pago en un tiempo                                        Tal vez por ese consejo,
     Hijos, hacienda y mujer,                                          Y sin que más causa hubiera,
   Pero empecé a padecer,                                               Ni que otro motivo diera,
Me echaron a la frontera                                             Me agarraron redepente
¡Y qué iba a hallar al volver!                                      Y en el primer contingente
Tan sólo hallé la tapera.                                             Me echaron a la frontera.

("El Gaucho Martín Fierro",                                        ("La Vuelta de Martín Fierro",
versos 289-294).                                                          versos 2891-2896).

La disolución de las milicias en todo el territorio provincia, impactó de forma diferente en la ciudad y en la campaña. La Guardia Nacional de la capital tuvo un rol central en el sostén del gobierno provincial en su disputa con Urquiza. Brindó su apoyo a la revolución del 11 de septiembre de 1852 y, luego, fue reorganizada por su nuevo jefe, el coronel Bartolomé Mitre, que desempeñó una tarea decisiva en su consolidación. Sobre la base del número de sus fuerzas, su disciplina y su organización, la Guardia Nacional desempeñó un papel destacado en la defensa de la ciudad ante el sitio impuesto por las fuerzas de Hilario Lagos, sobre todo en los primeros instantes cuando, bajo el mando de Mitre, consiguió recuperar la plaza y los cuarteles de Retiro y dar inicio a la resistencia porteña.
"Al entrar en la plaza de la Victoria nuestro batallón, el pueblo nos rodeó, obsequiándonos con naranjas, masas y licores en medio de una gritería incesante vivando a la Guardia Nacional". (Nuñez, Julio: "La Guardia Nacional de Buenos Aires", Ed. Imprenta y Librería de Mayo, Bs. As. 1892, pág. 42).
Organización de la Guardia Nacional de campaña en regimientos (1857).

Por su parte, en la campaña el proceso de organización de la Guardia Nacional fue más lento. La disolución de las milicias produjo un cambio sustantivo en la estructura defensiva de la frontera. Si bien la normativa buscaba reemplazar un cuerpo miliciano por otro, el tiempo que medió entre el licenciamiento de las antiguas milicias y la definitiva organización de la Guardia Nacional dejó a los partidos de la campaña –sobre todo a los de frontera– en una situación de seria indefensión, debido a que los cuerpos de civiles armados habían sido la fuerza principal que se ocupó de la seguridad de la campaña en la etapa anterior.

Aquí podemos ubicar la Guardia Nacional de Buenos Aires entre 1852 y 1862, década en la cual se mantuvo escindida de las restantes provincias rioplatenses como Estado independiente. Con la unificación nacional, la Guardia Nacional fue considerada por los gobernantes como una institución miliciana al servicio de la Nación, que debía defender la constitución, las leyes y la integridad territorial.

La Guardia Nacional se organizó en tres armas: infantería, caballería y artillería. La primera tuvo un rol relevante en las ciudades, pueblos y enfrentamientos armados; la segunda desarrolló un papel clave en la cam­paña y los espacios de frontera; y la tercera fue organizada en la ciudad de Buenos Aires. Todos los argentinos entre 18 y 60 años de edad estaban obligados a inscribirse en los padrones de la institución. Aquellos que tuvieran entre 18 y 45 años 50 inclusive en el caso de los solteros lo harían en la milicia activa mientras los que superaran los 45 50 en el caso de los solteros y llegaran hasta los 60 años debían revistar en la milicia pasiva.

Al ser una fuerza de reserva del Ejército de Línea, los guardias nacionales en servicio activo eran convocados para suplir la insuficiencia de aquel en lo concerniente a la defensa y seguridad del territorio. Se diferenciaban del servicio permanente que desarrollaban los soldados de línea aunque, como veremos, poco diferían sus condiciones materiales. Por su parte, los enrolados en el servicio pasivo sólo serían llamados cuando peligrara la seguridad del Estado por invasión o rebelión. Una vez movilizados, los milicianos en servicio como las tropas regulares gozarían del mismo sueldo y serían obligados al cumplimiento del Código Militar, al tiempo que serían provistos de las raciones necesarias para su subsistencia. La duración del servicio era de tres meses hasta que un Acuerdo del 31 de mayo de 1862 lo extendió a seis meses, transcurrido ese período el guardia nacional debía regresar a su hogar.

El exceso de tiempo en el servicio constituyó una carga pesada para los guardias nacionales y aunque se dispuso que su duración no superara los seis meses al cabo de los cuales nuevos contingentes deberían ser enviados a la frontera para relevar a los existentes ésto no siempre se respetó.

Al mandarnos nos hicieron                                  De los pobres que allí había
Más promesas que a un altar.                                       A ninguno lo largaron;
El juez nos jué a proclamar                                    Los mas viejos rezongaron,
Y nos dijo muchas veces:                                            Pero a uno que se quejó
"Muchachos, a los seis meses                                    En seguida lo estaquiaron
Los van a ir a revelar".                                                       Y la cosa se acabó.

("El Gaucho Martín Fierro",                                   ("El Gaucho Martín Fierro", 
versos 355-360).                                                         versos 385-390).

Durante el servicio activo, los guardias nacionales gozaban de la misma retribución que los soldados de línea y, al igual que éstos, sufrían la constante falta y atraso en la paga.

Del sueldo nada les cuento,
Porque andaba disparando;
Nosotros de cuando en cuando
Solíamos ladrar de pobres:
Nunca llegaban los cobres
Que se estaban aguardando.

("El Gaucho Martín Fierro", 
versos 625-630).

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Martín Fierro: "La paga", por Carlos Roume.

Yo me arrecosté a un horcón                                –"Qué mañana ni otro día",
Dando tiempo a que pagaran,                                        Al punto me contestó,
Y poniendo güena cara                                                  "La paga ya se acabó,
Estuve haciéndome el poyo,                                 Siempre has de ser animal".
A esperar que me llamaran                                           Me rai y le dije: "Yo...
Para recibir mi bollo.                                             No he recibido ni un rial".

Pero ay me pude quedar                                             Se le pusieron los ojos
Pegao pa siempre al horcón;                                      Que se le querían salir,
Ya era casi la oración                                          Y ahi no más volvió a decir
Y ninguno me llamaba;                                           Comiéndome con la vista:
La cosa se ñublaba                                                    –"¿Y qué querés recibir
Y me dentró comezón.                                       Si no has dentrao en la lista?"

Pa sacarme el entripao                                             –"Esto sí que es amolar
Vi al Mayor y lo fí a hablar.                                     Dije yo pa mis adentros,
Yo me le empecé a atracar                          "Van dos años que me encuentro
Y, como con poca gana,                            Y hasta aura he visto ni un grullo;
Le dije: "Tal vez mañana                                  Dentro en todos los barullos,
Acabarán de pagar".                                         Pero en las listas no dentro".

("El Gaucho Martín Fierro", versos 727-762).

La arbitrariedad y los abusos cometidos con los habitantes de la campaña en el reclutamiento constituyeron otro problema de consideración. A inicios de la década de 1870, el ministro de Guerra y Marina de la Nación no dudaba en recordárselo al gobernador de Buenos Aires y le solicitaba "la adopción de un medio que ponga toda la Guardia Nacional de la República a cubierto de los abusos y violencias que trae consigo el envío de contingentes", con el fin de darle al poblador rural "hogar que no tiene y garantías individuales de que desgraciadamente carece". Concluía expresando la necesidad de "libertar al paisano de nuestras campañas del servicio de frontera, que á tantos abusos se presta y que no descansa sobre ningún principio de justicia".

Y al punto dese por muerto                                   O por causa del servicio
Si el alcalde lo bolea,                                         Que tanta gente destierra,
Pues ahi nomás se le apea                                  O por causa de la guerra,
Con una felpa de palos.                                  Que es causa bastante seria,
Y después dicen que es malo                                   Los hijos de la miseria
El gaucho si los pelea.                                       Son muchos en esta tierra.
Y el lomo le hinchan a golpes,                     ("La Vuelta de Martín Fierro", 
Y le rompen la cabeza,                                                   versos 2953-2958).
Y luego con ligereza,                                                                                     
Ansí lastimao y todo,                                                                                    
lo amarran codo con codo                                                                           
Y pa el cepo lo enderiezan.                                                                           
Ahi comienzan sus desgracias,                                                                  
Ahi principia el pericón;                                                                            
Porque ya no hay salvación,                                                                       
Y que usté quiera o no quiera,                                                                     
Lo mandan a la frontera                                                                            
O lo echan a un batallón                                                                            

("El Gaucho Martín Fierro",                                                                      
versos 265-282).                                                                       


Cuando se citaba la Guardia Nacional activa en muchas ocasiones los vecinos de los partidos procuraron evadir esa obligación, como consecuencia las autoridades debieron poner en práctica otros mecanismos más coercitivos para conformar los contingentes.

