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jueves, 19 de febrero de 2015

Guerras de la Independencia

El Río de la Plata en vísperas de la Revolución


Antes de entrar a presentar las figuras de todos los regimientos y próceres de esta época, presentaremos algunos personajes típicos del Buenos Aires colonial.

Todas estas figuras fueron confeccionadas en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por el taller: MS Miniaturas

En la época colonial la gente compraba sus mercaderías en los comercios que estaban alrededor de la plaza mayor como las tiendas, las panaderías y los almacenes.

También compraban alimentos que se producían en el virreinato, y se vendían en el mercado de la plaza, al aire libre.

El mercado, ubicado en la Recoleta, ocupaba un espacio cuadrangular con pequeños locales alineados uno al lado del otro, en donde se establecían los vendedores de frutas, carnes y verduras. Allí, se podía encontrar pescado de buena calidad y a bajos precios, legumbres, batatas, calabazas, perdices y todo tipo de frutas, melones, duraznos, uvas, higos. La carne vacuna era traída desde los mataderos, que se encontraban en las cercanías de la ciudad, diariamente por los carniceros para ser vendida en trozos.

Algunos productos llegaban en barco desde muy lejos. Por eso eran caros: licores, muebles, abanicos, platos, copas de cristal, cubiertos, armas para la guerra, telas, vestidos, tabaco, azúcar, café, chocolate.

En la ciudad había fondas, que eran lugares en los que se servía comida ya preparada. Estos negocios también mandaban la comida a las casas.

También a las afueras de la ciudad se encontraban las pulperías de campo donde la gente se acercaba para comprar sus provisiones, jugar a las cartas, a la taba, tomar unos ricos mates o beber aguardiente. Allí también se podía comprar alimentos, ropas, tejidos y productos hechos en la colonia. Era posible conseguir objetos europeos comprados de contrabando a algún barco inglés que se acercaba a la costa.

Muchas familias de escasos recursos tenían una empresa familiar que les alcanzaba para cubrir sus necesidades básicas, Algunas confeccionaban cigarros, tejidos y comidas típicas que vendían por las calles de la ciudad.

Vendedores ambulantes de la época colonial.

Los vendedores ambulantes:


En la colonia desde muy temprano se podían escuchar a los vendedores ambulantes que recorrían la ciudad ofreciendo sus productos: velas, escobas, agua, leche, plumeros, etc. Además de ir y venir por las callecitas de tierra por la mañana temprano se establecían en la Recova de la Plaza Mayor.

Cada vendedor ambulante tenía su pregón anunciando sus productos.

El aguatero


Vendían a domicilio el agua que tomaban directamente del Río de la Plata.

Para transportarla, utilizaban un gran tonel montado en un rudimentario carro tirado por bueyes o caballos. El carro no tenía asiento, por lo que el conductor debía sentarse en el pértigo. Los carros aguateros están provistos de una campana para anunciar su llegada.

"Aguatero de Buenos Aires" (1818). Acuarela de Emeric Essex Vidal.

El agua se vendía por "canecas", medidas de madera que contenían unos veinte litros; estos recipientes fueron luego sustituidos por latas.

A veces, el aguatero no tenía carro y llevaba dos barriles sujetados a los flancos del caballo.


El primer aljibe de la ciudad fue construido en la casa de la familia Basavilbaso, quienes eran envidiados por sus vecinos ya que ellos tenían agua fresca en cualquier momento del día, muy pocas casas tenían aljibe porque la construcción de este era muy costosa. Tampoco se podía beber el agua de los pozos porque era salobre.

"El aguatero" - Acuarela de Carlos Pellegrini, año 1831.

A pesar que el aguatero cargaba las cisternas en las orillas del río, el agua no era cristalina y necesitaba estar en reposo por veinticuatro horas para poder ser bebida. Para purificar más rápido el agua se solía poner un pedazo de carbón en las tinajas.



Pieza de colección








El lechero


Generalmente eran niños o jóvenes hijos de los chacareros de los alrededores. Iban a caballo y llevaban la leche en recipientes de barro, de estaño o de hojalata, colocados dentro de bolsas de cuero, que colgaban a uno y otro lado de la cabalgadura.


Lechera, por Cesar Hipólito Bacle.


Este oficio perduró hasta mediaqdos del siglo XX, cuando el lechero transportaba su mercadería en los recordados carritos artísticamente decorados por los fileteadores. Recorrían el barrio llevando la leche en sus característicos tarros, hasta la misma cocina de las amas de casa.

La vestimenta del lechero consistía en una camisa abierta con pañuelo anudado al cuello; bombachas negras ajustadas en el tobillo, alpargatas, boina y una faja de cuero color negro con amplios monederos. Visitaba cada domicilio llevando un tarro similar a los que transportaban la leche, pero de menor tamaño y un jarro con capacidad de 1 litro para servir la leche, con 4 marcas de un cuarto litro cada una.De lunes a sábados y a la misma hora, aparecía con su carga renovada diariamente.

Los tarros con leche eran colocados diariamente en determinadas estaciones de tren, por los tamberos de la Provincia de Buenos Aires en horas de la madrugada, llevándose un conjunto similar de tarros vacíos y limpios; los distintos colores de las tapas identificaban a sus dueños.


Lechero con su típico carrito (Mediados de siglo. XX).

Los lecheros coexistían pacíficamente y trabajaban en franca competencia. Cada uno tenía su clientela y era común ver, en una misma cuadra y a la misma hora, dos o tres carritos abasteciendo al vecindario. A una señal del lechero, el caballo avanzaba lentamente hasta la casa del próximo cliente, deteniéndose espontáneamente a la espera de una nueva orden.

Desde el cordón de la vereda hasta los fondos del corralón donde se encontraban las caballerizas, se extendía el tradicional camino de adoquines que permitía oir el inconfundible repiqueteo de las herraduras, a la hora del regreso. Allí se guardaban el carro, los caballos y se encontraba la salita reglamentaria para el lavado de taros, las medidas, los batidores y demás enseres que usaba el lechero durante la jornada diaria.

En 1960 se prohibió en la Ciudad de Buenos Aires la venta de leche sin pasteurizar. Las botellas de vidrio primero y los sachets después, provocaron la desaparición de las calles porteñas de este personaje y su popular carrito, al que los pibes solían subirse en el estribo trasero, para viajar colgados unos pocos metros por aquel Buenos Aires que se fue.

Pieza de colección






Panadera


En 1773 había 16 panaderías en Buenos Aires. En 1800 ya había 43. Las panaderías eran los lugares en los que se elaboraba el pan, tanto el blanco como el negro. También era importante la elaboración de bizcochos. Allí se hacía todo el proceso, desde la molienda en las tahonas, el amasado y el horneado. Luego, estos productos se vendían en el mercado, las pulperías, algunas casas particulares, las plazas o se repartía en las casas. 

Panadero de la calle San Martín, Buenos Aires.
Acuarela de León Palliere, c.1858.

Como muchos panaderos no cumplían con las normas sobre el peso del pan, el Cabildo le puso un número a cada panadería y obligó a marcar con ese número cada pan. Así, cuando, controlaban la calidad de un pan (que estuviera limpio y que pesara lo que debía), sabían qué panadero lo había hecho.

Pieza de colección







El vendedor de velas


Llevaba sobre el hombro un palo largo o caña, de cuyos extremos colgaban las velas de distintos tamaños por el pabilo (mecha). Generalmente las realizaba él mismo mediante cera y grasa para que puedan encenderse desde la parte superior mediante fuego.

Las velas se utilizaban tanto para alumbrar las casas como los salones de tertulia.

Litografía de César Hipólito Bacle.

Pieza de colección






El vendedor de escobas


El escobero iba tocando las puertas de las casas, en cada pueblo como de la ciudad, para vender un palo de madera con paja al final de su extremo el cual de distintos materiales hacía como rastrillo para barrer y sacar el polvo tan común en ese momento por las calles de tierra. 

Otro impacto importante que tenía el escobero, además de la venta de escobas y escobillones, es que intentaba ofrecer siempre lo mejor para mantener limpio el hogar y las personas que se encargaban de mantener limpia la casa de cada ciudadano veían muchas veces como un lujo el comprar un producto como éste, pero que a la larga lo obtenían ya que la limpieza fue un factor importante para diferenciarse de distintas clases sociales. Por lo tanto, el escobero muchas veces llevaba un plumero para plumerear lo que era muebles y mesas.

Litografía de César Hipólito Bacle.


Pieza de colección







Vendedoras de mazamorra, empanadas o tortas


La mazamorra es un plato frió el cual vendía en una olla o jarro grande que llevaba en donde podía, generalmente en la cabeza, o ya tenía preparado los diferentes potes para vender a los criollos. En esos días de mucho frió este plato típico de América se lo comía muchas veces como postre, ya que algunos lo comían caliente pero la mayoría frío porque era un postre realizado de agua, azúcar, maíz blanco principalmente y vainilla para darle ese gusto tan rico con una rama ya que no existía los colorantes o extractos como es hoy en día. 

Otra variante de la mazamorrera era vender lo que se conocía como mazamorra con leche lo cual era muy sabroso y tenia menos preparación pero gustaba mucho para comer rápidamente.

Mientras las mazamorreras caminaban, cantando su pregón, le leche se sacudía ¡Parece que esto le daba a la mazamorra un sabor riquísimo!

Vendedora de tortas (César Hipólito Bacle).

Vendedora de empanadas en Tucumán, c.1890. AGN,
Documento Fotográfico. Aficionados. Inventario 21338

Pieza de colección





Lavandera


También recorrían las calles las lavanderas negras o mulatas que iban hacia la playa llevando la ropa, el jabón y la tabla para refregar en enormes fuentones sobre sus cabezas y en una de sus manos la pava para calentar el agua para el mate.

Lavandera, por César Hipólito Bacle.
Mazamorrera y lavandera (réplica del Cabildo de San Luis).

Pieza de colección






Sereno


Sereno era el encargado nocturno de vigilar las calles y regular el alumbrado público y, en determinadas ciudades o barrios, de abrir las puertas. En algunas épocas y países, también solían anunciar la hora y las variaciones atmosféricas. Era habitual que fuesen armados con una garrota o chuzo, y usasen un silbato para dar la alarma en caso necesario. Como oficio, existió en España y en algunos países de Sudamérica desde el siglo XVIII. En Perú se denomina serenazgo a su servicio.

Sereno de Buenos Aires (1800)



En líneas generales y con ligeras variaciones según el país, era obligación de los serenos recorrer las calles de su demarcación protegiendo de robos y asaltos, evitando las peleas (incluso las domésticas), dar aviso de incendios y prestar auxilio a todo aquel que lo necesitara. En algunas ciudades se llamaban unos a otros por medio del silbato que llevaban o voceando contraseñas.

Los primeros serenos se documentan en España en el año 1715, creándose el Cuerpo de serenos el 12 de abril de 1765, siendo más tarde incluidos en un Real Decreto del 16 de septiembre de 1834, donde se regulaba la función de los serenos en las capitales de provincia.


Pieza de colección







Farolero


Cuando no existían iluminación eléctrica, el farolero era la persona encargada de encender los faroles de una población y mantenerlos en buen estado.

A cada farolero se adjudicaba un determinado números de los faroles y las calles en concreto a las que debía asistir. Debía encenderlos a una determinada hora en las noches oscuras y en las de luna a la hora que se les señalara. Debía acudir al amanecer por aceite y mechas para proveer a los faroles y mantenerlos limpios, lo que debía hacer a primera hora de la mañana. Para realizar su trabajo, los faroleros estaban provistos de un chuzo,

un pito, una linterna, escalera, alcuza y paños. Respondían del estado de los faroles que tenían asignados debiendo pagar los daños que les causaran.

Farolero (César Hipólito Bacle).

Darse voces de unos a otros desde las once de la noche, dictando la hora que era y el tiempo que hacía de cuarto en cuarto de hora no valiéndose del pito, sino para reunirse cuando necesitaran de auxilio.A menudo, compaginaban su labor de farolero con la de guarda y según este encargo, debían estar vigilantes toda la noche desde el momento que se encendían los faroles hasta el amanecer. Entre sus obligaciones figuraban:
  • Aprehender los malhechores o ladrones que encontrasen depositándolos en la guardia, cuartel o cárcel más inmediata
  • Avisar cuando hubiere fuego en alguna casa, al dueño de ella y después a la guardia más inmediata pero sin separarse de su puesto pues para todo debían pasar la palabra de unos a otros, como cuando algún vecino les pedía que solicitasen al médico, cirujano o partera.

Farolero encendiendo el último farol a kerosene de Buenos Aires, 1931.
Archivo General de la Nación. Documento fotográfico. Inventario 75914

Pieza de colección
















"Al Cabildo..." (22 de mayo de 1810)

 

Historia


La noticia de la caída de la Junta Central de Sevilla obliga al nuevo virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros, a convocar un Cabildo abierto para el 22 de mayo de 1810. Luego de acalorados debates y respaldados por las milicias criollas, se imponen aquellos que pretendían apartar al virrey del mando. En su lugar, el 25 de mayo de 1810 se forma una Junta de Gobierno, presidida por Cornelio Saavedra, el jefe de los Patricios. Se había producido la Revolución de Mayo.

Pieza de colección


Magnífico diorama construido en escala 1/35 por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/

Representa una escena colonial previa a los sucesos de Mayo de 1810. En la típica casa colonial,  con puertas, ventanas, farolas y tejas de estilo español; construida en resina, podemos observar dos damas antiguas con niños en sus brazos y dos caballeros vistiendo ropas civiles con galera. En el interior, se aprecian un banco y un retrato de Fernando VII.

Completamos la escena con tres soldados del Regimiento de Patricios (serie toy) desfilando en la calle y un soldado del Regimiento de Morenos haciendo guardia en una esquina















También montamos la escena con un desfile de la banda de música del Regimiento de Patricios.














video
Banda Militar 'Tacuari' del Regimiento de Infantería 1 "Patricios".   
Presentación en el Show de música de las naciones de 2003 en Bremen, Alemania.
http://www.volksbund-bremen.de/musikschau/orchester_en.html

 





Comisario de Guerra (1810)


Historia


Los Reyes Católicos de España fueron los primeros en crear con carácter militar a los comisarios de guerra Controladores que con el respaldo de distintas ordenanzas llevaban a cabo el control de efectivos, requisiciones y provisión de víveres, vestuario, acopio en depósitos, pagos de sueldos, etc. El Virrey Cevallos nombra al primer Comisario de Guerra e Intendente del Ejército y la Real Hacienda a Manuel Fernández (1776-1778). Durante las invasiones inglesas Liniers designa comisario General de Víveres a Antonio Antonini, quién creó la primera ración de combate compuesta por onzas de carne, pan, ají, sal, azúcar, tabaco y yerba.

Habiendo renunciado al cargo de "Comisario de Guerra" de la expedición auxiliadora al Alto Perú don Juan Gil, nombrado el 14 de junio de 1810 por la Primera Junta de Gobierno, ésta designó el 19 en reemplazo del dimitente, a don Antonio del Pino, miembro de la plana mayor, quien tendría “intervención en la guarda y todo lo económico de víveres, municiones y aprestos”. Por tal causa se reconoce esa fecha como la de la creación de la Contaduría General del Ejército. El comandante de intendencia Del Pino se mostró escrupulosamente cumplidor de su delicado cargo, acompañando al ejército durante toda la campaña y manteniéndose en frecuente comunicación con la real hacienda de la capital.

Comisario de Guerra en 1812 (por Fernández Rivas).

Posteriormente, nuestro ilustre Comisario del Ejército Don Gregorio Lemos participó en la logística para el Cruce de los Andes, en la libertad a Chile y Perú. El Servicio de Intendencia continuó participando en su apoyo en las guerras contra el Imperio del Brasil, contra el Paraguay, Campaña al Desierto y Organización del País. Finalmente, en el año 1895 el Presidente Uriburu aprueba la ley 3305 (Ley de Intendencia militares de suministro para el Ejército y la Marina). El primer Director fue el Coronel Acosta y en 1897 se crea la Sastrería Militar. En 1916 se crea la Dirección General de Administración, hoy Contaduría General del Ejército.