Cantando estaba una vez                                          Hasta un inglés sanjiador
En una gran diversión;                                       Que decía en la última guerra
Y aprovechó la ocasión                                           Que él era de Inca-la-perra
Como quiso el juez de Paz.                                             Y que no quería servir,
Se presentó, y ahi no más                                                Tuvo también que juír
Hizo una arriada en montón.                                     A guarecerse en la sierra.
Juyeron los más matreros                                           Ni los mirones salvaron
Y lograron escapar.                                                De esa arriada de mi flor;
Yo no quise disparar,                                                   Jué acoyarao el cantor
Soy manso y no había por qué;                               Con el gringo de la mona;
Muy tranquilo me quedé                                                 A uno solo, por favor,
Y ansí me dejé agarrar.                                              Logró salvar la patrona.
Allí un gringo con una órgano                                  Formaron un contingente
Y una mona que bailaba                                  Con los que en el baile arriaron;
Haciéndonos ráir estaba                                            Con otros nos mesturaron
Cuando le tocó el arreo,                                       Que habían agarrao también:
¡Tan grande el gringo y tan feo                                  Las cosas que aquí se ven
Lo vieran cómo lloraba!                                          Ni los diablos las pensaron.
("El Gaucho Martín Fierro", versos 307-342).

Martín Fierro: "El arreo", por Carlos Roume.

En conclusión, cuando analizamos la cotidianeidad del servicio que debían llevar a cabo los guardias nacionales en la frontera observamos que la diferenciación entre milicianos y soldados de Línea se encontraba presente más en las leyes y decretos que en la puesta en práctica.

Los actores involucrados destacaron las pésimas condiciones materiales en las que éste se desarrolló: el exceso en el tiempo del servicio, la carencia de uniformes y pobreza de vestuario, el atraso y falta de pago así como la violencia física contra los soldados y guardias nacionales, la utilización con fines personales políticos y económicos por parte de los jefes militares y los abusos cometidos en el reclutamiento.

¡Y qué indios ni qué servicio,                                            Allí tuito va al revés:
Si allí no había ni cuartel!                                     Los milicos se hacen piones
Nos mandaba un coronel                                   Y andaban por las poblaciones
A trabajar en sus chacras,                                            Emprestaos pa trabajar;
Y dejábamos las vacas                                                      Los rejuntan pa peliar
Que las llevara el infiel.                                      Cuando entran indios ladrones.
("El Gaucho Martín Fierro",                                      Yo he visto en esa milonga
versos 415-420).                                                        Muchos jefes con estancia,
                                                                                      Y piones en abundancia,
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-                                               Y majadas y rodeos;
                                                                                         He visto negocios feos
Aquello no era servicio                                                A pesar de mi inorancia.
Ni defender la frontera;                                                                                      
Aquello era ratonera                                             ("El Gaucho Martín Fierro",
En que sólo gana el juerte;                                                      versos 805-822).
Era jugar a la suerte                                                                                           
Con una taba culera.                                                                                          

Los jefes de los departamentos militares y de los regimientos de la Guardia Nacional, los comandantes militares de los partidos, los jueces de paz y los propios habitantes de la campaña se hicieron eco de estas penurias que impactaban negativamente no solo en sus intereses particulares sino también en los del vecindario, al reducir los brazos disponibles para la producción agropecuaria y la economía local.

Y andábamos de mugrientos                                          Y pa mejor hasta el moro
Que el mirarnos daba horror;                                 Se me jué de entre las manos;
Les juro que era un dolor                                      No soy lerdo... pero, hermano, 
Ver esos hombres, ¡por Cristo!                                     Vino el comandante un día
En mi perra vida he visto                                                    Diciendo que lo quería
Una miseria mayor.                                                "Pa enseñarle a comer grano".

Poncho, jergas, el apero,                                                       Afiguresé cualquiera
Las prenditas, los botones,                                          La suerte de este su amigo,
Todo, amigo, en los cantones                                   A pie y mostrando el umbligo,
Jué quedando poco a poco;                                        Estropiao, pobre y desnudo.
Ya nos tenían medio loco                                                     Ni por castigo se pudo
La pobreza y los ratones.                                              Hacerse más mal conmigo.

Sólo una manta peluda                                              ("El Gaucho Martín Fierro",
era cuanto me quedaba;                                                              versos 631-666).
La había agenciada a la taba,                                                                                 
Y ella me tapaba el bulto;                                                                                         
Yaguané que allí ganaba                                                                                           
No salía... ni con indulto.                                                                                          

Cuadro de Palliere de fines de 1858 llamado "La Guardia Nacional en la Plaza de la Victoria".
 Representa una sección del cuerpo de Patrullas Urbanas haciendo rondas por la ciudad de Buenos Aires.
Si bien la organización de la Guardia Nacional apuntaba a cubrir las falencias del Ejército de Línea en la defensa de la frontera con los indígenas, esa milicia tuvo un rol importante en la victoria bonaerense en “Pavón” ya que la mayor parte de sus regimientos contribuyeron con hombres para el combate. Esa batalla marcó un punto de inflexión. Los cambios suscitados en la Guardia Nacional se enmarcaron, a partir de entonces, en el proceso de unificación política del Estado, bajo la hegemonía porteña. En octubre de 1862, Bartolomé Mitre nacionalizó el ministerio de Guerra y Marina de Buenos Aires y creó la Inspección General de Milicias de la Provincia de Buenos Aires, con lo que quedaron desligados los mandos del Ejército de Línea (en poder del gobierno nacional) y de la Guardia Nacional (en poder del gobierno provincial).

A partir de entonces, comenzó a regir una nueva jurisdicción en la frontera bonaerense, que dejó de ser competencia de Buenos Aires para serlo de la Nación. Las jefaturas de los departamentos militares (fronteras Norte, Oeste, Sud y Costa Sud) y las comandancias (San Nicolás, Bahía Blanca y Patagones) quedaron a cargo del gobierno nacional.

Organización de la Guardia Nacional de campaña en regimientos (1860).


La Guardia Nacional en la Guerra contra el Paraguay


Sin dudas, el momento crítico para la Guardia Nacional fue el período de la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay (1865-1870), donde enormes contingentes de guardias nacionales fueron enviados al frente de batalla.

Como no podía ser de otra manera, la Provincia que más Guardias Nacionales aportó a la guerra fue Buenos Aires. Eran las tropas que Mitre había comandado en la última guerra civil, de la cual había salido victorioso.

Buenos Aires llegó a aportar dos divisiones completas de hombres que se sumaron al Ejército que marchaba a la guerra. Hay que decir que la mayoría de la juventud de Buenos Aires, acudió a la guerra con un “entusiasmo romántico” contra el “tirano paraguayo”. No hubo problemas para llenar las plantillas de los batallones que marcharían al frente y de aquí también salieron muchas plazas para engrosar las unidades del Ejército regular. La mayoría liberal, que gobernaba la opinión pública en Buenos Aires, iba convencida a vengar el honor nacional contra un tirano invasor.

La Guardia Nacional de Buenos Aires aportó la 1° División de Infantería compuesta por el 1° Batallón del 1° Regimiento, el 1° Batallón del 3° Regimiento y los batallones 2° y 3° del 4° Regimiento. Su Comandante era el Gral. José M. Bustillos. La 2° División de Infantería al mando del Gral. Emilio Conesa, se componía de los “nuevos” batallones 2°, 3°, 4° y 5°, sacados de diferentes unidades de la Guardia Nacional de Buenos Aires, en el interior de la Provincia. Cada batallón iba al completo con las 500 plazas, con lo cual cada División alcanzaba los 2000 hombres.

En el interior del país, aún frescos los recuerdos de las matanzas de los ejércitos comandados por los lugartenientes de Mitre (Rivas, Sandes, Paunero, Arredondo o Flores), la situación de las levas tanto para el Ejército Nacional, como para los batallones de Guardias Nacionales, sería muy complicado.

El pintor Cándido López fue uno de los tantos jóvenes que se sumaron a la Guardia Nacional. La declaración de la guerra con el Paraguay lo sorprendió en 1865 en San Nicolás de los Arroyos y allí mismo se incorporó, con el grado de teniente segundo, al batallón de Guardias Nacionales que, bajo las órdenes del comandante Juan Carlos Boerr, integró el Primer Cuerpo de Ejército al mando del general Paunero.

"Desembarco del Ejército Argentino frente a las trincheras de Curuzú" (1891).
Se aprecia en primer plano una columna de la Guardia Nacional.

Partió para la guerra. El patriota y el artista vibraron al unísono. Fiel a su vocación, llevó en sus bártulos lo necesario para tomar apuntes y realizar bocetos de las escenas bélicas en las que participó. Intervino en las principales acciones y entretanto documentó lo que veía. El retratista se transformó en paisajista; en sus pequeños bocetos encerró vastas perspectivas panorámicas que mostraron a las tropas argentinas, brasileñas y uruguayas en operaciones contra los paraguayos. El paso del río Corrientes; el embarque en Paso de los Libres; el campamento de Uruguayana; la escuadra en Paso de la Patria; las grandes acciones de Yatay, Estero Bellaco, Tuyutí, Boquerón y Curupaytí.

"Después de la batalla de Curupaytí" (1893), por Cándido López (detalle).
Puede observarse a un soldado argentino de la Guardia Nacional
siendo rematado por un soldado paraguayo, ya que éstos no tomaban prisioneros.

"Después de la batalla de Curupaytí" (1893), por Cándido López (detalle).
En este plano, podemos observar como los soldados paraguayos toman las armas
 y las ropas de los enemigos caídos, dejando los cuerpos desnudos en el terreno.

En el asalto de Curupaytí el 22 de septiembre de 1866, una granada le destrozó la mano derecha y el médico militar, doctor del Castillo, se vio obligado a amputarle el brazo. No se intimidó ante esta desgracia, reeducó su mano izquierda y a los pocos meses envió a ese médico un cuadro como prueba de que su invalidez no había frustrado su afición pictórica. A raíz de este episodio guerrero López es conocido como "el manco de Curupaytí".

Se cree que ell uniforme utilizado en esta campaña, donde predomina el gris, fue comprado como rezago de la Guerra de Secesión norteamericana.

Guardia Nacional en la Guerra del Paraguay,
con uniforme gris similar al de la figura exhibida.

El historiador uruguayo Alberto del Pino Menck considera también la posibilidad que fueron uniformes adquiridos a la marina británica.

Guardia Nacional por Alberto del Pino Menck.

Aclaración sobre el uniforme por Alberto del Pino Menck.

Pieza de colección


La figura exhibida fue confeccionada en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/

Representa a un soldado de la Guardia Nacional durante la Guerra del Paraguay, inspirado en la foto de arriba y en la ilustración de Alberto del Pino Menck










Abanderado Grandoli (1866)

(Triple Alianza)


Historia


Cleto Mariano Grandoli (n. Rosario, 26 de abril de 1849 - † Curupayty, 22 de septiembre de 1866) fue un soldado argentino que luchó en la Guerra de la Triple Alianza y falleció en el campo de batalla portando la Bandera Argentina, lo que lo hace también conocido como el Abanderado Grandoli.

Había nacido en Rosario el 26 de abril de 1849. Hijo de Mariano Grandoli y Magdalena Correa. Grandoli tenía 16 años cuando Argentina declara la guerra a Paraguay y se ofreció como voluntario en el ejército en julio de 1865, siendo dado de alta como Subteniente abanderado del Batallón Santafecino.

Bartolomé Mitre había convocado a las guardias nacionales, que en realidad eran civiles, y cada provincia tenía que conformar un regimiento o batallón; la mayoría de las provincias no adhirió, sin embargo, Santa Fe envió a 500 hombres: 250 de Rosario, 150 de Santa Fe, 50 de San Jerónimo y 50 de San José, que eran los departamentos que había. El primero que se alista en Rosario es Pedro Nicolorich, y Mariano Grandoli insiste con ir, a pesar de que no podía por la edad, porque para ser guardia nacional había que tener 17 años cumplidos; finalmente intercede un grupo de ciudadanos ilustres que van a ver a su madre, Magdalena Correa, y ésta accede a que Mariano se sume.

El 19 de junio de 1865, un grupo de damas rosarinas confecciona la bandera que llevará Mariano; el 8 de julio, tras un acto que se realiza en la Plaza 25 de Mayo, parten las tropas.

Esta obra de Alberto Nassivera, realizada en el año 1976, fue donada
en un acto oficial a la Escuela "Abanderado Grandoli" de Rosario.

Participó en la batalla de Yatay y a la toma de Uruguayana, y, por méritos en el campo de batalla, en octubre del mismo año fue ascendido a Subteniente 1º de Bandera de su batallón.

Entre los meses de enero y abril de 1866, permaneció en el campamento de las Ensenaditas y se encontró en el pasaje del ejército aliado por el Paso de la Patria el 16 de este último mes, y en la toma de la batería de Itapirú, al día siguiente.

Participó en el rechazo de los paraguayos en el Estero Bellaco del Sud el 2 de mayo y en la acción librada el día 20 para cruzar el mismo estero.

Fue uno de los tantos que combatieron en la sangrienta batalla de Tuyutí el 24 de mayo. Las unidades rosarinas se destacaban brillantemente. El "1° de Santa Fe" y el "Rosario" se cubrieron de gloria, y sus banderas, sostenidas por los jóvenes abanderados Grandoli y Anaya, flameaban en medio del combate mientras las balas las acribillan poniendo en peligro a los que las llevan.

Tomó parte en las operaciones de Yataytí-Corá, en julio de 1866, y en Boquerón y Sauce.

Murió heroicamente en la batalla de Curupayty. Su bandera cayó atravesada por 14 balazos y manchado con la sangre de éste, que cayó al pie de las trincheras paraguayas, el 22 de septiembre de 1866.

Bandera portada por Mariano Grandoli en Curupaytí.

La enseña manchada con la sangre del glorioso abanderado está actualmente en el Museo Histórico Provincial Dr. Julio Marc, de la ciudad de Rosario. En una placa de bronce, se transcribe la carta que el Coronel Avalos le dirigió días más tarde a un vecino de Rosario: "Hecha pedazos como está y manchada con la sangre del intrépido Subteniente 1° de Bandera Don Mariano Grandoli, tal vez no la conozcan más las distinguidas señoritas que la trabajaron", y concluía pidiendo que les dijera: "No se olviden de los que quedaron en Curupayty, que tal vez ellos ese día recordaban de ellas por el tanto arrojo que hubo".

El 13 de junio de 1872, el Coronel José Ramón Esquivel, antiguo jefe de la 3ª División del 1° Cuerpo del Ejército Argentino, división a la que pertenecía el Batallón 1º Santa Fe, extendió en la ciudad del Rosario una certificación de los gloriosos servicios prestados por el abanderado Mariano Grandoli, en su corta, pero admirable carrera militar.

Los restos de Grandoli no pudieron ser rescatados y quedaron en la trinchera, como los de tantos argentinos.

"Morir a los 17", pintura con relieve de Alberto Nassivera (año 2013).

Según señala el historiador rosarino Víctor Nardiello, la historia de Rosario está atravesada por la familia Grandoli.
"El primer Grandoli llegó a lo que entonces era el Pago de los Arroyos en 1763, está entre las dos familias más antiguas de la ciudad y emparentadas con lo público”.
"Uno de los hermanos de Mariano, Octavio, fue el primer intendente electo de la ciudad, en 1883, fue el primero en pagar aguinaldo, los empleados de la municipalidad de aquellos años cobraban aguinaldo, está documentado. Miguel fue vicegobernador de la provincia; otro hermano, Floduardo, fue jefe político y luego asesinado, es el fundador del Banco Municipal. El menor, Gonoco, participó en la Campaña del Desierto que lideró Julio Roca y cuando le quisieron pagar con tierras por su labor las rechazó. Alejo Grandoli fue alcalde de la Santa Hermandad, una especie de comisario y juez, que tenía asignada una zona de la ciudad, y es quien recibe a Manuel Belgrano en 1812; en 1816, en el Cabildo de Buenos Aires aparece un alcalde de nombre Martín Grandoli, que era el encargado de recaudar los impuestos: pide licencia para que lo liberen de esa carga porque su estado de salud y economía no le permitían seguir trabajando. El que recaudaba los impuestos era pobre… Gestos que se suceden con el apellido Grandoli. La casa natal de Mariano estaba donde hoy funciona el Colegio Cristo Rey, en Laprida al 1300; y en Rioja y Laprida, donde está la panadería La Recova, ahí vivía el primer intendente electo, Octavio Grandoli".
Calles, escuelas, monumentos, clubes, llevan su nombre en su Rosario natal. También se dictó la ordenanza municipal Nº 7114, que declara al 22 de septiembre Día de Homenaje y Recordación Anual del Abanderado Mariano Grandoli, correspondiendo al Ejecutivo municipal “organizar los actos oficiales a celebrarse en homenaje y recordación de la fecha y difundir la programación y el significado de la misma a través de los medios de comunicación”.

Estatua del Abanderado Grandoli,
realizada por Eduardo Barnes,
en la plazoleta que lleva su nombre en Rosario.

Pieza de colección


Esta figura del abanderado Grandoli fue confeccionada en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/





Fotografía de Cleto Mariano Grandoli.












Infantería brasileña (Triple Alianza)


Historia


El Brasil disponía, a fines de 1864, solamente 18.000 soldados profesionales dispersos por todo el país; no obstante, por su población de más de 9 millones de habitantes, era el país de América Latina que más hombres podía reclutar con el paso del tiempo. Ese mismo año, el gobierno fue autorizado a aumentar sus fuerzas en tiempos de paz a 22.000 hombres.

Desde el estallido de la guerra, el Imperio inició una campaña sistemática de reclutamiento de voluntarios. Al momento de iniciarse la invasión al Paraguay, estaban reunidos en Corrientes un total de 37.870 soldados. Durante la guerra, entre los aliados sería el Imperio quien perdería más cantidad de soldados. Por otro lado, después de iniciada la campaña de Humaitá se frenó por completo el ingreso de voluntarios. El reclutamiento se volvió forzoso, y las autoridades provinciales y municipales fueron las encargadas de reunir los contingentes, formados mayoritariamente por hombres libres de raza negra o mulatos. A ellos se añadieron miles de esclavos que fueron puestos a disposición del gobierno por distintas razones, pero el total de esclavos en el ejército nunca pasó del 10%, aunque si se suman los esclavos que estuvieron en el frente en distintos momentos, la proporción debe haber sido mucho más alta.

Infantería ligera: cazadores. Ilustración de José Wasth Rodríguez.

En total, a lo largo de la guerra, el Brasil reclutó y envió al frente –o quedaron en reserva, disponibles para su envío inmediato al frente– 123.418 hombres.