En 1946 se crea la Dirección General de Intendencia para funciones logísticas y la DGA pasa a cumplir funciones contables. En 1960 se crea el Comando de Intendencia.

En 1991 se disuelven las Compañías de Intendencia. En 1992 se modifica el nombre de Comando por el de Dirección de Intendencia, que consta de cuatro Departamentos (Ab y Mant, Adm Fin, Insp y Téc), cuatro Div (Planes, Inf, As Jur DICCyL) y una Comisión (CRE).

Fuente: http://www.intendencia.ejercito.mil.ar/

Pieza de colección


La figura exhibida fue confeccionada en aleación metálica y en escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/











Patricios de Salta (1810)


Historia


Cuenta Bernardo Frías, que recién a mediados de junio de 1810, Salta se enteró de la Revolución del 25 de mayo de 1810, de la deposición del virrey don Baltasar Hidalgo de Cisneros y de la constitución de la Primera Junta de Gobierno, presidida por el general potosino Cornelio Judas Tadeo Saavedra y Rodríguez, tal era su nombre completo es decir un mes más tarde.

Parece ser que recién, entre el 12 y el 15 de junio habrían llegado las primeras noticias, que sin duda, conmovieron profundamente a todo el vecindario.

Salta desde el principio apoyó el movimiento revolucionario, y más tarde con el liderazgo de Martín Miguel de Güemes fue la única provincia que casi en soledad mantuvo el fuego de la Revolución.

Enterados de los acontecimientos de Mayo en Buenos Aires, se congregó el Cabildo el 18 de junio de 1810 para tomar conocimiento formal de la revolución comunicada por la Junta, a raíz de lo cual se llamó a Cabildo Abierto, para el día siguiente 19 de junio, a las ocho de la mañana, hora en que comenzó la asamblea deliberativa.

Patricio de Salta (por Francisco Fortuny).
Patricio de Salta (por Eleodoro Marenco).

Las máximas autoridades del Cabildo de Salta en ese año, eran Mateo Zorrilla, español natural de la ciudad de Burgos, que oficiaba de presidente; Antonino Cornejo, Francisco Boedo, que eran salteños; José de Perisena y Juan Antonio Murúa que al igual que Zorrilla eran españoles, más los salteños Calixto Gauna y Nicolás Arias Rengel; y Juan Esteban Tamayo, que era nacido en el Perú.

El gobernador interino que presidía la Asamblea era Nicolás Severo de Isasmendi, quien tenía una fuerte influencia política, dentro del sector realista, por sus pasadas victorias en las expediciones militares al Chaco y en la guerra contra los Calchaquíes, desde el inicio se opuso a la revolución, al igual que el anciano obispo español Nicolás Videla del Pino.

Pero un punto clave en la decisión de sostener el pronunciamiento fue el de Mateo Zorrilla, quien pese a ser español, decidió apoyar decididamente la Revolución de Mayo, más la decisión del coronel Antonino Cornejo, quien puso el regimiento a su mando en defensa de la causa de la patria.

A él se le sumaron los cabildantes Pedro Antonio Arias Velázquez, Mariano Boedo, quien habría de sobresalir en la declaración de la independencia, Pedro José Saravia, Santiago Saravia, Francisco de Gurruchaga, y por cierto don Calixto Gauna, quien se ofreció a llevar lo más rápido posible a Buenos Aires, la adhesión del cabildo de Salta.


Inmediatamente, se ordenó que comenzaran a formarse los primeros cuerpos militares de Salta en apoyo de la Revolución de Mayo y se les dio el nombre de Patricios de Salta, Patricios de Jujuy, Escuadrón de Decididos, Voluntarios del Regimiento de Caballería y Escuadrón de Partidarios, quedando al mando de Eustoquio Moldes, Pedro José Saravia, Lorenzo Mollinedo, Gerónimo López, Domingo Puch y Calixto Gauna.

Junto a ellos se formaron los primeros escuadrones de Gauchos de Salta y de Jujuy, y se fue gestando un cuerpo de elite, que más tarde a las órdenes de Martín Miguel de Güemes, se llamó Los Infernales.
El Regimiento de Patricios de Salta aparece mencionado en la "Memoria histórico-biográfica" de Reducindo Alvarado, al mencionarse los sucesos posteriores a la derrota de Huaqui en Salta:
"El coronel don Tomás Allende... creyendo necesaria una fuerza que cubriese el servicio de esta guarnición, organizó una compañía titulada Patricios de Salta en la que fui colocado de teniente primero... El servicio ordinario de dicha guarnición no me privaba de atender mis negocios comerciales y por eso acepté ese empelo. Pero vino el contraste de nuestras fuerzas en el Desaguadero, y mi compañía fue obligada a cubrir las avenidas para detener los dispersos del ejército y reunirlos en esta ciudad, como se verificó en el número de más de seiscientos hombres de diferentes armas" (cit en Güemes, Luis: "Güemes documentado", Ed. Plus Ultra, T. 1, pág. 317).

Fuente: http://www.poresascosas.com.ar/rinconcito-salteno/15-la-revolucin-de-mayo-en-salta.html

Pieza de colección


La figura exhibida fue construida en metal y en escala 54 mm por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/










Milicia Patriótica de las Misiones (1810)


Historia



Fue creada por el General Manuel Belgrano durante su campaña al Paraguay en 1810. En su memorable “Reglamento dictado para el régimen Político, Administrativo y reforma de los Pueblos de Misiones”, del 30 de Diciembre de 1810, Belgrano dedicó 3 de sus artículos a la creación de esta Milicia:
“24.- Para disfrutar la seguridad del interior y del exterior se hace indispensable levantar un Cuerpo de Milicia que se titulará: “Milicia Patriótica de Misiones”, compuesto por nativos y españoles que vinieren a vivir siempre que su conducta los haga acreedor a tan alta distinción. En la inteligencia de que estos cargos tan honrosos, no se dan ya por favor, ni se prostituyen como lo hacían los déspotas del antiguo gobierno.
25.- Este cuerpo será una legión completa, de Infantería y Caballería, que irá deponiéndose por el Gobernador de los pueblos, igualmente que el Cuerpo de Artillería, con los conocimientos que se adquieran de la población y están obligados a servir en ella, según el arma que se los destine, desde los 18 a los 45 años, bien entendido que su objeto es defender a la Patria, la religión, sus propiedades, y se las ha de abonar diez pesos al mes, al soldado y en proporción a los cabos, sargentos y oficiales.
26.- Su uniforme para la Infantería será el de los Patricios de Buenos Aires. Sin más distinción que un escudo blanco en el brazo derecho con la inscripción que diga: “Milicia Patriótica de Misiones”. Y para la caballería el mismo con la distinción que llevarán casacas cortas”.
Es probable que esta Milicia desapareciera luego de la retirada de Belgrano del Litoral. Sin embargo, milicias similares continuaron existiendo en las provincias litoraleñas durante varios años.

En la actualidad, la Policía de la Provincia de Misiones es la heredera de las Milicias Patrióticas, conservando un Regimiento y una Banda de Música con el histórico uniforme.

video
Milicias Patrióticas y Banda de Música de la Policía de la Provincia de Misiones, 
en un acto conmemorativo del 9 de julio (2012).


Pieza de colección


La figura exhibida fue confeccionada en escala 54 mm (1/35) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/








Tambor de Tacuarí (1811)


Historia


Nació en septiembre 1798 en el Yaguareté-Cora, actualmente conocido como Concepción, en la provincia de Corrientes siendo hijo de Antonio Ríos, un maestro rural. A pesar de la poca información que se tiene sobre Ríos, se conocen algunos datos gracias a la narración de Francisco Benítez, un cronista de Concepción, en su libro Homenaje justiciero, la estatua al Tambor del Tacuarí que publicó en 1930

A fines de 1810 pasó por allí Manuel Belgrano con su reducido ejército, rumbo al Paraguay. Según Francisco Atenodoro Benítez, citado por Enrique Mario Mayochi, Belgrano con alguno de sus oficiales se dirigió al oratorio para rezar ante la imagen de San Francisco de Asís, patrono del poblado. Al salir de la capilla para visitar la escuelita local, fue rodeado por varios paisanos que le pidieron los incorporase al ejército. Entre ellos estaba el niño Pedro Ríos, por entonces de doce años, quien insistía en que Belgrano lo incorporase a su tropa.

Aunque sus datos son muy pocos y difusos, la referencia a su edad se desprende de los escritos de un oficial del ejército belgraniano, el general Celestino Vidal, quien había tenido más contactos con Pedro Ríos, el cual le habría manifestado, en el mes de noviembre de 1810, cuando el ejército había pasado por Yaguareté Corá, que había cumplido doce años un par de meses antes. Esa es la única referencia de los historiadores que han estudiado este tema para ubicar su nacimiento en septiembre de 1798.

No podemos negar que hay autores que descreen de que Pedro Ríos haya participado del ejército del general Manuel Belgrano; es más, algunos ni siquiera admiten su existencia, considerándolo sólo un eslabón de la rica historia de mitos y leyendas de nuestra historia patria.

Tambor de Tacuarí (escultura de Luis Perlotti).
Abad de Santillán, Diego: "Gran Enciclopedia Argentina", Ed. ,Ediar, Bs. As., 1966.

Narra don Francisco Benítez, cronista de Concepción, en su libro Homenaje justiciero, "La estatua al Tambor de Tacuarí", editado en 1930, que el ejército belgraniano había ingresado a Yaguareté Corá en la mañana del 26 de noviembre de 1810. Su primera actividad en el pueblo fue la de ir a rezar a la capilla junto a su plana mayor. 

Al retirarse de ese oratorio para ir a visitar la escuela del pueblo, se encontró en el atrio con algunos paisanos, quienes le solicitaron incorporarse a las filas del ejército patriota, encontrándose entre ellos Pedro Ríos, quien pedía insistentemente entrar al ejército. 

Este historiador incluso transcribe una conversación mantenida por Belgrano con el padre de Pedro Ríos, don Antonio Ríos, transmitida durante generaciones, quien le habría indicado que: "No sólo doy mi consentimiento, sino también ruego que lo acepte, porque yo, con mis 65 años de existencia, soy un hombre anciano y la entrega de mi hijo es la única ofrenda que puedo hacer a la Patria”. Aparentemente fue el propio Comandante Celestino Vidal, muy limitado en su vista por una vieja ceguera quien lo convenció a Belgrano para que Pedro pudiera servirle de lazarillo en la Campaña Libertadora del Paraguay. Así fue como el niño fue incorporado al Ejército Patriota, según el cronista mencionado.

La incorporación de muchachos y aun niños como tambores y pífanos era común en los ejércitos de la época, así como el ingreso de muchachitos como grumetes en los buques de guerra o mercantes. Gesualdo cita un decreto de la Comandancia General de Armas de 1814, por el cual se disponía que la policía recogiera a los muchachos que vagaban por las calles para que reemplazaran la falta de músicos en los regimientos recientemente formados. Ya en las invasiones inglesas los niños fueron regimentados, y muchos de ellos fueron tambores. En 1851, por un decreto de Rosas, los niños de 12 años eran incorporados como tambores al ejército. 

El 19 de diciembre el ejército belgraniano cruza el río Paraná hacia territorio paraguayo por Candelaria. El bautismo de fuego de Pedro fue el 19 de enero de 1811, a orillas del Yuquerí, primer ataque de las fuerzas patriotas contra una guardia paraguaya, que desembocó luego en la batalla de Paraguarí, donde Belgrano sufrió su primera derrota.

Tamborcito de Tacuarí (antiguo cuaderno).

Libro de Lectura de 3º grado, Fundación Eva Perón, 1º edición, 1953.

En esa ocasión, Pedro Ríos tuvo la misión junto a 70 soldados y 14 peones de fortificar las carretas del parque de armas, como así también el hospital de campaña. Derrotado Belgrano, se retiró hacia el río Tacuarí, pero 120 de sus hombres habían quedado encerrados, a merced del enemigo en la capilla de Paraguarí, lo que llevó al prócer dictar la orden de reunión para auxiliarlos. Allí, siempre según la historia oral, se produce el bautismo de Pedro Ríos como tambor, batiendo el parche para informar de la orden del prócer. El tambor titular ocupaba funciones de soldado en reemplazo de los que estaban en el oratorio.

En la batalla de Tacuarí, que tuvo lugar el 9 de marzo de 1811, se destacó la figura de Pedro Ríos en sus dos funciones, de guía del comandante Celestino Vidal y también batiendo los parches de su tambor. Belgrano, con 250 hombres, debió enfrentar a 2.000. Siete horas duraron las acciones. En cumplimiento de esas funciones en pleno desarrollo de las operaciones bélicas, fue alcanzado por dos proyectiles de fusil en el pecho, cayendo herido de gravedad y falleciendo minutos después, con heroísmo en el campo de batalla. El general Celestino Vidal decía hacia el final de su vida: “Lo recuerdo y me estremezco. Me parece estar viéndolo impasible avanzar a mi lado. Yo lo he visto caer y abandoné la lucha para socorrerlo. Murió de dos disparos en el pecho. Estoy seguro de que su muerte fue mi salvación, porque al detenerme, no caí como cayeron casi todos los del ala donde estábamos nosotros”.

Años después cuando Manuel Belgrano era conducido enfermo desde Tucumán a Buenos Aires, en un descanso en tierra cordobesa, recordó con mucho orgullo el rol del niño Pedro Ríos en el combate de Tacuarí. Entonces lo comparó con las niñas de Ayohúma como los recuerdos más fuertes y emotivos de su vida militar, puesto que estos niños en circunstancias adversas no claudicaron.

En el centro de la Plaza 25 de Mayo de Concepción se encuentra emplazada una estatua del Niño Héroe, el Tambor de Tacuarí, Pedro Ríos. Esta estatua fue inaugurada en el año 1929, durante la gobernación del doctor Benjamín González. La estatua es una réplica de la existente en el Colegio Militar de la Nación, obra del escultor Luis Perlotti, y fue fundida en el Arsenal de Guerra. Está montada sobre un pedestal de mampostería y tiene una placa homenaje del Círculo Militar, con la siguiente inscripción: "El Círculo Militar al Tambor Pedro Ríos, Muerto en el Combate de Tacuarí - 9 de marzo de 1811”.

Pedro Ríos, el Tambor de Tacuarí (estatua en Concepción).

También en La Plata, en la plaza Máximo Paz, existe un monumento a este verdadero mártir inocente de la Campaña al Paraguay.

Tambor de Tacuarí (Plaza Máximo Paz, La Plata).
Tambor de Tacuarí (Plaza Máximo Paz, La Plata).

Una importante avenida de la Ciudad de Posadas, Misiones, fue bautizada Avenida Tambor de Tacuarí, en su honor.

El tambor de Tacuarí no fue una leyenda sino una realidad. El niño-héroe debería ser recordado cada año en las escuelas, como dispuso el Consejo Nacional de Educación en 1912.

La Ley de la provincia de Corrientes Nº 5988, que establece el año 2011 como el Año del Tambor de Tacuarí y el 9 de marzo como Día del Niño Correntino. LA REIVINDICACION PROVINCIAL DE Pedro Ríos, de 12 años, el Tambor de Tacuarí, símbolo del heroísmo de la niñez en las gestas de la Patria.

video
Tambor de Tacuarí.


Mitre fue el primero que divulgó esta tradición. En su Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina, editada por primera vez en 1857, unas escuetas líneas relatan el episodio: 
“La infantería, formada en pelotones de ala, marchaba gallardamente con las armas a discreción, al son de paso de ataque que batía con vigor un tamborcillo de doce años que era, al mismo tiempo, el lazarillo del comandante Vidal, que apenas veía: pues hasta los niños y los ciegos fueron héroes en aquella jornada”.
En ningún párrafo Mitre refiere su muerte en acción.