El ejército brasileño durante la guerra de la Triple Alianza utilizó batallones tanto de infantería ligera (cazadores) como de infantería pesada (fusileros). Estos últimos fueron los más numerosos.

Quince Batallones numerados del 8 al 22 tomaron parte de la campaña contra el Paraguay, los Nº 20 y 21 participaron de la épica epopeya de Laguna.

Infantería pesada: fusileros. Ilustración de José Wasth Rodríguez.


Pieza de colección


Set de 5 piezas de infantería brasileña durante la Guerra de la Triple Alianza confeccionados en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por: http://soldadosdebuenosayres.blogspot.com.ar/

El batallón está integrado por 1 oficial, 1 abanderado, 1 tambor y 2 fusileros.

Bandera del Imperio del Brasil.

El abanderado porta la bandera del Imperio, diferente de la actual insignia patria del Brasil.
















Infantería uruguaya - Batallón Florida

(Triple Alianza)

Historia


El Batallón "Florida" [éste, de 1865] tuvo un origen independiente del Batallón Nº 1 de Infantería (pese a que desde 1898 y hasta la actualidad recibe este nombre [es decir, el nombre de "Florida"]). 

El "Florida" fue formado por el General Venancio Flores durante su Cruzada Libertadora, y recibió su nombre del pueblo en el cual se remontó, en 1863. 

Batallón Florida - Teniente - Uniforme de gala.
Lámina de Alberto del Pino Menck.

Mientras el Batallón "Constitucional" permaneció en el país durante la guerra de la Triple Alianza, el "Florida" marchó al combate junto con Flores. Cuando esta Unidad partió al Paraguay, tenía 28 Oficiales y 592 de tropa, al mando del Coronel León de Palleja, antiguo Jefe del Batallón Voltígeros. Sus pérdidas en Yatay fueron de 20 muertos y heridos y en Tuyutí de 57, de acuerdo a los datos que nos proporcionó el mismo Palleja. 

El "Florida" fue reforzado por prisioneros paraguayos, obligados a combatir contra sus compatriotas; Palleja indicó que el 19 de septiembre, tras la caída de Uruguayana, 1.300 prisioneros fueron cedidos a la División Oriental; de ellos, 174 fueron destinados al "Florida", aumentando sus efectivos hasta 670. El resto de los prisioneros se dividió así: 122 a la artillería, 202 al "24 de Abril", 50 a los "Voluntarios de la Patria", 335 a los "Voluntarios de la Libertad"; con otros 501 se organizó el Batallón de Nueva Creación, que se transformaría a la postre en el Batallón "Independencia".

La mayoría de la tropa está formada por hombres de color, [afrodescendientes] lo cual era una constante desde el comienzo de la Guerra Grande y la emancipación de los negros en 1842.

Sargento afrodescendiente con uniforme de campaña.
Lámina de Alberto del Pino Menck.

El 23 de octubre de 1865, el "Florida" fue la primera Unidad en recibir el nuevo armamento ligero de cañón rayado, de pistón sistema Minié, renovando así las armas de chispa con que el Batallón había comenzado la Guerra. Con ese armamento combatiría en Ytapirú (18 abril 1866), Estero Bellaco (2 de mayo), Tuyutí (24 de mayo) y Boquerón (18 de julio), donde murió el Coronel Palleja. 

El 15 de enero de 1866 el "Florida" tenía 28 oficiales y 426 de tropa, perdiendo por tanto 216 hombres en poco más de 3 meses. Cuando el Brigadier General Flores regresó a Montevideo en octubre de 1866, los restos del Batallón "Florida" (unos 60 o 70 hombres) lo acompañaron y fue disuelta la Unidad.

Lámina de Alberto del Pino Menck.

Uniforme


La ilustración de Sansón muestra el Uniforme de Gala del "Florida", con el que combatió en la Batalla de Yatay (17 agosto 1865): levita de paño azul, con collarín y charreteras verdes; galón y vivos mordoré. El collarín lleva dos cornetas doradas. Centro rojo (a veces, bombacha del mismo color), polainas blancas y zapato de cuero negro. Morrión punzó con guarnición y penacho verde. El correaje es de cuero negro, con una cartuchera en la parte frontal. Nótese la ausencia de las grandes bandoleras para cartuchera y bayoneta, que comenzaron a desaparecer de los uniformes europeos hacia 1843, siendo reemplazadas por un cinto, complementado a veces por correas o trinchas. Mochila negra con capote gris enrollado en la parte superior.

Acuarela del capitán Alfredo Sansón.

El fusil, por estas fechas, aún era de chispa, siendo reemplazado más adelante por las armas rayadas de pistón sistema Minié. 

Si bien el uniforme era vistoso, Palleja admitió que pantalones, polainas y zapatos se perdieron en los esteros y barrizales de Yatay. El correaje se pudrió rápidamente y la levita de paño, al empaparse, se volvía muy pesada y calurosa en el ambiente del Paraguay. Fotos e ilustraciones de la época muestran que los veteranos reemplazaron el Uniforme de Gala por el de Fajina, de brin blanco. Los hombres usaban alpargatas (zapatillas de cáñamo), botas cortas o bien andaban descalzos. El morrión fue reemplazado por el quepí rojo sin penacho y el correaje se redujo al mínimo. La mochila dejó de portarse en el combate.

Pieza de colección


Set de 5 piezas de infantería uruguaya, Batallón Florida, durante la Guerra de la Triple Alianza confeccionados en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por:  http://soldadosdebuenosayres.blogspot.com.ar/

El batallón está integrado por 1 oficial, 1 abanderado, 1 tambor y 2 fusileros.




















Infantería paraguaya (Triple Alianza)


Historia


La Infantería: tenía como unidad táctica el batallón. Éste se dividía en seis compañías, las cuatro primeras llamadas "Compañía de Granaderos", y las dos últimas "Compañías de Cazadores".

Los batallones tenían de 800 a 1000 hombres y estaban numerados de 1 a 56.

Óleo de Modesto González.
Lámina de Ron Poulter.

Pieza de colección 1


Infante paraguayo de la guerra de la Triple Alianza confeccionado en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/

Lleva el típico uniforme paraguayo y va descalzo, como se ve en muchas representaciones.





Piezas de colección 2


Escena de una batalla de la Guerra del Paraguay formada por 18 piezas de aleación metálica y escala 30 mm. Vemos un batallón argentino, con su oficial, abanderado y 7 fusileros, enfrentando a un batallón paraguayo de 9 fusileros


















Artillería paraguaya (Triple Alianza)



Historia


Desde 1850, la fundición de Ibycui fabricaba cañones, morteros y balas de todos calibres; en el arsenal de Asunción se producían cañones de bronce, obuses y balas.

Artillero paraguayo.

La Artillería se dividía en "Artillería de campaña" y "Artillería de Posición", o de sitio y plaza. A ésta se le llamaba también pesada y a la de campaña se le llamaba también como "a caballo", volante o ligera. La artillería de campaña podía disparar hasta dos tiros por minuto. En ésta, la unidad táctica era la batería; en la de sitio y plaza era la compañía que tenía como unidad superior el batallón.

La batería se compañía normalmente de seis piezas, cuatro cañones y 2 obuses. Las circunstancias de la guerra y la carestía de material de repositorio obligaron muchas veces al Ejército Paraguayo a constituir una batería con sólo cuatro piezas. En cuanto a su empleo, la artillería a caballo era para el apoyo a la tropa en la batalla y la de sitio estaba fija en el terreno, en posiciones fortificadas y en fortaleza.

Es decir que la principal fuerza de la artillería paraguaya estaba compuesta por cañones de distintos calibres. Pero para cubrir el fuego de estos cañones, vulnerables a la artillería y fusilería enemiga, se utilizaban obuses, ya que por su característica de realizar disparos cóncavos éstas piezas podían guarecerse detrás de obstáculos naturales o artificiales del terreno que protegían a sus servidores del fuego enemigo.

Pieza de colección


Set de artilleros paraguayos en escala 1/35 (54 mm) fabricados en aleación metálica por Chedell.

Se trata de un obús (¿de 6 pulgadas?), con sus municiones y sus 3 servidores: cargador, mechero y oficial.

















Soldado Fortinero (1879)


Historia


La historia de los fortines se enmarca en la Campaña del Desierto de 1879, liderada por el general Julio A. Roca, que sucedió a Adolfo Alsina en el Ministerio de Guerra y que decidió terminar con el "problema del indio", según las crónicas. El fortinero era el que defendía la frontera, la última línea de lo que Buenos Aires consideraba civilización. Al otro lado, la barbarie.

Fortinero, por Eleodoro Marenco.

La imagen del vestuario y las armas del fortinero tipo es muy esquemática: 

-presenta un soldado con su uniforme reglamentario. Pero la mayor parte del tiempo dentro de los fortines no estaba vestido así, sino de gaucho.

-con su quepis: gorro de tela blanda que tiene una visera y se remata en la parte alta con un círculo rígido. Se considera el gorro típico de los ejércitos franceses. A fines del siglo XIX era común en varios ejércitos (estadounidense, argentino, mexicano, italiano, chileno, suizo, etc.) 

-y la Remington “patria”: fusil “monotiro” de retrocarga, de calibre “43 Spanish”, un tiro de gran poder.

Fusil Remington Rolling Block modelo "Patria".