También artistas plásticos y poetas argentinos se han inspirado en "El Tambor de Tacuarí", para perpetuarlo en la escultura, el cuadro, el poema; y cabe destacar la famosa composición de Rafael Obligado, segunda persona en ocuparse del Tambor de Tacuarí, en uno de los poemas más difundidos en la Argentina.

Según cita en la revista Todo es Historia (Nº 368, págs. 20-28), Ernesto Micheo Quiroga describe: “Obligado era muy amigo de don Carlos Miguel Vega Belgrano, con quien se carteaba. Este señor era nieto del prócer, por lo que es posible que el poeta oyera de sus labios esta tradición". Obligado, y especialmente Mitre, conocieron a muchos guerreros de la Independencia; alternaron con ellos y escucharon de sus labios, o de los de sus familiares, numerosos episodios históricos. Mitre, al referirse a Falucho, dejó constancia que conoció cómo murió, gracias a un relato escrito y a varios orales, por lo que se debe aceptar que escuchó de alguien lo ocurrido en Tacuarí.

Además, Obligado recorrió el país con el fin de recoger cuentos, leyendas y tradiciones para usar como temas en sus poesías. Estuvo en Corrientes en 1897, y con motivo de ese viaje escribió "A Corrientes". 

El poema "El Tambor de Tacuarí" está fechada en 1909. Tampoco en él se refiere la muerte del niño soldado.

El Tambor de Tacuarí

Es un grupo de argentinos
el que marcha a combatir;
es la Patria quien los mueve
y es Belgrano su adalid.
Con la bala y con la idea
traen de Mayo el boletín;
y las selvas paraguayas
van abriendo al porvenir,
mientras juega con sus chismes
el Tambor de Tacuarí.

Rompe el aire una descarga,
el cañón entra a crujir,
y un vibrante son de ataque
los empuja hacia la lid.
Bate el parche un pequeñuelo
que da saltos de arlequín,
que se ríe a carcajadas
si revienta algún fusil,
porque es niño como todos
el Tambor de Tacuarí.

Es horrible aquel encuentro:
cien luchando contra mil;
un pujante remolino
de humo y llamas truena allí.
Ya no ríe el pequeñuelo:
suelta un terno varonil,
echa su alma sobre el parche
y en redobles le hace hervir:
que es muñeca la muñeca
del Tambor de Tacuarí.

-¡Libertad! ¡Independencia!
parecía repetir
a los héroes de dos pueblos,
que entendiéndose por fin,
se abrazaron como hermanos;
y se cuenta que de allí.
Por América cundieron,
Hasta en Maipo, hasta en Junín,
Los redobles inmortales
Del Tambor de Tacuarí.

(poema de Rafael Obligado).

El parte elevado por Belgrano dice textualmente: “sólo cuento once muertos y doce heridos”. En el mismo no hay referencia al acto heroico del Tamborcito, pero cabe admitir que Belgrano no debió de informarlo a la Junta por considerarlo, quizá, uno de los tantos héroes de esa memorable jornada.

Tambor de Tacuarí (dibujo de la década de 1920).

La primera referencia escrita que se encontró sobre la muerte del niño está datada el 9 de julio de 1924. Ese día, el historiador Gómez, en su discurso pronunciado en la plaza 25 de Mayo de Corrientes, dijo: “ ... cuando Belgrano cruzó la provincia (... ) en su marcha hacia el norte, cruzó el pueblo de Concepción, se enroló un niño, sereno como nuestro cielo y fervoroso en sus pasiones como la roja flor de los ceibales. Su nombre se ha perdido en el horror de la tragedia para inmortalizarse por el poeta, como el "Tambor de Tacuary" y su figura surge en el recuerdo entre el hierro del coraje y la metralla ( ... ), sino el redoblado jadeante y épico del heroico tamborcillo, recostado en la cureña doblada de un cañón, en el repecho ardiente de la colina, su ropa en harapos flamea como una bandera, su pecho abierto, sus cabellos revueltos por el beso de la gloria, su rostro jubiloso de heroísmo, ponen en la tarde la nota más grande del heroísmo. Y es recién cuando la metralla enemiga quiebra su vida como un lirio y cesa el redoblado estupendo de los parches ..." . Curiosamente, en el tratado de historia de su provincia natal no menciona el episodio, a pesar de que su obra se publicó cuatro años después de que el mismo Gómez gestionara el emplazamiento de un monumento al niño héroe en 1929.

La segunda mención que se encontró sobre la muerte del niño está fechada en 1929, y pertenece a Francisco Atenodoro Benitez. Dice textualmente: “El Tambor de Tacuarí redoblaba sin cesar el paso de ataque que le habían ordenado sus superiores, hasta que cayó en el puesto de honor y sacrificios...”

Posiblemente todas las referencias posteriores estén basadas directa o indirectamente en las afirmaciones de Gómez y Benitez.

video
"Guapo Cunumí". Homenaje al Tambor de Tacuarí por Los de Imaguaré.

Algunas opiniones tienen la impresión de que una mala interpretación de algunos versos de la poesía de Obligado contribuyeron a la leyenda de su muerte en acción. Se basan para decir esto en la explicación que le daban sus maestros a algunas estrofas. Decían que el niño había dejado de reír porque había sido herido; y que la frase “echa su alma sobre el parche” significaba que había expirado porque su espíritu se había separado de su cuerpito. Como bien se puede apreciar, la lectura de esas líneas indican algo completamente distinto: “ya no ríe, porque ve a sus compañeros caer muertos o heridos o, simplemente, porque está impresionado por el fragor de la batalla, pero el niño se sobrepone al temor o a la tristeza, y bate el parche con tal energía que lo lace hervir. Solamente las últimas estrofas podrían interpretarse forzadamente como indicando su muerte: "Y se cuenta que de allí por América cundieron hasta en Maipó, hasta en Junín los redobles inmortales del Tambor de Tacuarí".

La información existente sobre el Tamborcito de Tacuarí proviene aparentemente de una tradición oral. No debe haber dudas sobre la presencia del niño en el combate. Surge de Mitre y Obligado, personas que recibieron información directa de guerreros de a independencia o de sus familiares. Su presunto deceso surge de una fuerte tradición correntina; es perfectamente lógico admitir que si un niño se encuentra en medio de un combate pueda caer herido de muerte por una bala.

Recientemente han aparecido algunos libros que analizan y documentan esta bella tradición oral. El libro de Carlos Hermann Guttner "Pedrito Ríos. El Tamborcito de Tacuarí" fue presentado en la Feria del Libro 2014.  Y en 2011, para el bicentenario de la batalla de Tacuarí, había sido presentado "El General Ilustrado y el Niño Héroe” del doctor Cesar Héctor Zarrabeitia.


Pieza de colección


La figura exhibida del Tambor de Tacuarí fue confeccionado en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/













Regimiento de Infantería Nº 1 "Patricios" (1811)



Historia


El 29 de mayo, sólo 4 días después de asumir el gobierno, la Primera Junta dispuso la creación, en base a los batallones de milicias existentes en Buenos Aires, de los primeros regimientos de infantería de línea, a la vez que anunciaba la futura formación de cuerpos de otras armas. Fue allí que nació oficialmente el Ejército Argentino, a partir de su embrión principal: la Legión Patricia.
"Los Batallones Militares existentes se elevarán a regimiento con la fuerza efectiva de 1116 plazas, reservado la Junta proveer separadamente sobre el arreglo de la caballería y artillería volante" (Decreto de la Primera Junta del 29 de mayo de 1810).
De esta forma, entre los regimientos creados el 29 de mayo, se hallaban:
  • Regimiento N° 1 de Infantería: se formó en base al Batallón N° 1 de Patricios.
  • Regimiento N° 2 de Infantería: se formó en base al Batallón N° 2 de Patricios.
El 8 de junio de 1810, la Junta dispuso por decreto que las compañías de "indios, pardos y morenos" que formaban el Batallón de Castas, se integrasen a los regimientos N° 2 y 3 bajo sus mismos oficiales.

Después de mayo, los efectivos de los regimientos 1 y 2 integraron las expediciones enviadas por Buenos Aires al interior del extenso territorio del ex virreinato para consolidar la libertad proclamada en la ciudad capital, batiéndose en el Alto Perú, en el Paraguay y en la Banda Oriental.

El 6 de julio de 1810 partió lo que luego sería el Ejército del Norte al mando del coronel Francisco Ortiz de Ocampo, llevando entre sus filas una compañía del Regimiento N° 1 y una compañía del Regimiento N° 2. El 3 de noviembre, la Junta creó el Regimiento N° 6 de Infantería en el norte argentino, sobre la base de los elementos de infantería llevados desde Buenos Aires (entre ellos, las dos compañías de patricios) y contingentes de Tucumán y Santiago del Estero.

Desde septiembre de 1810, fracciones de los regimientos N° 1 y N° 2 integraron la Expedición de Belgrano al Paraguay, participando en las acciones de Campichuelo Paraguarí y Tacuarí.

Desde marzo de 1811, fracciones de los regimientos de infantería N° 1 y 2 integraron la División de Vanguardia durante la primera de las Expediciones Libertadoras a la Banda Oriental. Tuvieron destacada actuación en el sitio de Montevideo, contra el virrey Francisco Javier de Elío.

El uniforme del Regimiento Nº 1 de Infantería se convirtió en el uniforme general de la Infantería en el período 1810-1812. Existen varias láminas que presentan algunas variantes.

Uniforme general de Infantería 1810-1812 (Guillermo Roux)
Granadero Regimiento Nº 1 de Infantería.
Uniforme de Gala (Fernández Rivas).

Soldado del Regimiento Nª 1 de Infantería.
Es la imagen más similar a las piezas exhibidas.

Piezas de colección


Las figuras exhibidas fueron confeccionadas en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/















General Manuel Belgrano




La figura multifacética del General Manuel Belgrano se encuentra profundamente ligada a la creación de la bandera nacional.

El 13 de febrero de 1812, Manuel Belgrano propuso al Gobierno la creación de una "escarapela nacional", en vista de que los cuerpos del Ejército usaban distintivos diversos.

El 18 de febrero del mismo año, el Triunvirato aprobó el uso de la escarapela blanca y celeste, decretando: "Sea la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, de color blanco y azul celeste..."

Entusiasmado con la aprobación de la escarapela, el 27 de febrero Belgrano diseñó una bandera con los mismos colores, enarbolándola por primera vez en Rosario, a orillas del río Paraná. Allí, en las baterías "Libertad" e "Independencia" la hizo jurar a sus soldados. Luego, mandó una carta al Gobierno comunicando el hecho. Este mismo día, el Triunvirato le ordenó hacerse cargo del Ejército del Norte, desmoralizado después de la derrota de Huaqui.
"Excmo. Señor:
En este momento que son las 6 y 1/2 de la tarde se ha hecho la salva en la Batería de la Independencia, y queda con la dotación competente para los tres cañones que se han colocado, las municiones y la guarnición.
He dispuesto para entusiasmar a las tropas, y estos habitantes, que se formasen todas aquellas, y les hablé en los términos de la copia que acompaño.
Siendo preciso enarbolar Bandera, y no teniéndola la mandé hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional: espero que sea de la aprobación de V. E.
Dios guarde a V. E. Muchos años,
Rosario 27 de Febrero de 1812".
(Carta de Belgrano al Gobierno Superior de las Provincias del Río de la Plata).
Oficio de Manuel Belgrano al gobierno de Buenos Aires,
comunicándole que " siendo preciso enarbolar bandera",
la ha mandado "hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional".
 Rosario, 27 de febrero de 1812.
AGN. Documentos Escritos. Sala X-44-8-29
Primer izamiento de la Bandera, por Rafael del Villar (1873-1952)
Primer izamiento de la Bandera en las barrancas del Paraná.

El 3 de marzo, el Triunvirato contestó la carta de Belgrano, ordenándole que disimulara y ocultara la nueva bandera y que, en su lugar, pusiese la que se usaba entonces en la Capital. La orden se debió a la preocupación por la política con el exterior. Pero, cuando la orden salía de Buenos Aires, Belgrano ya marchaba hacia el norte y, por esta razón, no se enteró del rotundo rechazo del Gobierno a la nueva bandera.
"La situación presente, como el orden y consecuencia de principios a que estamos ligados, exige por nuestra parte en materias de la primera entidad del Estado que nos conduzcamos con la mayor circunspección y medida; por esto la demostración con que Vuestra Señoría inflamó a las tropas de su mando enarbolando la bandera blanca y celeste, es a los ojos de este gobierno de una influencia capaz de destruir los fundamentos con que se justifican nuestras operaciones y las protestas que hemos anunciado con tanta repetición, y que en nuestras comunicaciones exteriores constituyen las principales máximas políticas que hemos adoptado. Con presencia de esto y de todo lo demás que se tiene presente en este grave asunto, ha dispuesto este gobierno, que sujetando Vuestra Señoría sus conceptos a las miras que reglan determinaciones con que él se conduce, haga pasar como un rasgo de entusiasmo el enarbolamiento de la bandera blanca y celeste, ocultándola disimuladamente y sustituyéndola con la que se le envía, que es la que hasta ahora se usa en esta fortaleza y que hace el centro del Estado; procurando en adelante no prevenir las deliberaciones del gobierno en materia de tanta importancia..."
(Oficio del Gobierno al General Belgrano).
El 25 de mayo de 1812, al frente del Ejército del Norte, el entonces General en jefe Manuel Belgrano movilizó sus tropas hacia Humahuaca. En San Salvador de Jujuy, enarboló al ejército de su mando la bandera en los balcones del Ayuntamiento, en vez del estandarte real de costumbre que presidía las festividades públicas. Allí, la bandera argentina fue bendecida por primera vez.

Bendición de la bandera nacional por el canónigo Juan Ignacio Gorriti
sostenida por Manuel Belgrano en la Catedral de San Salvador de Jujuy.


video
Bendición de la bandera en San Salvador de Jujuy.
("Bajo el signo de la Patria", Dir.: René Mugica, 1971).

El 27 de junio, el Triunvirato ordenó nuevamente a M. Belgrano que guardara la bandera y le recriminó su desobediencia.

Finalmente, el 18 de julio, el General contestó que así lo haría, diciendo a los soldados que se guardaría la enseña para el día de una gran victoria.

video
Belgrano ordena guardar la bandera "para el día de la victoria".
"Belgrano", 2010, Dir.:  Sebastián Pivotto.

Belgrano y la bandera, imágenes similares a la figura de colección.

Pieza de colección 1


La figura exhibida, confeccionada en escala 80 mm sobre matriz de Roume, nos presenta una imagen típica del General Belgrano en la iconografía: montado, de uniforme y portando la bandera nacional.








Pieza de colección 2

General Manuel Belgrano a pie, figura confeccionada en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Juan Manuel Valea: https://www.facebook.com/modelismo.medida/?fref=ts
 
Está claramente inspirada en la imagen de la portada del libro de Felipe Pigna, con un Belgrano con la chaqueta sobre sus hombros.
 
 


 

 

Pieza de colección 3


General Manuel Belgrano a pie, figura confeccionada en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/















Cazadores de Dorrego (Batalla de Salta)

 

Historia


El término de CAZADOR en las organizaciones militares fue empleado por primera vez por Federico I de Prusia en 1774 y se empleó para aquellas tropas formadas por cazadores y guardabosques que portaban sus propios fusiles, caracterizándose por su excelencia en el tiro, siendo su misión la de efectuar reconocimientos, exploración y encabezar los ataques. A Federico I lo siguió luego Inglaterra, Francia y España consecutivamente. 

El antecedente más remoto en nuestro territorio de tropas con estas características, aunque aún no se las denominaban Cazadores, fue en las Misiones Jesuíticas, durante el año 1640, cuando estos tuvieron que enfrentar los ataques de los Bandeirantes o Mamelucos Paulistas. Así es que se organizaron milicias guaraníes, y el 11 de marzo de 1641 se inició la Batalla de Mbororé con el fin de defendgr la Reducción de San Javier (actualmente la localidad de San Javier/ Provincia de Misiones) que se prolongó por una semana, donde se destacaron los elementos de exploración y ataque formados por indios Guaraníes que conocían perfectamente el terreno, utilizando las armas con gran destreza, por el hecho de que previo a ser reducidos eran los mejores cazadores de sus tribus. Este combate dio el pié inicial para que los Jesuitas comenzaran a organizarse más seriamente y designaran a la Reducción de San Javier como centro de entrenamiento de las fuerzas guaraníes. 

Años después, el Virrey Sobremonte, con motivo de la inminente invasión de tropas inglesas, ordenó el 4 de noviembre de 1806 al Comandante de Armas de Corrientes Don Pedro Fondevilla, que formara un ejército para marchar sobre Montevideo, que ya había caído en manos inglesas, y recuperarla. Se ordenó al Capitán Juan José Blanco que formara un cuerpo de cazadores, al que se lo denominó Cuerpo de Cazadores Correntinos, siendo esta la primera unidad en nuestro territorio denominada de CAZADORES.

Debido al ataque sobre Buenos Aires, el Cuerpo de Cazadores debió marchar sobre Buenos Aires, donde enfrentó al enemigo en los Corrales de Miserere el 2 de julio de 1807 y donde llevó a cabo misiones de guerrilla, distinguiéndose.



Cazadores Correntinos (por Eleodoro Marenco)

Ya emancipados de España y en plena organización de las Primeras Milicias Argentinas, se modifica la estructura de los batallones de infantería, agregándosele una subunidad de cazadores. Dentro de esta nueva organización, las compañías de infantería combatían en filas cerradas, mientras que las compañías de cazadores lo hacían en filas abiertas y por parejas. La selección para formar parte de estas subunidades se hacía con los soldados de mayor agilidad, en su combate y destreza en el tiro y tenían como misión adelantarse en los reconocimientos, proteger marchas y retiradas, y ejecutar acciones de guerrilla mediante combates de encuentro contra las avanzadas enemigas y la retaguardia, donde llevaban sus bagajes. 

En este período de la historia nacional, se envió el primer elemento de Cazadores de Monte. Este fue integrado por indios guaraníes y milicianos criollos al mando de Andresito Guacurarí, con la intención de defender el territorio de las invasiones portuguesas que se sucedieron entre 1816 y 1819. 

Así se continuó formando nuevos batallones de cazadores hasta finalizada la guerra de la Triple Alianza en 1870. Luego de la guerra se comenzó a desactivar estas unidades reemplazándolas por unidades de caballería ligera que pasaron a realizar las tareas de reconocimiento y exploración, desapareciendo por completo.

Producida la Revolución de Mayo, Dorrego retornó de Santiago de Chile (donde estudiaba Derecho) en 1811, cruzando los Andes con tres contingentes de 300 hombres por vez. En los años siguientes, fue coronel del ejército del Alto Perú, bajo las órdenes de Manuel Belgrano. Por su valiente actuación en la batalla de Tucumán, donde comandó el batallón de Reserva, Dorrego fue puesto al mando del Batallón de Cazadores la tropa de elite donde nuevamente se destacó en la victoria de la batalla de Salta, hecho fundamental para consolidar el poder del Triunvirato.

video
Belgrano ordena a Dorrego crear el cuerpo de Cazadores.
("Bajo el signo de la Patria", Dir.: René Mugica, 1971).

Enseguida, fue sancionado por su constante indiciplina. Quedó confinado en Jujuy, mientras ocurrían los desastres de Vilcapugio y Ayohuma, derrotas que, quizás, no se habrían producido si Dorrego hubiera estado al mando de los Cazadores.

 Oficial de Cazadores, por  Rodolfo Ramos.
Acuarela sobre cartón, 41 x 34 cm., año 1995.

El batallón de "Cazadores del Perú", primer cuerpo en su tipo, fue creado por el General Manuel Belgrano en 1812, como parte de las reorganización de las milicias del Ejército del Norte. Se organizó en 6 compañías armados con carabinas y fusiles rayados. Su primer jefe fue Carlos Forest.

Luego de la victoria de Tucumán, Belgrano recibió refuerzos de Buenos Aires y volvió a reorganizar su Ejército. Los Cazadores fueron engrosados y Dorrego pasó a ser su comandante.

Soldado del Cuerpo de Cazadores, del óleo sobre tela de Paul L. Hallez:
"El General Manuel Belgrano - Comandante del Ejército Auxiliar del Perú".

Este batallón de Cazadores tuvo varios jefes: Carlos Forest (Tucumán), Dorrego (Salta), Sargento Mayor Ramón Echeverría (Vilcapugio), Sargento Mayor Cano (Ayouma). Las victorias y las derrotas provocaban permanentes reorganizaciones del Ejército pero, sin dudas, el batallón de Cazadores quedó asociado a la figura de Manuel Dorrego como su comandante. El batallón fue definitivamente disuelto en febrero de 1814 como consecuencia de la derrota de Ayouma.

El uniforme de este cuerpo era de color verde, por lo que sus soldados fueron conocidos como los "chupas verdes" de Dorrego, en los tiempos de la batalla de Salta.

Piezas de colección


Las 3 figuras exhibidas de los Cazadores de Dorrego fueron confeccionadas en aleación metálica y en escala 54 mm por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/













Dragones de Cuzco (Batalla de Salta - realistas)


Los dragones eran soldados que, desde mediados del siglo XVI hasta principios del XIX, combatían como caballería (generalmente al ataque) e infantería (a la defensiva normalmente).

El Regimiento de Dragones del Cuzco fue creado en 1783.

Soldado del Piquete de Dragones de Cuzco (1783)

Su uniforme consistía en: casaca, calzón y capa encarnados; collarín, vuelta y solapa negros; botones dorados. El predominio del rojo combinado con la divisa negra en solapa, vuelta y collarín, hacen que este uniforme sea de los más vistosos, aun sin poseer grandes adornos.
"La cavallería y Dragones constaba de 54 hombres al cargo de 7 oficiales, y existiendo la primera clase en Tarma con el pie de 24 soldados montados bajo de las órdenes de un teniente, la segunda, que era una partida suelta de 30 Dragones, un teniente, un sargento y 4 cabos, estaban fixos en la ciudad del Cuzco con el designio de que á mas del servicio regular, instruyesen a los milicianos en las evoluciones" ("Memoria de los Virreyes que ha Gobernado el Perú, durante el tiempo del coloniaje español", Tomo 6: Frey Don Francisco Gil de Taboada y Lemos, p. 311. Ed. Librería Central de Felipe Bailly, Lima, 1859Ejemplar de la Universidad de Stanford).
 Teniente de Dragones de Cuzco (1811).

Figuras de colección



Las 2 figuras exhibidas de los Dragones de Cuzco fueron confeccionada en escala 1/35 (54 mm) por  Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/














video
Batalla de Salta, de la película "Bajo el signo de la Patria" (Dir.: René Mugica, 1971).







Segundo Tercio Cívico de Guardia Nacional (1813)

Historia


Al ser elevados a veteranos en 1810 los antiguos cuerpos de Milicias de Infantería, la Capital se quedó sin unidades de esta clase y recién a fines de 1811 se crea el 1º Tercio de Guardia Cívica, el que por decreto de 24 de febrero de 1814 recibe la nueva denominación de "Guardia Nacional de Infantería", siempre al mando de su primer Comandante don Manuel de Luzuriaga.

El 1º Tercio Cívico estaba organizado en 13 compañías, 2 de Granaderos, 10 de Fusileros y 1 de Artillería, todas compuestas de soldados ciudadanos sin sueldo, más un Sargento, un soldado citador y un Tambor, todos veteranos en cada Compañía.

En enero de 1815 se agrega al 1º Tercio Cívico una compañía de negros y mulatos libres mandados por oficiales blancos. En un estado de fuerzas del 26 de junio encontramos una nueva organización del cuerpo, ya que lo vemos compuesto por: 2 Batallones, cada uno con una compañía de Granaderos, una de Artillería, 4 de Fusileros, una de Cazadores y una de Zapadores.

Por decreto del 1º de noviembre de 1820 se ordena que con los Tercios Cívicos 1º, 2º y 3º se forme un regimiento de Infantería de Milicias, de 3 Batallones con la planta de los de línea y que se denominará "Legión Patricia".

Los milicianos se consignaban en un padrón y tenían una papeleta que lo señalaba.

Miliciano del Tercer Tercio Cívico, AGN, X, 29-11-6, Sumarios Militares, 410

Teniente Coronel del 2º Tercio Cívico en 1814, junto a Edecán del Director 
Supremo y Teniente de Húsares de la Guardia (lámina de Montaner).

El 2º Tercio Cívico


Como ocurrió con el 1º Tercio, el 2º fue creado a fines de 1811 bajo la denominación de Segundo Tercio de Guardia Cívica, compuesto de milicianos sin sueldo los que serían convocados sólo en caso de necesidad o peligro, quedando de servicio sólo los soldados veteranos del Cuerpo, Sargentos y Soldados Citadores y Tambores, los que estaban distribuidos en las 9 compañías del Cuerpo.

La Plana Mayor la componían un Comandante, un Sargento Mayor y 2 Ayudantes Mayores, todos veteranos.

El decreto del 24 de febrero de 1814 convierte al 2º Tercio Cívico en "Guardia Nacional de Infantería", y el 28 de enero del año siguiente se agrega una Compañía de negros libres de la Capital, teniendo agregada más tarde una Compañía de caballería de 3 oficiales y 50 soldados.

El 1º de noviembre de 1820 desaparece el 2º Tercio al refundirse con los 1º y 3º para formar un regimiento de 3 Batallones llamado "Legión Patricia", con la planta y la organización de los de línea pero siempre en clase de milicias de infantería.

Teniente Coronel Martín Galain, Jefe del 2º Tercio Cívico en 1813,
lámina de Jorge Héctor Fernández Rivas.

Tanto en la lámina de Montaner como en la de Fernández Rivas nos muestran el uniforme del Teniente Coronel jefe del 2º Tercio Cívico, donde apreciamos claramente la influencia francesa, según la moda impuesta por las tropas napoleónicas.

Este uniforme del Teniente Coronel es el de Gala, con sombrero de 2 picos (bicornio). En otras ocasiones, al igual que la tropa, podía llevar sombrero de copa alta con penacho.


Soldado del Segundo Tercio Cívico.
Acuarela existente en el Archivo General de la Nación.

Dado el excesivo costo de este uniforme el 26 de octubre de 1814 se autoriza uno nuevo a propuesta del comandante Antonio Luis Beruti.

Pieza de colección


La figura exhibida fue confeccionada en plomo y en escala 54 mm por Miguel Escalante Galain:  http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/

Partiendo de la lámina de Fernández Rivas, el autor realizó esta excelente pieza que representa a su tatarabuelo, el Teniento Coronel Martín Galain.











Zapador de Holmberg (1813)


Historia


El Ejército tuvo su origen, el 29 de mayo de 1810, en el decreto que se llamó “Reglamento de Milicia”. Por entonces se mencionaban como componentes a las unidades de las tres armas existentes hasta ese momento, a saber, Infantería, Caballería y Artillería.

Dentro de las unidades de Infantería, se incluía antes de la Revolución de Mayo un cabo de gastadores con seis soldados de esa especialidad por cada batallón; esto no se modificó luego de la revolución. No se crearon unidades de Ingenieros, pero continuó existiendo el “Real Cuerpo de Ingenieros” concebido en tiempos de la colonia. Este cuerpo junto con los gastadores pasaron a engrosar las filas del Ejército patrio.

Los orígenes del arma dentro del Ejército podríamos establecerlo cuando el Coronel San Martín, en septiembre de 1813, como Comandante de la Guarnición en Buenos Aires, propuso la creación de una sección de zapadores, compuesta por dos oficiales y cincuenta hombres de tropa con toda la dotación de útiles y herramientas que debían recibir la instrucción correspondiente. El 8 del mismo mes, el gobierno aceptó la propuesta y ordenó la creación de la Compañía de Zapadores poniendo al mando a un capitán, un teniente, un subteniente, sargento 1ro, cuatro sargentos y ocho cabos junto a cien soldados. La tarea quedó a cargo con grado de Comandante al Coronel Eduardo Kailitz, Barón de Holmberg. La compañía se estableció en el convento de la Merced, ubicado en la actual calle Tte Grl J. D. Perón y Reconquista en la ciudad de Buenos Aires.

Zapador (Oficial)
Zapador (Tropa)

El uniforme que usarían los zapadores a propuesta de su Comandante, la cual fue aprobada, consistía en una casaca color verde oscuro, abotonada al frente con una sola fila de botones plateados, cuello y puños de terciopelo negro con galón de plata y vivos color grana; pantalón blanco, botas altas o zapatones. Los oficiales generalmente usaban sombrero de tres picos (tricornio) a usanza española de color negro con galón de plata y escarapela o bicornio como la mayoría de los oficiales del Ejército. La tropa, en cambio, utilizaba un sombrero cilíndrico tipo morrión con guarniciones plateadas y penacho verde al frente con una escarapela en la parte superior; en esa época llevaban una calavera con las tibias cruzadas en metal plateado sobre la frente y los correajes de cuero en color blanco. El armamento consistía en carabina o fusil de chispa, en algunos oficiales pistola, machete o sable; estos machetes llevaban sobre el lomo de la hoja dientes de sierra con vaina de acero utilizados por la tropa. El equipo consistía en mochila de cuero para útiles, una manta y como principales herramientas de trabajo llevaban pala, pico, barretas, azadón o hacha. En campaña se utilizaban unas polainas de cuero grueso para protección de las piernas y delantales de cuero
No se puede precisar si este uniforme, en su totalidad, fue utilizado ya que el 22 de octubre de 1813 se estableció que el nuevo cuerpo se incorpore a engrosar las filas del Regimiento de Granaderos de Infantería.

Durante la guerra por la Independencia, los zapadores desempeñaron múltiples acciones, como la fortificación de la Quebrada de Humahuaca dispuesta por el Gral Belgrano año 1812 durante la campaña del Ejército del Norte, ya que dispuso la formación orgánica de un Cuerpo de Ingenieros integrándose al Estado Mayor del Ejército del Norte, el Barón de Holmberg como especialista en el manejo de tropas de Ingenieros.

Compañía de Zapadores (1813). Soldado (gala).
Lámina de Jorge Héctor Fernández Rivas.
Una vez en Tucumán, Belgrano resuelve presentar batalla ante el ejército realista superior en número al propio en los alrededores de la ciudad y, previendo que si las tropas patriotas fueran superadas, se ofrecería resistencia desde la misma ciudad. Para ello encomendó a los Ingenieros la construcción de fortificaciones, trincheras y reductos para la defensa. Luego de la batalla, las tropas patriotas ocuparon dichas defensas lo que motivó el total repliegue de los realistas. Para ese entonces, los uniformes de Ingenieros eran los mismos que utilizaba la Infantería, distinguiéndose por el penacho, cuellos y puños; el uniforme era azul.

Cuando San Martín se hizo cargo del Ejército del Norte, entre otras medidas adoptó la construcción de un campo atrincherado llamado Ciudadela, en forma de pentágono regular con bastiones para la artillería. Además se crea una academia de matemáticas para la instrucción de oficiales; los conocimientos adoptados fueron utilizados para la construcción de la fortificación. No se emplearon tropas de Ingenieros específicamente.

Durante el sitio a Montevideo, se emplazaron fortificaciones para alojar piezas de Artillería. El Barón de Holmberg fue nuevamente el encargado de dirigir la construcción de dichos emplazamientos con el grado de Coronel Ingeniero Militar, además de encargarse en la fundición de piezas y municiones de Artillería. Las tropas de zapadores provenían del Ejército del Norte y llegaron a actuar durante el sitio tres compañías de Ingenieros.