Utilizado por el Ejército Argentino desde 1879, el Remington tuvo gran presencia en nuestras tropas en su versión de fusil de infantería o carabina de caballería. La versión de caballería se denominaba "tercerola" porque era un tercio más corto que el fusil de infantería.

Los 75.000 Remington que se compraron entre la fecha de su aparición y 1896 revolucionaron el combate en estas tierras, haciendo desaparecer el antiguo fusil a chispa o de pistón, ya que podía practicar tiro a tiro 6 disparos por minuto a 1.000 metros de distancia. Su alcance eficaz estaba dentro de los 300 metros, pero esa distancia alcanzaba y sobraba para deshacer las cargas del enemigo. El modelo 1879, primer fusil oficial del Ejército, no se mantuvo en servicio por mucho tiempo ya que fue reemplazado por el fusil Máuser de 1891.

De todas maneras, como nos recuerda el Martín Fierro, las armas de fuego escaseaban en los fortines del desierto.

A naides le dieron armas,
pues toditas las que habia
el Coronel las tenia,
sigun dijo esa ocasion,
pa repartirlas el dia
en que hubiera una invasion.

("El Gaucho Martín Fierro", 
versos versos 397-402).

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Daban entónces las armas
pa defender los cantones,
que eran lansas y latones
con ataduras de tiento...
Las de juego no las cuento
porque no habia municiones.

("El Gaucho Martín Fierro", 
versos 457-462).

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Y chamuscao un sargento
me contó que las tenian,
pero que ellos las vendian
para cazar avestruces;
y ansi andaban noche y dia
déle bala á los ñanduces.

("El Gaucho Martín Fierro", 
versos 463-468).


Tropas y oficiales munidos de fusiles Remigton, en Codihué, 1882.
Archivo General de la Nación. Documentos Fotográficos. Inventario 291041.


Realmente una imagen histórica y preciosa, sacada en San Juan de Pereyra, en 1896.
AGN: Milico de frontera, c. 1890. Documento Fotográfico. Album Aficionados. Inventario 1551.
Foto de Francisco Ayerza para una serie que iba a ser destinada a representar el Martin Fierro.
 Este milico había boleado algún avestruz y llevaba las plumas para cambiarlas al pulpero por sus vicios.
En los 4tos traseros se ve un cuero de oveja.

No teníamos más permiso,
Ni otro alivio la gauchada,
Que salir de madrugada
Cuando no había indio ninguno,
Campo ajuera a hacer boliadas,
Desocando los reyunos.

Y cáibamos al cantón
Con los fletes aplastaos,
Pero a veces medio aviaos
Con plumas y algunos cueros
Que ahi no más con el pulpero
Los teníamos negociaos.

("El Gaucho Martín Fierro", 
versos 673-684).

Pieza de colección 1


La figura en exhibición fue confeccionada en plomo sobre matriz de Roume en escala 80 mm. Presenta al típico "fortinero" o "milico de frontera". Lleva las armas propias de la caballería: sable y un Remington "Patria", rifle corto y fácil de manejar a caballo.

Es impresionante la similitud de la figura con la fotografía conservada en el Archivo General de la Nación, que acompañamos más arriba. La imagen del soldado, el fusil y hasta la montura de cuero de oveja coinciden.




















Piezas de colección 2 y 3


Dos soldados fortineros a pie, confeccionados en aleación metálica y escala 80 mm, sobre matriz de Roume.

El primero de ellos lleva chiripá verde, sable y boleadoras a la cintura, y un cigarro en su mano.

El segundo está armado con fusil y revólver a la cintura y lleva un poncho gris.











Pieza de colección 4


Soldado fortinero montado confeccionado en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/

Viste quepi y casaca reglamentaria con bombacha de gaucho. Lleva su equipo completo: sable, boleadoras, un Remington "Patria", clarín, una pava y cacharros varios.






Pieza de colección 5


Soldado fortinero con lanza y coraza de cuero. Confeccionado en escala 54 mm por el modelista Juan Manuel Valea: https://www.facebook.com/profile.php?id=100009266732447




Pieza de colección 6


Soldado fortinero montado, confeccionado en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) en base a una figura "serie toy" reformada por Juan Manuel Valea: https://www.facebook.com/search/top/?q=modelismo%20a%20medida














Cabo Savino

La historieta "fortinera" por excelencia, apareció en 1954 en el diario "La Razón", y es un indiscutido clásico de la gauchesca ilustrada argentina. Al principio, el cabo se llamaba "Sabino" (con b larga). La historieta presenta un mundo que extiende su angustia entre la soledad de la pampa y el inminente peligro del ataque de un malón. Es un universo hecho a puntas de facón y lanza, dividido en turnos de guardia, rondas de mate cimarrón (amargo), fajina de fortín y excursiones sobre la frontera, que refleja la vida en la época de las campañas al desierto.



El Cabo Savino es considerado el primer militar de la historieta argentina. Con éste personaje se recrea el mundo desesperante y marginado del soldado del fortín en las campañas al desierto (cuestionando, en parte, la legalidad de los hechos), reflejando a la perfección la ambientación histórica, las armas, el paisaje, la ropa, etc. Luego de pasar por el diario Democracia y la revista Puño Fuerte, desde 1957 se publicó en las distintas publicaciones de la Editorial Columba, llegando incluso a tener su propia revista a todo color.

En junio de 2012, y según la Universidad de San Martín (Buenos Aires, Argentina), Casalla se transformó en el autor que permaneció más tiempo haciendo la misma historieta en la historia del género gracias a El cabo Savino.
La historieta del Cabo Savino sigue publicándose en la actualidad.
video
El cabo Savino (Canal Encuentro)


Pieza de colección



Figura confeccionada en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/








Trompeta de Caballería (1879)


Historia


El soldado trompeta (o corneta) era el encargado de hacer los toques y llamadas reglamentarios, transmitiendo órdenes al resto del regimiento.

Los conquistadores españoles trajeron de Europa instrumentos musicales cuyos toques cumplían la función de producir llamadas militares y estaban integrados por: pífanos (pequeñas flautas traversas), trompetas lisas, los atabales (pequeños timbales) y “atambores” o cajas de guerra.

En las “Ordenanzas de S.M. para el régimen, disciplina, subordinación y servicio de sus exercitos, subdividido en quatro tratados de S. M. para la infantería, caballería y dragones”, impresas en Madrid en 1728, se describen los toques del ejército que se usaban en México, en Perú y en el Río de La Plata. Allí se menciona una lista de toques para trompeta: “llamada”, “botasilla”, “a caballo”, “la marcha” y “a degüello”, entre otras. 

Corneta de órdenes de Infantería, con un uniforme de 
verano, de similar color al de la figura exhibida.
De: "Uniformes de la Patria" (E. Marenco).
Soldado trompeta de órdenes.
Dibujo al lápiz de E. Marenco.

De: "Una excursión a los indios ranqueles".

Desde las guerras de la independencia, cornetas y tambores constituían una especie de “sistema de señales” que servía para todos los actos del servicio. Los pitos y tambores tenían a su cargo el “toque de carga”.

Corneta de órdenes que acompañó a Lucio Mansilla.
De: "Una excursión a los indios ranqueles" (E. Marenco).

Pieza de colección


La figura en exhibición fue confeccionada en plomo sobre matriz de Roume en escala 80 mm.

Presenta al soldado trompeta con el uniforme de verano, que se destaca por sus tonos claros, en oposición al tradicional uniforme azul.











Julio Argentino Roca


Historia


Con el ascenso de Roca a la presidencia, y desde antes, con su encumbramiento en la jefatura del Ejército, culminaron en el país setenta años de guerra civil entre las provincias y Buenos Aires y se abrió un nuevo ciclo que, bajo el signo de la unidad nacional consolidada, inauguró un largo período de armonía y paz, durante el cual la Argentina vio nacer las instituciones que la afianzaron como una Nación soberana a los ojos del mundo.

El general Roca, artífice del milagro, venía de realizar exitosamente la Campaña al Desierto, empresa militar aprobada en el Parlamento por la Ley 947 con el fin de extender la frontera con el indio y asegurar el dominio territorial. El fracaso de Adolfo Alsina, expresión garantista del siglo XIX, habilitó a Roca a implementar su proyecto: terminar con la inseguridad por ausencia del Estado en las remotas tierras del sur, donde reinaban los malones que secuestraban mujeres y robaban ganado, y poner coto a las ambiciones chilenas.

Un joven Julio Argentino Roca.
AGN - Documento Fotográfico. Inventario 33037.

Ya como Presidente, a partir de 1880, Roca brilló por sus dotes de líder político, jefe de la primera formación partidaria moderna que fue el Partido Autonomista Nacional (PAN), síntesis de nuestras luchas. ¿Cuál fue el origen de este agrupamiento? ¿En dónde hundió las raíces culturales que le dieron identidad y autoridad moral frente a las masas que veinte años antes seguían a caudillos de chuza y lanza?

Roca se educó en el Colegio de Concepción del Uruguay, obra pedagógica del caudillo entrerriano Justo José de Urquiza, que buscaba con ella formar una elite culta educada en los fundamentos del liberalismo provinciano, de base historicista, conocida como Generación del Paraná, antecedente más inmediato de la que luego sería conocida como Generación del 80.

Luego de Pavón, donde le tocó pelear del lado de los derrotados, ingresó al ejército triunfante que de a poco se estaba transformando en Ejército Nacional. También combatió en la Guerra del Paraguay y más tarde le tocó vencer, por órdenes del entonces presidente Sarmiento, a Ricardo López Jordán, caudillo insurrecto de Entre Ríos y responsable político del asesinato de Urquiza. Más tarde reprimió el golpe de Estado llevado adelante por el mitrismo en 1874, derrotando a Arredondo en Mendoza. En todas estas acciones militares, Roca se destacó como un oficial disciplinado, respetuoso de las instituciones republicanas, ajeno a las luchas facciosas.

Los orígenes del PAN hay que buscarlos también en Córdoba. Su concuñado, Miguel Ángel Juárez Celman, tejió los acuerdos políticos con viejos urquicistas y noveles dirigentes con tradiciones federales y unitarias provincianas.Podría decirse, entonces, que los fundamentos culturales del roquismo se hallaron en el provincialismo anti-rosista y anti-mitrista. Y esto dio identidad histórico-política al PAN, que naturalmente se reconocía en hombres como Artigas, el general Paz o el brigadier Ferré.

Antes de asumir la presidencia, fue preciso vencer el último levantamiento porteño, liderado por el gobernador de Buenos Aires Carlos Tejedor y, desde las sombras, por Bartolomé Mitre. En esas luctuosas jornadas murieron tres mil argentinos cumpliéndose aquellas trágicas palabras de Benjamín Posse que en carta a Roca le dijo:

"Y puesto que somos una Nación llevaremos a sangre y fuego si fuera necesario nuestro candidato a la Presidencia ¿y los estragos? ¡Qué estragos, carajo! Sobre pavesas se ha de sentar el elegido de los pueblos, si no quedan del país más que pavesas"
El Gral. Roca durante la campaña del Desierto,
montado y con uniforme similar a la figura exhibida.

Las presidencias de Roca


Superado el mal trance, Roca se dispuso a gobernar con todos los argentinos, tendiendo puentes a los derrotados: "En política no se debe herir inútilmente a nadie, ni lanzar palabras irreparables, porque uno no sabe si el enemigo con quien hoy se combate será un amigo mañana", decía.

Su obra de gobierno fue gigantesca. La federalización de la Ciudad de Buenos Aires –tan anhelada por muchos y que él hizo efectiva- y el control de la Aduana dieron al Ejecutivo el territorio y el poder que hicieron posible el surgimiento de un Estado verdaderamente nacional. El interior del país se vio beneficiado con esta unidad política que en lo económico se tradujo en la llegada de ingentes inversiones y por el rápido florecimiento de la infraestructura: puentes, canales, ferrocarriles, caminos y, sobre todo, escuelas.

En 1881, se firman los tratados de límites con Chile que aseguraron definitivamente la autoridad del país sobre la Patagonia y Tierra del Fuego. Para gobernar el país, ampliado al doble de su extensión tras la Campaña del Desierto, sanciona la ley 1532 de Territorios Nacionales, creándose las siguientes jurisdicciones: La Pampa, Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Chaco, Formosa y Misiones. Hoy, todas ellas son provincias. La ley 1133, de creación de la moneda nacional, garantizó la unificación del mercado interno. Se fundó la ciudad de La Plata, para darle una capital a la provincia de Buenos Aires. Se creó el Municipio de la Capital Federal, volcándose en él un enorme volumen de dinero. De esta manera, la ciudad dejó de ser una aldea de provincia para ser la Capital de la República. La creación del Registro Civil fue otra demostración de que el Estado Nacional extendía su administración a temas tan importantes como los nacimientos, matrimonios y defunciones. Un Estado que se precie de tal no puede desconocer la realidad de su población.

Caricatura del Gral Julia A. Roca con el presidente Nicolás Avellaneda,
referida a la denominada Campaña al Desierto, Revista El Mosquito, 20-01-1878
AGN - Documentos Fotográficos. Inventario 301197.

Otras leyes que dieron origen a otras tantas instituciones imprescindibles en toda Nación moderna y que también debemos a Roca son: la Ley 1804 de creación del Banco Hipotecario Nacional, la Ley 1257 de creación del puerto de Buenos Aires -Puerto Madero- y la Ley 4349 que creó la Caja de Jubilaciones y Pensiones de los agentes de la administración pública, primera ley de previsión social, entre otras.

Pero la gran decisión fue, sin duda, la Ley 1420 de Educación común, obligatoria, pública, gratuita y laica, que garantizaba, al mismo tiempo, la libertad de enseñanza en escuelas particulares, con supervisión estatal. Instituyó el Consejo General de Educación, con el objeto de masificar y mejorar la calidad educativa federal. En aquel tiempo solo un tercio de los niños en edad escolar primaria asistían a escuelas. La ley modificó radicalmente esta ecuación.

De esta manera, la intelectualidad roquista, esto es, la Generación del '80, se elevaba por encima de la medianía apostando a un país moderno y a una educación productiva.

La segunda presidencia fue también gloriosa. El general Roca contrató a Juan Bialet Massé, para que realizara un informe completo sobre la situación de la clase obrera argentina, las comunidades indígenas y los sectores marginales. Se publicó en 1904 con el título Informe sobre el Estado de las Clases Obreras en el Interior de la República. Esta monumental obra, ordenada y financiada por el Estado, fue el prólogo de una ley de trabajo. El resultado fue un moderno tratado que contemplaba la jornada laboral de ocho horas, la supresión del trabajo nocturno, el sábado inglés, la prohibición del trabajo de menores de catorce años, un salario mínimo para trabajadores del Estado, preaviso, licencia con goce de sueldos, reconocimiento de las organizaciones obreras y -quizá lo más importante- tribunales de trabajo. El proyecto fue rechazado en Senadores y rápidamente olvidado. El país y sus hijos más postergados debieron esperar hasta la llegada de Perón para terminar con estas injusticias.

Otra ley indispensable a la consolidación del Estado fue la del servicio militar obligatorio, un instrumento más de inclusión social e integración política para una población todavía heterogénea.

Debemos por lo tanto a las dos presidencias de Roca la creación y consolidación del Estado nacional –instituciones y territorio–. A más de 100 años de su muerte, queda claro que su protagonismo marcó un punto de inflexión, un antes y un después en nuestra historia. Dejó atrás la anarquía que caracterizó las primeras décadas de nuestra vida independiente y abrió la puerta a una etapa que, como lo rezaba el lema de su gobierno, fue de "Paz y Administración".

Pieza de colección


La figura en exhibición fue confeccionada en plomo sobre matriz de Roume en escala 80 mm. Representa al general Roca con su típico uniforme de la época de la campaña del desierto.
















Indio "bombero"


Referencias


El indio “bombero” era aquel que iba adelante del malón y, parado en el lomo de su caballo, servía como vigía al grupo antes de iniciar un ataque. Era una suerte de espía indígena de avanzada, siempre atento a la expansión de la "civilización", del Estado-nación que se consideraba a sí mismo soberano sobre estos territorios.

El término “bombero”, en estilo gauchesco, significa espía (Bombero = espía / Bombiar = espiar). Por lo tanto, el indio “bombero” es el que espía los movimientos del enemigo e informa sobre ellos a la propia tropa.

Indio "bombero", por Eleodoro Marenco.

“El indio sujetó su caballo, y con la destreza de un acróbata se puso de pié sobre él sirviéndole de apoyo la lanza....el indio continuó inmóvil. Estaríamos como a tiro de fusil de él, cuando cayendo a plomo sobre el lomo de su caballo, partió a toda rienda en mi dirección”. (Mansilla, Lucio V., "Una excursión a los indios ranqueles", Cap. XV).
Indio "bombero", por José Alberto Gómez.

María Laura Cutrera describe la importancia del indio "bombero" en las luchas contra los cristianos:

“La marcha se hacía por las noches, preferiblemente de luna llena, aprovechando la luz del día para descansar ocultos tras los montes, médanos u otros accidentes del terreno. Cuidaban muy bien de no encender fogatas o espantar animales porque esas maniobras podían delatarlos. Cuando se hallaban próximos al blanco determinado, desprendían un indio «bombero», cuya finalidad era observar los movimientos del enemigo sin hacerse sentir. Si su objetivo era caer sobre las poblaciones blancas, los naturales estudiaban los movimientos de las partidas «celadoras» de campo –grupos de hombres que salían diariamente de los fuertes a recorrer las inmediaciones–. El espía volvía con las noticias de su comisión. Entonces dejaban pasar el día y la noche, aprovechando el alba para maximizar el beneficio que proporcionaba la sorpresa.
     Según Prudencio Arnold, para estas comisiones procuraban elegir entre quienes tuvieran «vista clara y habituada a distinguir en el desierto los objetos a largas distancias». El escogido debía deslizarse agazapándose y procurando siempre que el ondulado del terreno le sirviera de antemural y ocultara su presencia. «Cuando llega al pie de una cuchilla –continúa el autor–, se baja del caballo y la asciende despacio y con toda precaución, para descubrir el campo del lado opuesto explorándolo con la vista hasta donde ella alcanza y si nada le llama la atención se arrastra de barriga hasta la cima; allí vuelve a practicar una segunda exploración de ojo y si nada ve que pueda ofrecer peligro, se sienta y observa en contorno; luego se pone de pie y hace la misma operación». Después descendía, buscaba su caballo y montaba en él, volvía a repetir el procedimiento indicado. Para Arnold, este minucioso estudio de su víctima era la razón que aventajaba al indio en la lucha contra el cristiano. De tan sigilosa investigación resultaba ser aquel quien hallaba primero a su contrincante; aunque también al método se agregaba la experiencia de observación que tenían en el «desierto»”
(Cutrera, María Laura: "Subordinarlos, someterlos y sujetarlos al orden. Rosas y los indios amigos de Buenos Aires entre 1829 y 1855", Ed. Teseo, Bs. As. 2013, pp. 219-220).
"Huecuvu Mapu", óleo sobre lienzo de Rodolfo Ramos, 50 x 60 cm, 1994.