En el litoral argentino, se emplazaron baterías con el objeto de defender las costas ribereñas (las más conocidas son “Libertad” e “Independencia”), cuya construcción a las márgenes del Río Paraná a la altura de Rosario fue ordenada por el Gral. Belgrano.

Oficial de Zapadores (1813-1814).
Lámina de Guillermo Roux.

Durante la campaña de los Andes, San Martín previendo la dificultad del terreno formó el cuerpo de Ingenieros de los Andes, los cuales se encargaron de los relevamientos, construcciones de puentes, movimiento de cargas pesadas, recuperación de materiales caídos en los precipicios de la cordillera y apertura de pasos (remoción de obstáculos) para el paso de las tropas. Se contrataron trabajadores y capataces mineros de Cuyo (Barreteros), quienes poseían la destreza en el manejo de herramientas acostumbrados a desarrollar las duras tareas de zapadores en los Andes. El uniforme no variaba mucho del creado por el Barón de Holmberg en 1812, salvo que cubriendo la cabeza se utilizaba un sombrero de piel negro tipo cosaco con la calavera y tibias cruzadas en la frente en caso de la tropa.

El Gral. San Martín designó como Comandante de Ingenieros de los Andes al Sargento Mayor don Antonio Arcos, veterano de las fuerzas napoleónicas y que, luego de la caída de éste, abrazó la causa americana para la epopeya del cruce de los Andes. Se debió proveer las herramientas de zapadores: palas, picos y barretas, y se dotó, además, de materiales para la construcción de 43 mts de puente colgante (tableros, cuerdas y elementos de fijación del mismo), cabestrantes y anclones de fijación para la artillería y materiales pesados.

El Comandante de Ingenieros, junto a 90 “barreteros de minas”, avanzó en las operaciones adelantando la columna principal en tres grupos por Los Patos y una sección de 30 hombres lo hizo por Uspallata, acompañando el material pesado. Asimismo, cada regimiento contaba con una sección, un cabo y cuatro soldados gastadores.

Por lo expuesto, la invalorable tarea de nuestros Ingenieros se desarrolló a lo largo de toda la campaña por la Independencia y se extendió a Chile y Perú. 

Pieza de colección


La figura exhibida es un soldado zapador de Holmberg, confeccionado en escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/









Regimiento de Infantería Nº 2 (1814-1815)

Ejército del Norte


Historia


Carlos María de Alvear era comandante del Regimiento Nº 2 de Infantería cuando en 1814 se lo nombra comandante en jefe del Ejército Sitiador de Montevideo en reemplazo del general José Rondeau. El regimiento, reciente reestructurado, se unió al Ejército sitiador el 29 de mayo. Luego de la toma de Montevideo el Regimiento Nº 2 regresó a Buenos Aires dejando una compañía en dicha plaza.

En agosto de 1814 se separaron las 2 compañías de Pardos que se habían agregado en 1810, y con ellas se dispuso a engrosar las filas del Regimiento Nº 10. A la vez se crea el tercer batallón para reforzar el cuerpo incorporándose prisioneros españoles capturados en Montevideo.

El 21 de septiembre de 1814 se dispuso que los 2 batallones del Regimiento Nº 2 reforzaran el Ejército del Norte junto con otras tropas. Así partieron el 1º y 2º Batallón con 5 compañías cada uno. La Compañía de Granaderos del 2º Batallón estaba al mando del capitán Juan Manuel Cabot, el mismo que en 1817 comandara una de las columnas que cruzaron los Andes bajo las órdenes de San Martín.

En los últimos días de diciembre de 1814 se incorporó al Ejército de Rondeau en Tucumán, con un total de 1.100 hombres conforme indica el entonces capitán de Dragones José María Paz en sus memorias.

Fue en esos momentos cuando estalló la conspiración contra el general Alvear como comandante del Ejército del Norte para reemplazar nuevamente a Rondeau en su mando. Los oficiales a favor de Rondeau vieron un peligro en el Regimiento Nº 2 porque lo consideraban fiel a Alvear por haber sido su comandante y el que lo reorganizara en Buenos Aires a inicios de ese mismo año, por lo que decidieron arrestar a su comandante, Ramón Rosendo Fernández, y al segundo al mando, el coronel Vázquez, quedando al mando del capitán Juan Navarro, que era el comandante de la 4º Compañía del 2º Batallón.

Tras esta sublevación la disciplina del Ejército quedó muy afectada y es cuando se separan del Ejército a los soldados españoles que llegaron con los refuerzos de Buenos Aires.

Según García Cambá los prisioneros españoles incorporados al Regimiento Nº 2 planearon un complot para desarmar al regimiento, capturar a Rondeau y pasarse al Ejército Realista, pero fueron descubiertos y por tal motivo separados del Ejército. Por su parte, el capitán de Dragones José María Paz narra en sus memorias que los soldados españoles prisioneros en Montevideo que formaban en este regimiento, unos 300 hombres, fueron desarmados y remitidos a Salta, siendo su compañía de Dragones los encargados de escoltar a los soldados separados del Regimiento Nº 2, para que fueran empleados como peones.


Del libro Pedrazzoli, Daniel: "Uniformes del Ejército del Norte".

Tras la separación de los efectivos españoles de las filas del regimiento, éste quedó tan reducido en su fuerza que fue refundido con el Regimiento Nº 9, el cual también se vio reducido ya que en sus filas había efectivos españoles. 

En base al batallón que quedó en Buenos Aires el regimiento se remontó a 2 batallones y partió rumbo al Alto Perú bajo el mando del coronel Juan Bautista Bustos en el contingente comandado por el coronel Domingo French.

El uniforme del regimiento fue modificado en 1812, abandonando el uniforme general de la infantería, adoptando para gala uno compuesto por casaca azul con solapas blancas, divisa encarnada y sardinetas amarillas. En campaña se reemplazaba la casaca por una chaqueta con el mismo color y divisa. El cubrecabezas era una gorro de suela con cordones amarillos. 


Lucían en el brazo izquierdo el mismo escudo que el Regimiento Nº 1 ya que, al igual que dicho regimiento, éste se fundó en base a los efectivos del Cuerpo Voluntario de Patricios de Buenos Aires.

Las compañías de fusileros se diferenciaban por utilizar penacho blanco en los morriones, en tanto que los cazadores utilizaban penachos verdes.

Los granaderos lucían gorra de pelo pero en 1815 éstas fueron reemplazadas por gorras de suela con mangas y cordones encarnados. También sus casacas fueron reemplazadas por chaquetas más económicas con los mismos colores y sardinetas en los puños.

Los tambores lucían casacas con los colores invertidos, es decir rojas con la divisa azul, siendo las solapas también azules con galones y vivos blancos.

Fuente: Pedrazzoli, Daniel: "Uniformes del Ejército del Norte. Infantería - Alto Perú 1814-15".

Piezas de colección 1


Las figuras exhibidas son 2 fusileros del Regimiento de Infantería Nº 2 del Ejército del Norte, confeccionados en escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain:  http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/









Pieza de colección 2


La figura exhibida es un oficial del Regimiento de Infantería Nº 2 del Ejército del Norte, confeccionado en escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain:  http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/











Regimiento de Infantería Nº 7 (1814-1815)

Ejército del Norte


Historia


Fueron tres los regimientos de infantería que llevaron el numero 7. El que formó parte del Ejército del Norte en los años 1814 y 1815 fue el creado en el año 1813 por la Asamblea General Constituyente para el rescate de esclavos.

Cazador del Reg. Nº 4 de Infantería, Lancero de la Guardia Nacional,
Granadero del Bat. Nº 7 de Infantería "Libertos" (1814), por Miguel Montaner.

Se decidió enviar al Regimiento Nro. 7 al Alto Perú para reforzar las exhaustas fuerzas del General Belgrano que habían sido diezmadas en Ayohuma y marchó al mando del Teniente Coronel Toribio Luzuriaga formando parte del contingente que marchó con el Coronel San Martín llegando a Tucumán junto con el regimiento de Granaderos a Caballo en enero de 1814. (19)

Este cuerpo tenía una fuerza efectiva de 700 hombres, según detalla Bartolomé Mitre en su crónica (20), venía instruido en las tácticas modernas de combate por lo cual era el cuerpo modelo para el arma de infantería del ejército según las memorias de José María Paz (21)

Del libro Pedrazzoli, Daniel: "Uniformes del Ejército del Norte".

Tras la sublevación de Diciembre de 1815 contra el General Alvear, Luzuriaga es separado del mando por ser partidario del General Alvear y el General Rondeau dio el mando al Coronel Vidal (22) que era un comandante de conducta irreprochable conforme lo describe el General Paz en sus memorias.

Al hacerse cargo del ejército el General Fernández de la Cruz, este regimiento formó parte de la vanguardia comandada por Güemes. (23)

En Agosto de 1815, conforme el parte del General Rondeau, el regimiento estaba estacionado en Tarapaya junto con la artillería.

En el avance sobre Chayanta, a fines de Septiembre de 1815 marchó a la vanguardia junto con el regimiento 1 y el batallón de cazadores conforme indica Rondeau en su parte del 26 de Septiembre de 1815.

Formó en el ala izquierda de la línea de batalla en Viluma (Sipe-Sipe, 28 de noviembre de 1815).

Uniforme


El uniforme de gala del Regimiento Nro.7 era de casacas de paño grana con faldones cortos, vueltas y cuellos negros con sardinetas. Pantalones blancos con botines de paño negro.

Como cubrecabeza utilizaba la típica gorra de suela negra pero con una distintiva manga de paño encarnada sobre el lado izquierdo. Además lucían unos característicos cordones trenzados blancos y celestes al igual que los penachos que eran del mismo color. Completaba el morrión un escudo de metal amarillo.

En campaña las casacas eran sustituidas por chaquetas con el mismo color y divisa y la tropa calzaba alpargatas.

Del libro Pedrazzoli, Daniel: "Uniformes del Ejército del Norte".

Los granaderos se diferenciaban por llevar las típicas gorras de pelo correspondientes a su instituto, los faldones de las casacas largas y los botines más altos.

En invierno utilizaban un capote de paño azul.

Los tambores no vestían con los colores invertidos como era común, sino que vestían casacas de color blanco y las plumas de la gorra de suela era también blanca.

Fuente: Pedrazzoli, Daniel: "Uniformes del Ejército del Norte. Infantería - Alto Perú 1814-15".


Pieza de colección


La figura exhibida es un granadero del Regimiento de Infantería Nº 7 del Ejército del Norte, confeccionado en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain:  http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/













Regimiento de Infantería Nº 9 (1814-1815)

Ejército del Norte



Historia


El 13 de febrero de 1814 el general Rondeau propuso al gobierno crear un 9º Regimiento de Infantería con los efectivos de la 3º División Oriental de Infantería. Aprobada esta propuesta se concretó en el decreto de creación de la unidad el 3 de marzo de ese año.

Participó en el sitio de Montevideo hasta la rendición de la plaza y luego fue enviado al Ejército del Norte, donde asistió a la batalla de Sipe-Sipe luego de la cual fue reforzado con restos del Nº 6 y el Nº 7 disueltos tras la acción. Permaneció en este frente hasta 1820 en que en oportunidad de ordenarse su envío a Santa Fe, se sublevó con el resto del Ejército en Arequito, pasando a depender de la provincia de Córdoba, gobernada por Bustos.


Capitán del Regimiento de Infantería 9,
por Jorge Héctor Fernández Rivas.

Uniforme


Es uno de los pocos cuerpos del que se conserva la acuarela original que sirvió de "diseño" del uniforme de los oficiales y se halla en el Archivo General de la Nación. El uniforme representado consistía en casaca azul larga con cuello y puños encarnados con vivo blanco, solapas y vueltas del faldón blancas con vivo encarnado, botón amarillo, chaleco y pantalón blanco; medias, botas y bicornio con plumas. El pequeño uniforme era casaqueta de paño azul, cuello y vivo grana, pantalón de paño de color oscuro.


Lámina conservada en el Archivo General de la Nación.

Según Miguel Montaner, el uniforme de oficial del Regimiento 9 de Infantería se distinguía "con la diferencia de cubrir la cabeza con un amplio bicornio apuntado y tres plumas blancas, un fajín de color carmesí ceñido por cinturón de talabarte corto con espada recta y las bocamangas de pico alargadas por tres galones dorados como grado de capitán. Las botas eran de color con vueltas de distinto matiz, a la moda de los oficiales franceses".

Granadero en uniforme de gala, Cap. del Batallón de Cazadores de la Unión 
y Cap. del Reg. Nº 9 de Infantería (por el pintor español Miguel Montaner).

La tropa vestía para parada de casaca azul con solo vivo grana, botón blanco; para diario de chaqueta y calzón azul, gorra de paño azul con el número de lana al frente.

Del libro Pedrazzoli, Daniel: "Uniformes del Ejército del Norte".

Pieza de colección 1


La figura exhibida fue confeccionada en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/

Presenta a un oficial del Regimiento de Infantería Nº 9, claramente inspirada en la lámina de Fernández Rivas.




Pieza de colección 2



La figura exhibida fue confeccionada en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/

Presenta a un soldado del Regimiento de Infantería Nº 9 luciendo gorra cuartelera de manga con el número del Regimiento al frente.






Pieza de colección 3


La figura exhibida fue confeccionada en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/

Presenta a un Alférez del Regimiento de Infantería Nº 9.
















General José de San Martín


José de San Martín Cuadro de la Bandera (anónimo). Instituto Sanmartiniano.

Cronología


1778
El 25 de febrero nace José Francisco de San Martín en Yapeyú, el menor de cinco hermanos del matrimonio de Don Juan de San Martín y Gregoria Matorras.

Yapeyú, Corrientes. Casa donde nació el Libertador José de San Martín.
Foto del año 1899. AGN, Documento Fotográfico, Inventario 0375.

1781
Don Juan de San Martín regresa con su familia a Buenos Aires.

1783
La familia San Martín se traslada a España.

1784
La familia San Martín llega a Cádiz. Al poco tiempo se radican en Málaga.

1786
San Martín comienza sus estudios en el Real Seminario de Nobles de Madrid y en la Escuela de Temporalidades de Málaga.

1789
José de San Martín se incorpora como cadete al Regimiento de Infantería de Murcia, en España.

José de San Martín Cadete en el Regimiento de Murcia (1789). 
Por Jorge González Moreno (Instituto Sanmartiniano).

1791
Participa por primera vez en un combate, en Orán Norte de África.

1796
Muere su padre en Málaga.

1804
San Martín se destaca por su valentía y coraje en Cádiz.

1806
San Martín participa en numerosos combates en Portugal y Andalucía.

1808
Napoleón invade España y obliga a abdicar al rey Carlos IV y a su hijo Fernando VII a favor de su hermano, José Bonaparte. El pueblo español se organiza para resistir la invasión francesa. San Martín participa activamente de la lucha. Se incorpora como Capitán al Regimiento de Caballería de Borbón. Es distinguido por sus acciones contra los franceses, siendo nombrado Teniente Coronel. Su principal actuación fue en la gran victoria de la batalla de Bailén, del 19 de julio.

1810
San Martín se entera de que en su patria se ha producido la Revolución de Mayo y que hay un nuevo gobierno que se propone cambios profundos y decide volver a su patria.

1811
San Martín solicita y obtiene el retiro del ejército español. Parte hacia Londres y desde allí se embarca hacia Buenos Aires.

1812
San Martín llega a Buenos Aires junto a otros 17 militares americanos que habían militado en el ejército español. El 16 de marzo el Triunvirato le concede el grado de Teniente Coronel de Caballería. Crea el Regimiento de Granaderos a Caballo.

José de San Martín Arribo en Buenos Aires en 1812.
Óleo de Alexander Clark. Instituto Sanmartiniano.