Los gauchos y los soldados fortineros no tardaron en copiar esta costumbre de los indios de pararse sobre el lomo de sus caballos para otear el horizonte, pero nunca alcanzaron la misma destreza que el aborigen en los reconocimientos del terreno y la actividad del enemigo.


Gaucho "bombero" (por Carlos Roume).

Soldado fortinero "bombero".

Se venían tan calladitos
Que yo me puse en cuidao;
Tal vez me hubieran bombiao
Y me venían a buscar;
Mas no quise disparar,
Que eso es de gaucho morao.

("El Gaucho Martín Fierro", 
versos versos 1486-1491).

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Se armó tremendo alboroto
Cuando nos vieron llegar;
No podíamos aplacar
Tan peligroso hervidero;
Nos tomaron por bomberos
y nos quisieron lanciar.


("La Vuelta de Martín Fierro", 
versos versos 211-216).

En diciembre de 2013, el Colectivo Cultura Vallese montó en la localidad de Navarro una escultura del Indio Bombero o Indio Pampa, construido con chatarra, gracias al trabajo en conjunto realizado junto a los vecinos y mediante una autorización del municipio del lugar. Este monumento está en un 60% de construcción, pero los habitantes han querido que quede así. La particularidad de las iniciativas del Colectivo es que trabajan colectivamente con la comunidad, los hierros los aporta la gente, y éste se desprende de la autoría.

Indio "bombero" construido en chatarra, por el Colectivo Cultura Vallese.

En el año 2014 se impulsó un proyecto de ordenanza referente a declarar de interés turístico y patrimonio del paisaje de Villa Cacique-Barker a una roca cuarcítica cuaternaria existente en el Cerro Cuchilla de Águilas, a la que se propone denominar “Indio Bombero Petrificado”. Hasta el momento, el proyecto no obtuvo aprobación parlamentaria.

Pieza de colección


La figura en exhibición fue confeccionada en plomo sobre matriz de Roume en escala 80 mm.












Lancero de Caballería de Línea (1888)


Historia


El 18 de septiembre de 1888 se produce un combate con indios. Al norte del Río Teuco, el Teniente Primero Daniel Bouchard del Regimiento 12 de Caballería al mando de un grupo de exploración, se traba en lucha con una partida de indios salvajes, los que luego de combatir se dispersan huyendo.



Pieza de colección


Lancero de Caballería de Línea inspirado en la lámina de Marenco, confeccionado en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: 













Miliciano Revolución del Parque (1890)


Historia


A fines de los '80 del siglo XIX, la Argentina atravesaba una grave crisis económica, con baja de salarios, desocupación y una creciente inflación. El presidente de la Nación de aquellos años, Miguel Juárez Celman, era miembro del conservador Partido Autonomista Nacional (PAN), y había sido puesto en ese cargo por Julio Argentino Roca, máximo dirigente de los conservadores, del que era su cuñado. El autoritarismo y la falta de respuestas a las clases populares agudizaban el descontento.

En aquella época, los Presidentes no se le elegían por el voto popular; el sufragio no era libre, ni universal, ni secreto, ni obligatorio, se cantaba el voto delante de las autoridades políticas y de la policía, lo que condicionaba y disuadía la voluntad del votante. En síntesis, se trataba de un régimen fraudulento.

En oposición al régimen del PAN, se había formado la Unión Cívica, un espacio común que no llegaba a ser un partido sólido, en el que convivían todos los pares opuestos posibles, veteranos y jóvenes, federales y unitarios, acuerdistas y rupturistas, orientados por dos políticos con dilatada trayectoria, pero también opuestos entre sí: el expresidente Bartolomé Mitre y el varias veces Diputado y Senador, Leandro Nicéforo Alem.

A fines de julio de 1890, el aire revolucionario era el único que se respiraba en Buenos Aires y La Unión Cívica, en alianza con sectores del ejército y la armada, buscaban terminar con el régimen fraudulento para poder producir los cambios en materia económica, política y social que el país necesitaba. Alem se posicionaba al frente de la Junta Revolucionaria, pero la estrategia militar estaba a cargo del General Manuel Campos, con el aval de Mitre.
El siguiente paso fue conformar una junta revolucionaria para dirigir el movimiento, que entró en combinación con la Logia de los 33 oficiales, grupo secreto del Ejército que daría apoyo armado a la sublevación. Uno de los miembros de esta logia era un subteniente salteño de veintidós años llamado José Félix Uriburu (quien curiosamente depondría a su camarada de la Revolución del Parque, Hipólito Yrigoyen, cuarenta años después). La logia prometió el apoyo de dos regimientos de infantería, uno de artillería, un batallón de ingenieros, una compañía, algunos cadetes del Colegio Militar y unidades de la Armada.

Para diferenciarse de las tropas leales al régimen, la Junta Revolucionaria de la Unión Cívica adquirió boinas, de color blanco, porque eran las únicas que había en cantidad suficiente en los comercios de la zona para los más de 3.000 milicianos que se calcula participaron de la revuelta.

El alzamiento llevó el nombre de "Revolución del Parque", por cuanto el epicentro y los principales combates se realizaron entorno al Parque de Artillería, donde actualmente se ubican la plaza Lavalle y el Palacio de Tribunales. Comenzó el 26 a las 4 de la madrugada y se extendió hasta el 29 de julio, cuando se firmó la capitulación.


Entrada al Parque de Artillería ubicado frente a la Plaza Lavalle,
en el lugar que luego ocupó el Palacio de Justicia de la Nación.

El levantamiento armado comenzó en la madrugada del sábado 26 de julio de 1890.
A las 4:00, Alem al mando de un regimiento cívico armado tomó el estratégico Parque de Artillería de la Ciudad de Buenos Aires, actual Plaza Lavalle (donde hoy se levanta el edificio de la Corte Suprema de Justicia), ubicado 900 metros de la casa de gobierno, frente a las obras recién iniciadas del Teatro Colón.
Simultáneamente, desde Palermo, en la zona norte de la ciudad:
  • El coronel Figueroa con la ayuda del coronel Mariano Espina sublevaron el Regimiento 9º de Infantería, ayudados por una extraña orden impartida al Regimiento 11º de Caballería, que lo vigilaba, de salir a practicar tiro a la madrugada. La orden ha sido atribuida a Roca.
  • Aristóbulo del Valle e Hipólito Yrigoyen lograron sublevar a los cadetes del Colegio Militar.
  • El general Manuel J. Campos sublevó el Batallón 10º de Infantería donde estaba detenido.
  • Los capitanes Manuel Roldán y Luis Fernández sublevaron el estratégico Regimiento 1º de Artillería, con sus nuevos cañones Krupp 75 al mando del mayor Ricardo Day.
Los cañones Krupp 75 en poder de los revolucionarios desequilibraron los combates
Todas estas tropas se reunieron y marcharon juntas como Columna Norte hacia el Parque de Artillería donde llegaron aproximadamente a las 6:00. Allí también concurrieron otros cuerpos militares rebeldes y cientos de milicianos "cívicos", sumando unos 1.300 soldados, alrededor de 2.500 milicianos, y toda la artillería existente en la capital.

Por su parte, desde el Sur, se sublevó el 5º Batallón de Infantería, ubicado cerca de la estación Constitución, en la calle Garay y Sarandí, marchando también hacia el Parque, al mando del comandante Ruiz y el mayor Bravo.

También durante la madrugada, el teniente de navío Eduardo O'Connor sublevó la mayor parte de la escuadra naval ubicada en el puerto de la Boca del Riachuelo, al sur de la Casa Rosada. Los buques revolucionarios fueron el crucero Patagonia, buque insignia, el Villarino, el ariete torpedera Maipú, y el monitor Los Andes. El control de la flota llevó un tiempo porque hubo un cruento enfrentamiento armado en la Maipú, y porque el almirante leal Cordero, logró maniobrar con el acorazado los Andes para entorpecer las acciones de los revolucionarios, hasta que la propia tropa del buque se amotinó y lo detuvo.

Crucero 'La Patagonia', buque insignia de la flota revolucionaria que bombardeó Buenos Aires.

Finalmente las tropas revolucionarias contaban con el apoyo de civiles armados organizados en "milicias cívicas". La mayor parte de los milicianos civiles se sumaron a los cantones donde se ponían al mando del comandante de cada cantón. Sin embargo el cuerpo principal de las milicias cívicas estaba formado por la Legión Ciudadana, que reunía a unos 400 combatientes y estaba al mando de Fermín Rodríguez, Presidente del Club Independiente de la Concepción y miembro de la Junta Ejecutiva de la Unión Cívica; Emilio Gouchón era el Segundo Jefe. La Legión Ciudadana estaba organizada en cinco batallones, al mando de José S. Arévalo, Enrique S. Pérez, José Camilo Crotto (quien años más tarde sería gobernador de la Provincia de Buenos Aires por la UCR), Francisco Ramos y José L. Caro, respectivamente.