Funda junto a Carlos María de Alvear la Logia Lautaro, una organización secreta que se proponía luchar por la libertad de América. Contrae matrimonio con Remedios de Escalada. Participa en el derrocamiento del Primer Triunvirato por considerarlo impopular y centralista. Esto lo enfrentará de por vida con Rivadavia.
Contrae matrimonio con María de los Remedios de Escalada, de 14 años.

José de San Martín Junto a Remedios de Escalada. Instituto Sanmartiniano.

1813
El 3 de febrero de 1813 y ante el desembarco de 300 españoles, se libró el Combate de San Lorenzo, frente al Convento, a orillas del río Paraná, bautismo de fuego de los granaderos.

Combate de San Lorenzo, óleo de Ángel Della Valle. Instituto Sanmartiniano.
  video
Combate de San Lorenzo.
("El Santo de la Espada", Dir.: Leopoldo Torre Nilson, 1969).

El 28 de marzo fallece en España su madre, Gregoria Matorras.

El 3 de diciembre se lo nombra Jefe del Ejército del Norte en reemplazo del General Belgrano derrotado en Vilcapugio y Ayohuma.

1814
Tras la derrota de Napoleón, Fernando VII vuelve al trono español y se propone recuperar las colonias americanas.

San martín se reúne con Belgrano en la Posta de Yatasto (Salta) y se hace cargo del Ejército del Norte. Concentra las tropas en Tucumán y encarga la defensa de la frontera Norte a Martín Miguel de Güemes a quien nombra Teniente Coronel. En mayo se deteriora su salud y se retira a Córdoba en compañía de su amigo Tomás Guido a recuperarse y preparar su plan continental: liberar a Chile y de allí embarcarse hacia el Perú y terminar con el poder realista en Lima (Perú).

En Buenos Aires, la Asamblea, dirigida por Alvear crea un poder ejecutivo unipersonal: el Directorio y es designado como primer director Gervasio Posadas, tío de Alvear, que nombra a San Martín como gobernador de Cuyo.

José de San Martín en Mendoza, óleo de Octavio Gómez. Instituto Sanmartiniano.

1815
Alvear, nombrado Director Supremo, ofrece a Inglaterra el protectorado sobre la Provincias Unidas del Río de la Plata. Todo el país se opone y se sublevan los ejércitos contra el Director que debe renunciar.

San Martín rompe con Alvear y la Logia se divide entre los partidarios de uno y otro.

1816
San Martín gobierna Cuyo fomentando la educación, la industria y la agricultura. Crea un sistema impositivo equitativo para que pagaran más los que más tenían.

El 24 de marzo se reúne el Congreso en Tucumán. San Martín, preocupado por la demora en sancionar la independencia dirige una carta al diputado por Cuyo, Godoy Cruz. El 9 de julio, finalmente, el Congreso declara la Independencia.

San Martín se entrevista en Córdoba con Juan Martín de Pueyrredón, nuevo Director Supremo, para solicitarle su apoyo para su plan continental. Es nombrado General en Jefe del Ejército de los Andes. El Ejército de los Andes se instala en el campamento militar del Plumerillo. 

El 24 de agosto nace en Mendoza Mercedes Tomasa de San Martín y Escalada.

1817
El 12 de enero se inició el Cruce de los Andes en dirección a Chile: 4.000 hombres y 1.200 milicianos de tropa de auxilio para conducción de víveres y municiones.

San Martín cruzando los Andes.

El 12 de febrero San Martín y su ejército, ya en Chile, derrotan a los realistas en Chacabuco. Dos días después San Martín entra en Santiago.

video
Batalla de Chacabuco ("Revolución - El cruce de los Andes" - 2011).

El 18 de marzo parte hacia Buenos Aires en busca de ayuda para proseguir su campaña.

1818
El 12 de febrero se proclama en Santiago la Independencia de Chile. La derrota sufrida en Cancha Rayada –el 19 de marzo– es superada ampliamente por el triunfo de Maipú el 5 de abril que consolida la independencia chilena.

El "abrazo de Maipú" entre San Martín y O'Higgins, 
de Pedro Subercaseaux. Instituto Sanmartiniano.

1819
San Martín desobedece la orden del Directorio de abandonar su campaña libertadora para reprimir a los federales del Litoral.

1820
El 1º de febrero las tropas federales de Estanislao López y Francisco Ramírez derrotan en Cepeda a las fuerzas del Directorio. Desaparece la autoridad nacional y cada provincia se maneja por su cuenta.

San Martín renuncia a su cargo de jefe del Ejército de los Andes, pero es confirmado por sus propios compañeros con la firma del Acta de Rancagua. Es designado general en jefe de la Expedición al Perú.

El 20 de agosto zarpa la flota libertadora hacia Lima. El 12 de septiembre San Martín desembarca en el puerto peruano de Pisco.

1821
El 12 de julio entra con sus tropas en Lima y proclama la Independencia del Perú.

San Martín proclamando la Independencia del Perú frente a la multitud reunida en la Plaza de Armas de Lima
(óleo de Juan Lepiani, en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú).

Es designado Protector del Perú.

El 28 de agosto suprime la esclavitud y la mita y crea la Biblioteca del Perú.

1822
Bolívar incorpora Ecuador a la Gran Colombia.

El 26 y 27 de julio se entrevistan los dos libertadores en Guayaquil. San Martín deja a Bolívar la conducción de la guerra y vuelve a Lima. Renuncia a todos los cargos y se dirige a Chile.

1823
Deja Chile y se traslada a Mendoza instalándose en su chacra de Los Barriales. El gobierno porteño, a través de Rivadavia, le niega el permiso para trasladarse a Buenos Aires y encontrarse con su familia.

El 3 de agosto muere su esposa, Remedios de Escalada, a los 25 años.

María de los Remedios de Escalada.

El 4 de diciembre San Martín llega a Buenos Aires, donde es acusado de conspirador por lo que decidió marcharse del país con su hija.

1824
El 10 de febrero se embarca rumbo a Europa junto a su hija Mercedes.

El 23 de abril llega a Francia donde le niegan la visa. Deberá seguir viaje rumbo a Inglaterra.

El 9 de diciembre el General Sucre gana la última y definitiva batalla por la independencia americana: Ayacucho.

1825
Escribe las máximas para su hija que por entonces estudiaba en Londres.

Luego de un breve período en Escocia, se instalaron en Bruselas y poco después en París.

1829
El 6 de febrero llega San Martín a Buenos Aires y al enterarse del fusilamiento de Dorrego decide no desembarcar y se instala por tres meses en Montevideo. Su negativa a participar de una guerra civil lo hizo regresar a Europa.

1830-31
San Martín y su hija se instalan en Francia, cerca de París y luego en Grand Bourg.


1832
El 13 de diciembre su hija Mercedes se casa con el médico de la familia, Mariano Balcarce.

San Martín anciano.

1832-47
En su exilio recibe la visita de personalidades de la Argentina: Juan Bautista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento, entre muchos otros.

En 1838 Francia bloquea el puerto de Buenos Aires. El 5 de agosto, en una carta, San Martín le ofrece a Rosas sus servicios militares. Rosas le agradece el gesto y le pide que haga gestiones diplomáticas.

En 1839, Rosas nombra a San Martín ministro plenipotenciario de la Confederación Argentina ante la República del Perú.

En 1845 se produce un nuevo bloqueo anglo-francés al puerto de Buenos Aires. San Martín lo condena y vuelve a ofrecer sus servicios.

En 1846 San Martín le escribe a Rosas felicitándolo por el coraje demostrado por sus tropas en el combate de la Vuelta de Obligado.

1848
Estalla en Francia el intento revolucionario de la Comuna de París contra la miseria y las malas condiciones de vida de los obreros. San Martín se traslada a Boulogne-Sur-Mer.

José de San Martín a los 70 años. Daguerrotipo tomado en París en 1848.

1850
El 17 de agosto muere en su casa a las 15 horas, a los 72 años de edad. En su testamento establece la donación de su sable a Juan Manuel de Rosas.

San Martín en su lecho de muerte.

1880
El presidente Nicolás Avellaneda logra el traslado de sus restos a la Catedral de Buenos Aires.



Excelente documental sobre "Las Batallas de San Martín"




Pieza de colección 1


General José de San Martín durante el Cruce de los Andes, luciendo el poncho pehuenche obsequiado por los indígenas luego de los parlamentos de septiembre de 1816.
En las vísperas del cruce de los Andes, y como parte fundamental de su estrategia en Cuyo, decide afianzar el vínculo con los pehuenches del sur de Mendoza, para lo cual mantuvo con ellos dos parlamentos: uno en septiembre de 1816 en el Fuerte San Carlos, adonde la delegación indígena de una cincuentena de caciques y capitanejos fue encabezada por el cacique Necuñán. El lenguaraz fue el fraile Francisco, “capellán de conversos”, “el indio Ynalicán”, de origen pehuenche, cura del Fuerte, y hombre-puente entre San Martin y los aborígenes.
 El segundo parlamento fue a fines del mismo año esta vez en el mítico campamento del Plumerillo. Aquí actuó como lenguaraz el indio Guajardo y se confirmaron las alianzas de septiembre para el resguardo de los pasos del sur de Chile, antes del cruce de los Andes. El parlamento se celebró una vez más en el círculo ceremonial, sentados en el suelo y fue esta la ocasión en que San Martín les dijo a los caciques su famosa frase “Yo también soy indio”.
Poncho pehuenche obsequiado a San Martín
(Museo Histórico Nacional).
En el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires se conserva una prenda excepcional que perteneció a San Martín y que le fuera regalada por los mapuches o quizás por los pehuenches de Mendoza en ocasión de los famosos parlamentos. Lo cierto es que este poncho es una prenda única, de un color y unos diseños con un lenguaje simbólico que trasciende a las palabras, y que transmiten un mensaje para su portador y para todos aquellos que sepan leer y decodificar esa simbología ancestral. Esta es una de las particularidades del denominado “arte originario”: el poder transmitir mensajes a través de otro lenguaje: el de los colores, de los diseños, de las formas.
El historiador chileno Pedro Mege Rosso en un muy interesante trabajo de investigación sobre los significados de esa prenda tan especial, sugiere luego de analizar los colores y los diseños, corriendo el velo de la simbología profunda encerrada en ellos, que para los pehuenches, San Martín era algo más que un reconocido jefe guerrero, era un hombre con atributos que lo acercaban a lo divino, un hombre de luz.

Figura confeccionada en aleación metálica y escala 54 mm (1/35) por Osvaldo Verón, similar a la de la lámina de Osprey: http://www.msminiaturas.com.ar/








Pieza de colección 2


General José de San Martín montado y con sable, en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm), fabricado por MS Miniaturas: http://www.msminiaturas.com.ar/








Pieza de colección 3


Miniatura de aleación metálica de 25 mm del General José de San Martín montado y cargando con su sable en mano.





 

 

Pieza de colección 4

 
La figura exhibida fue confeccionada en plomo sobre matriz de Roume en escala de 80 mm.

Resulta muy similar a varios monumentos a San Martín, como el ubicado en Retiro, que fuera la primera estatua ecuestre erigida en la República Argentina. En todas ellas, el Libertador, montado sobre un brioso corcel, señala con su brazo extendido hacia la cordillera (Ver más abajo).








La estatua ecuestre de San Martín se repite en numerosas ciudades argentinas y extranjeras. De este modelo clásico hay más de sesenta. El original de 1860 fue del escultor francés Luis Daumas, a pedido del gobierno municipal de Santiago de Chile.

Buenos Aires encargó una réplica al mismo escultor, que se inauguró en 1862 frente a la estación Retiro. Son casi iguales, pero en la de Chile, San Martín enarbola la Bandera de los Andes y la cola del caballo cae verticalmente hasta tocar la base metálica como un tercer punto de apoyo por precaución a los sismos. En cambio la argentina tiene la cola espectacularmente desplegada.

Todas las capitales de provincia tienen una, salvo Tierra del Fuego, además de otras ciudades importantes del interior y del exterior como México, Asunción, Bruselas, Montevideo, Madrid, Cádiz, Nueva York, etc.

La de Santa Fe fue la primera del interior y se inauguró el 30 de octubre de 1902, dándosele una importancia acorde, con la presencia del presidente Julio A. Roca.

En casi todas las estatuas, San Martín señala la cordillera. No así la de Santa Fe, que apunta hacia el oriente, un simbolismo masónico, como suelen afirmar los librepensadores.

Un caso curioso de información conforman las estatuas que hay en Entre Ríos. En 1908, año de bonanzas, se encargaron 5 estatuas al gobierno nacional para la capital provincial y otras ciudades importantes, para ser inauguradas en el Centenario de la Patria. Cuando Gualeguay se vio excluida reclamó y entonces se modificó el pedido y se aumentó a 6 estatuas. Pero las crónicas de la época ya habían registrado las 5 primeras y así se repitió en los libros de historia, actuales folletos de turismo, etc. En 1920, calladamente, la ciudad de Colón encargó otra por su cuenta, o sea la número 7, que es el total de estatuas ecuestres que tiene actualmente Entre Ríos.

La única estatua que se inauguró en el centenario del 25 de Mayo de 1910, acompañando a las entrerrianas fue la de la ciudad de Bahía Blanca. Pero ahí fueron más previsores; al pie del monumento enterraron un cofre de plomo con los diarios y publicaciones de ese año, monedas, objetos varios y ahora en el Bicentenario, lo desenterraron, enterándose de todo.

En esa misma fecha, se reinauguró la de Bs.As., que miraba hacia el oriente, con nuevas esculturas complementarias, ocasión que los porteños aprovecharon para darle vuelta.

Hay otros modelos, como el de Boulogne sur Mer con el caballo más sosegado, con réplicas en Rosario, La Plata, Luján y Mercedes, Pcia. de Bs. As., y la de escultores argentinos como Eduardo Noé en Escobar, y el de Antonio Berni, en el departamento San Martín, del Gran Bs. As.

La estatua ecuestre más joven, inaugurada en 2000, con motivo del sesquicentenario de la muerte del Libertador, está en la ciudad de París, en el gran parque Montsouris, donde se encuentra la ciudad universitaria con los edificios de los países que albergan a sus estudiantes becados. Nuestro San Martín está enfrente de la Casa Argentina y se puede ver entre el follaje de añosos árboles desde la ventanilla del tranvía que recorre el Boulevard Jourdan, que separa los dos predios, y que tiene la parada justo frente a la estatua ecuestre. La placa de bronce reza: “Homenaje permanente al virtuoso patriota argentino y sudamericano que vivió largos años en Francia y murió en Boulogne sur Mer el 17 de agosto de 1850”.


Plaza San Martín en Retiro (Buenos Aires).
Primera estatua ecuestre argentina, inaugurada en 1862.
Plaza San Martín (Mendoza Capital).
Plaza San Martín, del Departamento San Martín (Mendoza)
Parque de Mayo (Bahía Blanca - Pcia. Bs. As.).
Fue el 1º monumento de Bahía Blanca, construido en 1910.
Plaza San Martín (Azul - Pcia. Bs. As.).
Plaza General San Martín (Bragado - Pcia. Bs. As.).
Monumento inaugurado en 1938.
Plaza San Martín (Tres Arroyos - Pcia. Bs. As.).
Monumento inaugurado en 1952.
Parque General San Martín (Mar del Plata - Pcia. Bs. As.).
Plaza Independencia (Chascomús - Pcia. Bs. As.).

Río Cuarto (Pcia. de Córdoba). 
Monumento a San Martín, ubicado en Av. Argentina y Roca, ciudad de Neuquén.
Fue creado en 1954 cuando la ciudad cumplió 50 años.
Parque San Martín (Jujuy)
Plaza San Martín (Posadas - Pcia de Misiones).
Monumento inaugurado en 1935.
Plaza San José de Cádiz (España).
Central Park (Nueva York).
Regalada por la ciudad de Buenos Aires en 1950.






Regimiento de Granaderos a Caballo


Despiertan la evocación
de los héroes cuando pasan,
pero evocan, sobre todo,
la figura legendaria
del Supremo Capitán
de la luminosa espada,
que alumbró con su heroísmo
la epopeya americana.