Durante la Revolución se formó también otro cuerpo organizado de milicianos, el Batallón de Cívicos Buenos Aires, formado y comandado por el coronel Dr. Juan José Castro y como segundo jefe el Comandante Pedro Campos. El Batallón Buenos Aires estaba organizado con una plana mayor, seis compañías de granaderos, una compañía de cazadores, y cuatro compañías de cívicos adicionales.
Batallón de Rifleros de Buenos Aires, formado con estudiantes.
En un momento álgido de la lucha, el Gral. Campos no arremetió con ímpetu contra el cerco que las tropas oficiales estaban tendiendo a las revolucionarias. Yacían varios centenares de muertos en las calles. Los líderes de la asonada discutían y no se ponían de acuerdo. Ese domingo se hizo un alto el fuego. Los mitristas y antiguos conservadores querían llegar a un arreglo con el ex presidente Roca. Los jóvenes dudaban. Los futuros radicales querían continuar la lucha. Para el 28 de ese mes los alzados pidieron un armisticio que Pellegrini se apresuró en conceder. El 29 se firmó una capitulación en el Palacio Miró. Leandro Alem y algunos cívicos fueron los últimos en salir del parque, totalmente desairados.

Por un grave error de cálculo, o quizás una traición del ala militar de la revuelta, los revolucionarios se encontraron con que al tercer día de combates las municiones escaseaban, no había dentro del parque de artillería la cantidad prevista e iban llegando los refuerzos de tropas leales del interior del país. Todo esto aceleró la rendición.

Entre los revolucionarios, se encontraban figuras que tendrían gran influencia en la política argentina futura, como Hipólito Yrigoyen y Juan B. Justo, entre otros.

Revolucionarios en una barricada.

Terminada la revolución, desde el Senado dominado por los conservadores, se recuerda una frase lapidaria de un senador cordobés: "Señores: la revolución está vencida, pero el gobierno está muerto".

Sin apoyo político, el presidente Juárez Celman presentó la renuncia y, en su lugar, asumió su vice, Carlos Pellegrini, quien completaría su mandato hasta 1892. Al tomar el mando, dijo que el suyo "era un gobierno de concordancia, surgido de una revolución", por lo que se amnistío a los revolucionarios buscando la pacificación.

Ante el nuevo escenario creado, los dirigentes de la Unión Cívica agudizaron sus diferencias internas, formalizando al año siguiente la ruptura.

Por un lado, los mitristas más proclives al pacto con el régimen conservador formaron la Unión Cívica Nacional y, por otro, los liderados por Leandro N. Alem, que rechazaron todo pacto con el régimen y anhelaban un cambio de raíz del sistema político, formaron la Unión Cívica Radical, que continua reivindicando los principios del alzamiento de 1890 y perdura hasta nuestros días.

Pieza de colección


Figura de un miliciano del Batallón de Rifles de Buenos Aires en la Revolución de 1890, confeccionado en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm), por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/

 










Gaucho pampeano (S. XIX)


Pieza de colección


La figura exhibida fue confeccionada en plomo sobre matriz de Roume en escala 80 mm.













6 comentarios:

LordLuks dijo...

Genial laburo !!! Perdón por mi atrevimiento , pero me gustaría saber si usted me podría pasar más detalles del uniforme del soldado de infantería de la segunda campaña.del desacierto , ya que me gustaría realizar ese traje , y no encuentro mucha información , o darme información de donde puedo obtener más información

Roberto Daniel dijo...

Muchas gracias!!!

Tengo láminas de uniformes de distintos autores. Las de esta época en su mayoría son de Eleodoro Marenco.

¿Por segunda campaña del desierto te referís a la de 1879?

Tengo algunas láminas de esa época.

El blog está en formación y permanente actualización. Seguramente pronto habrá nuevas entradas, acorde al crecimiento de mi colección.

Saludos.

El Federal dijo...

Lopez no pretendia un territorio mayor, eso es FALSO. Lopez y el Paraguay, avanzo al sur, con 12.000 hombres, para ir a defender al Uruguay, mediante un acuerdo de defensa mutua, ante las pretenciones y agresiones del Brasil, de usurpar territorios de estos paises, acaso no se morfaron gran parte de las misiones?, Acaso ese tardio Virreinato de efimeros 34 miserables años sirvio de algo? traer a Azara? a demarcar que? Paraguay dependiendo de Buenos Aires apenas 3 decadasa cuando fue libre 3 siglos? JAMAS el Paraguay se sintio aprte de esa entelequia que hasta 1862 NO EXISTIA!!! Patetico lo de la Argentina que sobre el cadaver humeante del Paraguay, pelaeando al aldod e brasileros y uruguayos, Mitre perdio 2 años como lacayo diplomatico del gobierno de Sarmiento, lloriqueando en las cortes de Rio de Janeiro, a ver si lograba del Brasil partes de las Misiones oreintales otrora terriotrios historicos de los PARAGUAYOS; y ese reverendo inutil, no logro absolutamente nada. Esos mapas que muestran del Paraguay, y la falsedad de que eran las pretenciones de Lopez, nos e ajustan a al verdad, son lo que correspondio al Paraguay durante la era colonial, que fue continuamente amputado por la falta de interes de las autoridades españolas de defender territorios que no implicaban beneficios economicos rapidos, en ellas no afloraba plata ni oro, tal es asi que durante 3 siglos, los bandirantes se cebaron de las ciudades, pueblos, misiones y reducciones pobladas por jesuitas y PARAGUAYOS, que eran tomados de esclavos, apra enviarlos a als plantaciones de caña de azucar de Sao Paulo, frontera con el Paraguay. Por esa desidia, donde los unicos que defendia este territorio eran los PARAGUAYSO y los jesuitas, se perdieron las reducciones de TAPE, del GUAIRA, y con el tratado de Madrid, se regalaron aun mas territorios, que implico las guerras guaraniticas, encabezada por los jesuitas, paraguayos y guaranies. MIENTEN, y se huele a FALSEDAD, Lopez NO TENIA intereses hegemonicos, como alegremente lo dibujan, SI TENIA ACUERDOS con IMPORTANTES LIDERES FEDERALES. LOPEZ trajo la paz entre Urquiza y Mitre, Lopez ayudo a FABRICAR lo que seria definitivamente la ARGENTINA, que antes era cualquier cosa, un rejuntado de nadie pegado a saliva; era cualqueir cosa desde Rosas, menos un pais unido. MIENTEN, DEJEN DE HACERLO. ENSUCIAN LA HISTORIA. Lopez Jordan dio cuenta del mayor traidor de todos los malditos, como lo fue Urquiza, quien tenia un pacto con Lopez, los lideres mesopotamicos y los federales como Varela; y tenia que ser el proveedor logistico de las tropas paraguayas camino al uruguay, lo que no cumplio porque el riesgo de tener contra si al Brasil lo acobardo, si era un multimillonario y no iba a arriesgar todos sus inmensos negociso, si se volvio proveedor, eprod e la triplice infamia, posteriormente. Murio como se merece, lo mismo le sucedio al otro badulaque mal parido de Venancio Flores, muerto a facon ambos, como perros que fueron.. FEDERACION es una palabra grosera para los hijos de Mitre, repugna mucho la mentira. Buenas tardes.

Roberto Daniel dijo...

Estimado Federal. Lo bueno de la historia es que acepta múltiples interpretaciones. Desde el nombre que eligió ya deja entrever una postura ideológica clara, tan válida como cualquier otra. Así como los autores revisionistas suelen tener una tendencia similar a la suya, otros historiadores difieren. Para el análisis de los orígenes de la guerra del Paraguay me basé en la obra de Pelhan Horton Box "Los orígenes de la guerra de la Triple Alianza" (Ediciones Nizza, 1958), estudio altamente documentado.

Acepto su opinión divergente de la mía, pero espero que entienda que aquí sólo vertimos opiniones sobre un hecho del pasado. Ni ud. ni yo somos portadores de la VERDAD, ya que todos sabemos que en Historia no existen verdades absolutas, sino más bien miradas, opiniones, que variarán según el autor.

Quiero decir que ni yo miento, ni ud. miente, sólo tenemos un enfoque diferente de los hechos analizados.

Agradezco su participación porque su comentario "revisionista" enriquece el análisis al aportar una visión diferente de la mía.

Cordial saludo.

Anónimo dijo...

Esto esta bien lejos de la verdad. Es como quieren los Argentinos recordar de como formaron parte del mayor genocidio de América del Sur? Re escribiendo la historia a su comodidad, para que sea políticamente correcto?

Roberto Daniel dijo...

Estimado "Anónimo". Hasta donde yo sé, la Argentina ingresó en la guerra del Paraguay por la invasión de la provincia de Corrientes por parte de fuerzas paraguayas. Ese hecho histórico es incontrastable. Lo que ocurrió después fue una tragedia, pero no se puede de ninguna manera disculpar al agresor. Es mi visión y no busco ser "políticamente correcto", mas bien todo lo contrario.