("Granaderos", poema de Enrique P. Maroni).

Historia


El Regimiento de Granaderos a Caballo fue creado el 16 de marzo de 1812 por el General José de San Martín.


Desde San Lorenzo en 1813, su bautismo de fuego, hasta Ayacucho en 1824, el Regimiento combatió en donde se luchó por la libertad americana, dejando en Chacabuco, Maipú, Nazca, Jauja, Pasco, Riobamba, Chancay y Junín, entre otras acciones, claras muestras de su coraje, valor y sacrificio. Actuó en 20 campañas y sus efectivos participaron en 110 combates y conquistaron 22 condecoraciones.

En enero de 1826, ya de regreso en Buenos Aires y luego de participar de la epopeya emancipadora, los pocos que sobrevivieron a tantos años de lucha, depositaron sus armas en el cuartel del Retiro. Tras el regreso el Regimiento se disolvió, cerrándose así el primer ciclo de este glorioso Cuerpo de Caballería.

El 29 de mayo de 1903 el presidente Julio A. Roca firma el decreto de recreación del Regimiento luego de permanecer inactivo por 77 años. La unidad volvió a utilizar el histórico uniforme que dispusiera su fundador y, poco después, en el año 1907, se le confirió la función de ser Escolta Presidencial.


En esta segunda época el Regimiento ha sido testigo activo de los principales episodios que jalonaron la historia moderna de la República Argentina.

Pieza de colección 1


La figura expuesta fue confeccionada sobre matriz de Roume en escala 80 mm. Representa a un granadero de la Campaña de los Andes con su uniforme típico.




Pieza de colección 2


También confeccionada sobre matriz de Roume en escala 80 mm, presenta a un Granadero a Caballo trompeta de órdenes.

Como puede notarse, y siguiendo costumbres napoleónicas, el trompeta de órdenes de un regimiento utilizaba la chaqueta con los colores invertidos para ser distinguido por el jefe a la hora de darle órdenes.

Oficial y Trompeta del ejército napoleónico (1812).
Puede notarse la inversión de los colores del 
uniforme.

Uniformes correspondientes a un artillero a pie, un corneta montado, y un oficial a pie,
del Regimiento de Artillería Volante (1810-1811). Acuarela de José Balaguer.
Puede notarse la inversión de colores del uniforme del corneta montado.

En consecuencia, este granadero viste la casaca color rojo con vivos azules, en lugar del tradicional azul con vivos rojos.




Piezas de colección 3


Este otro granadero trompeta de órdenes luce el uniforme tradicional del Regimiento de Granaderos a Caballo. Fue confeccionado en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/






Piezas de colección 4


Dos granaderos a pie, un abanderado y otro con sable, confeccionados en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por MS Miniaturas: http://www.msminiaturas.com.ar/

Lucen el uniforme del Regimiento desde su recreación en 1903.







"Los 60 granaderos" (Intérprete: Los Chalchaleros).

 






El Ejército de los Andes





En mayo de 1814, antes de que el Ejército del Norte fuera aniquilado definitivamente en Sipe-Sipe, San Martín se había dado cuenta de que para detener el avance de los españoles era necesario cambiar de estrategia. Por eso decidió formar un ejército en Mendoza, con el objetivo de cruzar los Andes, recuperar Chile de manos del poder de los realistas y llegar a Perú, para ese entonces el centro del poderío hispano en Sudamérica. Para eso, logró que el Director Posadas lo nombrase Gobernador Intendente de Cuyo (con jurisdicción sobre las actuales provincias de Mendoza, San Juan y San Luis) el 10 de agosto de 1814.

El Cuerpo de Auxiliares de los Andes, elevado a la categoría de regimiento Nro 11 de Infantería, al mando de Juan Gregorio de Las Heras, sirvió de base para la creación del Ejército de Los Andes. Se le incorporaron dos compañías del regimiento Nro 8 de Buenos Aires y una batería de artillería. En 1815 se concentró en Mendoza el Regimiento de Granaderos al mando del coronel Matías Zapiola. San Martín también organizó las milicias de infantería y caballería de Cuyo. Los hombres de 16 a 50 años que no se presentaran voluntariamente mientras los españoles ocupasen Chile, serían sorteados. Así reunió 400 hombres, que se entrenaban en el campamento del Plumerillo. A fines de 1815, el Ejército de los Andes tenía menos de 2.000 soldados, pero para enero de 1817, superaban los 4.000.

Analizaremos las figuras de colección correspondientes a este Ejército de forma separada.







Escuadrón de Cazadores a Caballo (1817)


Historia


El Batallón 1 de Cazadores de los Andes fue creado por San Martín sobre la base del Batallón 11 de Infantería en agosto de 1816. Su primer Jefe fue el Coronel Rudesindo Alvarado. La vida de este Batallón igualmente es bastante corta y se limita simplemente al Cruce de los Andes y toda la Campaña en Chile, participando activamente en las principales batallas. Lamentablemente, este cuerpo en el año 1820 se pliega a la sublevación del Ejército del Norte en Arequito, cuando se encontraba acantonado en la Provincia de San Juan para su reorganización. Posteriormente, este cuerpo se perdió en las luchas internas.

El uniforme del Batallón Nº 1, era bastante parecido a las unidades de fusileros ingleses. Igualmente el uniforme de los Cazadores de los Andes era enteramente idéntico al del Batallón Nº 11 del cual, como dijimos anteriormente, se había desprendido. El mismo estaba compuesto de la siguiente forma:

TROPA y SUBOFICIALES:

            -Chacó cilíndrico tipo inglés con una corneta al frente, cordones y pompón verde.
            -Casaca y pantalón azul con vivos de color verde.
            -Correaje completamente blanco.

Para los oficiales era enteramente el mismo uniforme, pero no tenía las dos bandoleras blancas, sino que una sola al estilo caballería, y charreteras en los hombros.

En lo referente al armamento: fusil y sable bayoneta para los soldados y suboficiales; y solo sable para los oficiales.

Soldado del Batallón de Cazadores de los Andes, 
con uniforme y armamento reglamentario. 

Posteriormente, el 2 de marzo de 1817, San Martín creó para su escolta personal el Escuadrón de Cazadores a Caballo, en base al Escuadrón Escolta del Regimiento de Granaderos a Caballo, con dos escuadrones, que el 1º de mayo se elevan a tres. Este Escuadrón era una unidad independiente del Regimiento de Granaderos a Caballo.

Su primer jefe fue el Coronel Mariano Necochea. El Escuadrón tuvo brillante actuación en las batallas de Chacabuco y Maipú, marchando luego con la expedición libertadora del Perú.

El Escuadrón de Cazadores a Caballo eran la escolta personal del Gral. San Martín, y utilizaban estos vistosos uniformes verdes, alamares blancos en las casacas, y gorros de piel negra.

Escuadrón de Cazadores a Caballo.
(por Eleodoro Marenco).

Escuadrón de Cazadores a Caballo.
(por Jorge R. González Moreno).

Piezas de colección 1


El set presentado incluye 4 figuras en escala 25 mm: San Martín y 3 soldados del Escuadrón de Cazadores a Caballo con chacó, uno con la bandera del Ejército de los Andes y dos con sables.



 













 


Piezas de colección 2



La siguiente pieza del Escuadrón de Cazadores a Caballo escolta de San Martín fue confeccionada en escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain:  http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/












 

Artillero de los Andes (1817)


Historia


El Cuerpo de Auxiliares de los Andes, luego Regimiento Nro 11 de Infantería, al mando de Juan Gregorio de Las Heras, contaba con una batería de artillería con cuatro piezas, a las órdenes del sargento mayor Pedro Regalado de la Plaza, la cual se incorporó a mediados de diciembre de 1814.

Hacia octubre de 1815, el incipiente ejército contaba ya con unos 1.600 soldados de infantería, 1.000 de caballería de línea y 220 artilleros, con 10 cañones.

Mientras aumentaba el ejército, se presentaban problemas de difícil solución, pues había que vestir a las tropas y poner en condiciones de uso al armamento que, en su mayor parte, se hallaba en mal estado. Escaseaban, además, la pólvora y las municiones, careciéndose de medios para proveerse de ellas pues las únicas fábricas existentes –en Córdoba y La Rioja– no alcanzaban a satisfacer la demanda del Ejército del Alto Perú. El ingenio inagotable de San Martín zanjó en poco tiempo estas dificultades.

Durante el año 1815, las minas de Pismanta y Huayaguaz proveyeron 27 quintales de plomo y gran cantidad de azufre y las de Uspallata produjeron igualmente plomo y algo de plata. De este modo se lograron extraer de Cuyo los elementos para la fabricación de pólvora y los metales para alimentar las fraguas de fray Luis Beltrán.

O'Higgings y la maestranza de Fray Luis Beltrán (1817).

Con el concurso de un emigrado chileno, Dámaso Herrera, muy entendido en mecánica, se transformó el molino de Tejada en batán, accionado por el sistema hidráulico que poseía. San Luis contribuyó con bayetas de lana, las que una vez en Mendoza se teñían y se abatanaban hasta el grado de consistencia que se creía conveniente, y de estas bayetas o pañetes se vistió el ejército.

Del mismo modo, fue creada la maestranza y el parque de artillería, con la hábil dirección de fray Luis Beltrán, gran experto en matemática, física y metalurgia. En cuanto a la pólvora, dada la abundancia de salitre en la zona, se instaló un laboratorio con la dirección del ingeniero José Antonio Álvarez de Condarco, obteniéndose un producto de superior calidad y cubriéndose todas las necesidades previstas.


A estos organismos siguió la creación de otros, no menos importantes: la sanidad fue confiada al doctor Diego Paroissien; la vicaria castrense al sacerdote José Lorenzo Güiraldes; la comisaría del ejército a Juan Gregorio Lemos y la justicia militar, como auditor de guerra, al doctor Bernardo de Vera y Pintado.

En noviembre de 1816, se creó con los artilleros un batallón de 241 hombres con 18 piezas de diverso calibre.

Finalmente, a finales de 1816, el Ejército de los Andes disponía de 18 piezas de artillería, 1.500 caballos y 9.280 mulas.

Transporte en mulas de leña y artillería 1817.


1818 - Ejército de los Andes, cañón de 6 libras (batalla de Maipú).

video


Pieza de colección 1


La figura exhibida fue confeccionada en metal sobre matriz de Roume en escala 80 mm. Se trata de una pieza fuera de la producción standard, de las denominadas "conversiones", piezas especiales que conjugan partes de distintos moldes.

Junto al artillero con la baqueta se encuentra una mula cargada con un barril de pólvora y dos cajas con pertrechos.








Pieza de colección 2


Aquí vemos sólo al artillero con la baqueta, misma escala y producción que el diorama anterior.





Pieza de colección 3

 

Hermoso diorama de la fragua de Fray Luis Beltrán, construyendo los cañones para el Ejército de los Andes. Podemos ver a dos auxiliares indios trabajando y a Fray Luis parado sobre las balas de cañón.

Se utilizaron materiales varios, pero las figuras humanas y el cañón son de aleación metálica. Fue confeccionado en escala 1/35 (54 mm) por Juan Manuel Valea: https://www.facebook.com/modelismo.medida/?fref=ts























Baqueano de los Andes (1817)



Historia


La necesidad de los baqueanos como guías militares primaba a menudo en la consideración del Estado por sobre cualquier otra cosa. El baqueano era un asistente de enorme importancia para cualquier ejército en campaña. Conocedor a fondo del terreno, podía guiar a las tropas por senderos escarpados u ocultos, o podía conducir a la caballería enemiga hacia "campos malos" donde hierbas venenosas dejaban a los jinetes desmontados.

Cuerpo de Baqueanos del Ejército de los Andes (Marenco).

Domingo Faustino Sarmiento lo juzga de manera loable, calificándolo como "personaje eminente" e indispensable en las guerras:

"El Baqueano es un gaucho grave y reservado, que conoce a palmos veinte mil leguas cuadradas de llanuras, bosques y montañas. Es el topógrafo más completo, es el único mapa que lleva un general para dirigir los movimientos de su campaña. El Baqueano va siempre a su lado. Modesto y reservado como una tapia, está en todos los secretos de la campaña; la suerte del ejército, el éxito de una batalla, la conquista de una provincia, todo depende de él. 
El Baqueano es casi siempre fiel a su deber; pero no siempre el general tiene en él plena confianza. Imaginaos la posición de un jefe condenado a llevar un traidor a su lado, y a pedirle los conocimientos indispensables para triunfar. Un Baqueano encuentra una sendita que hace cruz con el camino que lleva: él sabe a qué aguada remota conduce; si encuentra mil, y esto sucede en un espacio de mil leguas, él las conoce todas, sabe de dónde vienen y a dónde van. El sabe el vado oculto que tiene un río, más arriba o más abajo del paso ordinario, y esto en cien ríos o arroyos; él conoce en los ciénagos extensos un sendero por donde pueden ser atravesados sin inconveniente, y esto en cien ciénagos distintos.
En lo más oscuro de la noche, en medio de los bosques o en las llanuras sin límites, perdidos sus compañeros, extraviados, da una vuelta en círculo de ellos, observa los árboles; si no los hay, se desmonta, se inclina a tierra, examina algunos matorrales y se orienta de la altura en que se halla, monta en seguida, y les dice para asegurarlos: "Estamos en dereseras de tal lugar, a tantas leguas de las habitaciones; el camino ha de ir al sur", y se dirige hacia el rumbo que señala, tranquilo, sin prisa de encontrarlo, y sin responder a las objeciones que el temor o la fascinación sugiere a los otros.
"Si aún esto no basta, o si se encuentra en la Pampa y la oscuridad es impenetrable, entonces arranca pastos de varios puntos, huele la raíz y la tierra, las masca, y después de repetir este procedimiento varias veces, se cerciora de la proximidad de algún lago, o arroyo salado, o de agua dulce, y sale en su busca para orientarse fijamente. El general Rosas, dicen, conoce por el gusto el pasto de cada estancia del sur de Buenos Aires."
"Si el Baqueano lo es de la Pampa, donde no hay caminos para atravesarla, y un pasajero le pide que lo lleve directamente a un paraje distante cincuenta leguas, el Baqueano se para un momento, reconoce el horizonte, examina el suelo, clava la vista en un punto y se echa a galopar con la rectitud de una flecha, hasta que cambia de rumbo por motivos que sólo él sabe, y galopando día y noche, llega al lugar designado" (Sarmiento, Domingo Faustino: "Facundo - Civilización y Barbarie", Ed. Librería La Facultad, Bs. As. 1917, Obras Escogidas T. II, Obras Completas T. VII, cap. 2, pp. 43-44).
Cruce de los Andes. San Martín encabeza la marcha junto a un baqueano
(Óleo de Pedro Maggi. Pinacoteca del Instituto Nacional Sanmartiniano).

El baqueano de la Patria


El recuerdo reverencia
a los que en dura batalla,
al fragor de la metralla
forjaron la independencia;
el baqueano fue la esencia
que nutrió cada victoria,
se emparentó con la gloria
en patrióticos combates,
y escribió en esos embates
una página de historia.


Señuelo del caudillaje
en aventuras remotas,
cuando marcó las derrotas
en inhóspito paisaje;
fue anónimo personaje
en las bélicas campañas,
un puntal en las hazañas
de lanzas y boleadoras,
y en “lides” libertadoras
de llanuras y montañas.


De mirada penetrante,
templado y adusto gesto,
con sutileza en su puesto
cumplió un papel de gigante;
fue el soldado trashumante
que gestó una etapa bella,
y se agigantó la estrella
de San Martín y Belgrano,
con la guía de su mano
orientadora en la huella.


Gaucho serio y cauteloso
dueño de sutil argucia,
rumbeador con fina astucia
en terreno cenagoso;
pertinaz, firme, ingenioso,
para hallar el rumbo cierto,
en bosques o campo abierto
dominaba cada atajo,
y conocía a destajo
los misterios del desierto.


Cruzó en las noches oscuras
con privilegiado tacto,
y en férreo y valiente acto
desbarató las conjuras;
fundado en razones puras
fue símbolo de hidalguía,
su arcaica sabiduría
se fue rindiendo al progreso,
pero ganó con exceso
el honor de una poesía.

(poema de Juan Carlos Pirali).


video
San Martín recibe al baqueano Villagrán.
("Revolución: El cruce de los Andes", 2011)


video
El baqueano indica el camino.
("Revolución: El cruce de los Andes", 2011)


Pieza de colección


La figura diseñada por Roume en escala 80 mm, nos presenta al típico gaucho baqueano que acompañó a San Martín en el Cruce de los Andes, iniciado el 17 de enero de 1817, similar al del cuadro de Pedro Maggi.













Compañía de Dragones de Plaza (1816)



Historia


Por resolución del Director Supremo, el 20 de abril de 1815 se crea una partida de caballería para el servicio de la Plaza, compuesta de 30 hombres, con un Sargento y 2 Cabos, debiendo ser en lo posible soldados retirados o licenciados no aptos para el servicio activo, siendo instruidos como Dragones. Su misión se reducía a servir como correos de la Ayudantía de la Plaza, cubrir guardias en establecimientos dependientes de esa Ayudantía, realizar patrullas dentro de la Capital como una especie de policía militar, y otras comisiones del servicio ordenadas por el Ayudante de la Plaza.

Tres meses después de su creación se eleva el número de hombres a 33, y el 4 de julio de 1816 a 100, siendo conocida ya como Compañía de Dragones de Plaza. Esta pequeña unidad la encontramos aún a mediados de 1820, siempre con su misión original, y es muy posible que haya sido disuelta a fines de ese mismo año.

Compañía de Dragones de Plaza, uniforme diario (1816).
Lámina de Jorge Héctor Fernández Rivas.

Uniforme


El uniforme autorizado a la Partida de Plaza en mayo de 1815 está compuesta por "chaqueta azul con vivos grana en la manga, cuello y en la gorra de cuartel" y "su armamento: sable con cinturón, carabina y pistola". Pese a los pocos detalles explicados en dicha propuesta Fernández Rivas manifiesta que ha podido reconstruir el uniforme guiándose por los modelos en uso en la época, completando la reconstrucción con numerosos datos posteriores hallados en varios recibos de provisión.

Ya en 1817 se proveen a esta unidad pantalones azules con vivos grana, entrepiernas y bota figurada de cuero negro, como así también gorras o shacó de suela para parada. El capota con esclavina es azul con vivos grana.


Pieza de colección



La figura exhibida fue confeccionada en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/

Está claramente inspirada en la lámina de Fernández Rivas.







 

 
 
 

Declaración de la Independencia

 

 

Antecedentes


El solemne momento del 9 de julio de 1816, ha sido representado hasta el cansancio en dibujos, pinturas y esculturas. Desde los libros escolares -y obviamente el “Billiken”- hasta esos trabajos de gran envergadura guardados en museos que nadie visita, artistas buenos y no tan buenos han rivalizado para representar a los congresales de Tucumán aclamando la Declaración de la Independencia.

En 1941, el diario "La Prensa" llamó a un concurso, para la ilustración histórica de su edición del 9 de julio de ese año. El premiado resultó el pintor Antonio González Moreno (1896-1968) y su acuarela se publicó, impresa en colores y a toda página, como tapa de la segunda sección del diario. Llevaba al pie un pequeño esquema para identificar a los retratados.

La ilustración muestra el sector de la presidencia del Soberano Congreso de Tucumán, en el momento en que se proclama la Independencia. Se advierte que el artista se documentó en los retratos existentes, para pintar a 16 de los 29 congresales que estuvieron en la sesión. Las figuras más notorias, de frente y al centro, son el presidente Francisco Narciso de Laprida, el secretario Juan José Paso (encorvado y leyendo el acta) y fray Justo Santa María de Oro. Entre estos dos, mira de frente Mariano Boedo.
 
Acuarela de Antonio González Moreno (1941).

Desde la izquierda, están José Darragueyra, Pedro Ignacio de Castro Barros y, de espaldas, con uniforme militar y el bicornio en alto, José Ignacio de Gorriti. En el bloque de la derecha, se distingue a Tomás Godoy Cruz, a Tomás Manuel de Anchorena, de perfil, con sombrero y bastón en la mano. En su hombro se apoya Pedro Medrano. Detrás de este, Pedro Ignacio de Rivera y Fray Cayetano Rodríguez. Asidos a los barrotes de la ventana, Eduardo Pérez Bulnes y Mariano Sánchez de Loria. Sobre el ángulo izquierdo, Antonio Sáenz habla con Esteban Agustín Gazcón.

El aire triunfal del conjunto respeta los cánones usuales de la pintura histórica argentina. No es la única ilustración que reconstruyó el 9 de julio de 1816; pero sí parece ser la más exitosa, dada la frecuencia con que se la reproduce hasta hoy.
 


Pieza de colección


Esta excelente escena de la Declaración de Independencia fue confeccionada en escala 1/35 (54 mm) por: http://www.msminiaturas.com.ar/

Está claramente inspirada en la pintura González Moreno. Salvo la mesa, todas las figuras son móviles, por lo que uno puede armar la escena variando la composición.






































General Martín Miguel de Güemes


Historia


Martín Miguel de Güemes, el líder de la guerra gaucha que frenó el avance español con sus tácticas guerrilleras, nació en Salta el 8 de febrero de 1785.

En 1790, el Regimiento Fijo de Buenos Aires destaca uno de sus Batallones, el Tercero, a la ciudad de Salta, donde permanece durante varias décadas. En 1799, Güemes comienza su carrera militar en dicho Batallón.

"En el mes de febrero de 1799, Martín Miguel de Güemes, que entonces tenía 14 años de edad, causa alta como cadete en la 6ª Compañía, Tercer Batallón, del Regimiento Fijo, donde tiene comienzo su carrera militar, comienzo del que tampoco se sabe gran cosa. Éste es un hecho probado, como que Güemes permanece en dicho Regimiento hasta el mes de octubre de 1805, con lo cual queda eliminada la posibilidad de que en el año 1801 estuviese prestando servicios en Buenos Aires, y en 1803 de paso por la ciudad de Montevideo [...]
No hay documentos que se ocupen detalladamente de lo que pudo hacer de singular Güemes en el Regimiento, pero quien consulte los documentos de la época podrá verificar su permanencia en el mismo. En los libros de Tesorería de la Intendencia de Salta, hay constancias de que durante aquellos seis años Güemes es cadete de dicho cuerpo militar. Uno de esos documentos hace constar que don Gabriel de Güemes y Montero, a la sazón Tesorero Ministro Principal de la Real Hacienda y Comisario de Guerra, certifica que se presentan «en revista, todos los individuos de la antecedente relación, incluso el cadete don Martín Miguelo de Güemes»" (Newton, Jorge: "Güemes. El caudillo de la guerra gaucha", Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1971, colección "Los Caudillos", págs. 14 y 15).

Con motivo de las invasiones inglesas, el Batallón salteño del Regimiento Fijo marcha hacia Buenos Aires. Allí Güemes participó en la defensa de Buenos Aires como edecán de Santiago de Liniers.

En esas circunstancias fue protagonista de un hecho insólito: la captura de un barco por una fuerza de caballería. Una violenta bajante del Río de la Plata había dejado varado al buque inglés "Justine" y el jefe de la defensa, Santiago de Liniers ordenó atacar el barco a un grupo de jinetes al mando de Martín Güemes.


El capitán británico Alexander Gillespie narra en sus memorias sobre la expedición al Río de la Plata, la captura de este mercante por los británicos y su posterior rendición ante una carga de caballería criolla.
"Había un buque mercante en este tiempo, que se había acercado a la ciudad para traficar, que nos fue de utilidad esencial. El «Justinia», de 26 cañones, una vez alijado, fue tripulado con oficiales y 100 marineros de la escuadra, además de su dotación. El día de nuestra rendición peleó bien y con sus cañones impidió todos los movimientos de los españoles no solamente por la playa, sino en las diferentes calles que ocupaban, también expuestas a su fuego. Este barco ofrece un fenómeno en los acontecimientos militares, el de haber sido abordado y tomado por caballería al terminar el 12 de agosto, a causa de una bajante súbita del río" (Gillespie, Alexander: "Buenos Aires y el interior", Ed. Hyspamérica, Biblioteca Argentina de Historia y Política Nº 22, Bs. As. 1986, pág. 79).
El historiador Jorge Newton confirma la participación de Güemes en este pintoresco hecho de armas.
"Nuestro eminente tradicionalista, el doctor Pastor S. Obligado, cuya respetable autoridad es indiscutida, recuerda que Güemes ensayó sus memorables cargas «en la playa del Plata, cuya bajante dejó en seco al buque de guerra inglés cooperando a su abordaje». Terminado el combate del 12 de agosto de 1806, se rinden los ingleses. Liniers comento los sucesos con Gutiérrez de la Concha, en el Bastión Norte: «Seguíalo –dice Obligado–, de cerca, bizarro joven de brillante uniforme que inclinado desde su niñez a la noble carrera de las armas, en que sus abuelos se distinguieron, había llegado el último año anterior desde las alturas de Salta –nido fecundo de patriotas–, a la Capital del Virreinato, incorporándose en el Regimiento Fijo por su residencia en ella». Advertido Liniers de que el buque inglés había varado, ordena a Güemes se comunique con Pueyrredón, acampado en la Batería Abascal, a fin de que soldados de caballería avanzaran por la playa hasta aproximarse al citado barco: «Menos tardó el ayudante Güemes –agrega Obligado–, en recibir la orden que en transmitirla, como los gauchos de Pueyrredón, ganosos porque no se les escapara la presa, en salir a galope tendido por la playa. Con el agua al encuentro de sus caballos, rompían el fuego las tercerolas, cuando asomó el jefe, haciendo seña con un pañuelo blanco desde el alcázar de popa, rindiéndose»" (Newton, Jorge: "Güemes. El caudillo de la guerra gaucha", Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1971, colección "Los Caudillos", págs. 16 y 17).
Tras la Revolución de Mayo, se incorporó al ejército patriota destinado al Alto Perú y formó parte de las tropas victoriosas en Suipacha. Regresó a Buenos Aires y colaboró en el sitio de Montevideo.

Pero Güemes no olvidaba su Salta natal, a la que volverá definitivamente en 1815. Gracias a su experiencia militar, pudo ponerse al frente de la resistencia a los realistas, organizando al pueblo de Salta y militarizando la provincia. El 15 de mayo de 1815 fue electo como gobernador de su provincia, cargo que ejercerá hasta 1820.






No existe ningún retrato oficial de Güemes. Esta carbonilla de medio cuerpo, realizada en 1902 bajo el relato de 3 de los nietos del héroe por Eduardo Schiaffino, que se encuentra en el Museo de Bellas Artes de la Provincia de Salta, es la imagen oficial de Güemes certificada por el Instituto Güemesiano de Salta.









A fines de noviembre de 1815, tras ser derrotado en Sipe Sipe, Rondeau intentó quitarle 500 fusiles a los gauchos salteños. Güemes se negó terminantemente a desarmar a su provincia. El conflicto llegó a oídos del Director Supremo Álvarez Thomas quien decidió enviar una expedición al mando del coronel Domingo French para mediar en el conflicto y socorrer a las tropas de Rondeau varadas en el norte salteño. Rondeau parecía más preocupado por escarmentar a Güemes y evitar el surgimiento de un nuevo Artigas en el Norte que por aunar fuerzas y preparar la resistencia frente al inminente avance español. Finalmente, el 22 de marzo de 1816 se llegó a un acuerdo: Salta seguiría con sus métodos de guerra gaucha bajo la conducción de Güemes y brindaría auxilio a las tropas enviadas desde Buenos Aires.

Dos días después, iniciaba sus sesiones el Congreso de Tucumán que designó Director Supremo a Juan Martín de Pueyrredón. El nuevo jefe del ejecutivo viajó a Salta ante las críticas y sospechas de muchos porteños, que dudaban de la capacidad militar de Güemes y sus gauchos. Pueyrredón quedó tan conforme que ordenó que el ejército del Norte se retirara hasta Tucumán y ascendió al caudillo salteño al grado de coronel mayor.

San Martín apoyó la decisión de Pueyrredón y confirmó los valores militares y el carisma de Güemes y le confió la custodia de la frontera Norte. Dirá San Martín: "Los gauchos de Salta solos están haciendo al enemigo una guerra de recursos tan terrible que lo han obligado a desprenderse de una división con el solo objeto de extraer mulas y ganado".

Belgrano también valoraba la acción de Güemes. De esta forma nació entre ellos una gran amistad. Esto le dice Güemes a su amigo en una carta: "Hace Ud. Muy bien en reírse de los doctores; sus vocinglerías se las lleva el viento. Mis afanes y desvelos no tienen más objeto que el bien general y en esta inteligencia no hago caso de todos esos malvados que tratan de dividirnos. Así pues, trabajemos con empeño y tesón, que si las generaciones presentes nos son ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria, que es la recompensa que deben esperar los patriotas".

El jefe de las fuerzas realistas, general Joaquín de la Pezuela, envió una nota al virrey del Perú, señalándole la difícil situación en que se encontraba su ejército ante la acción de las partidas gauchas de Güemes. "Su plan es de no dar ni recibir batalla decisiva en parte alguna, y sí de hostilizarnos en nuestras posiciones y movimientos. Observo que, en su conformidad, son inundados estos interminables bosques con partidas de gauchos apoyadas todas ellas con trescientos fusileros que al abrigo de la continuada e impenetrable espesura, y a beneficio de ser muy prácticos y de estar bien montados, se atreven con frecuencia a llegar hasta los arrabales de Salta y a tirotear nuestros cuerpos por respetables que sean, a arrebatar de improviso cualquier individuo que tiene la imprudencia de alejarse una cuadra de la plaza o del campamento, y burlan, ocultos en la mañana, las salidas nuestras, ponen en peligro mi comunicación con Salta a pesar de dos partidas que tengo apostadas en el intermedio; en una palabra, experimento que nos hacen casi con impunidad una guerra lenta pero fatigosa y perjudicial."


A principios de 1817, Güemes fue informado sobre los planes del Mariscal de la Serna de realizar una gran invasión sobre Salta. Se trataba de una fuerza de 3.500 hombres integrada por los batallones Gerona, Húsares de Fernando VII y Dragones de la Unión. Eran veteranos vencedores de Napoleón. Güemes puso a la provincia en pie de guerra. Organizó un verdadero ejército popular en partidas de no más de veinte hombres.

El 1º de marzo de 1817, Güemes logró recuperar Humahuaca y se dispuso a esperar la invasión. Los realistas acamparon en las cercanías. Habían recibido refuerzos y ya sumaban 5.400. La estrategia de Güemes será una aparente retirada con tierra arrasada, pero con un permanente hostigamiento al enemigo con tácticas guerrilleras. En estas condiciones las fuerzas de La Serna llegaron a Salta el 16 de abril de 1817. El boicot de la población salteña fue absoluto y las tropas sufrieron permanentes ataques relámpago. El general español comenzó a preocuparse y sus tropas empezaron a desmoralizarse. No lo ayudaron las noticias que llegaron desde Chile confirmando la victoria de San Martín en Chacabuco. De la Serna decidió emprender la retirada hacia el Alto Perú.

Las victorias de San Martín en Chile y de Güemes en el Norte permitían pensar en una lógica ofensiva común del ejército del Norte estacionado en Tucumán a las órdenes de Belgrano y los gauchos salteños hacia el Alto Perú. Pero lamentablemente las cosas no fueron así. La partida de San Martín hacia Lima, base de los ejércitos que atacaban a las provincias norteñas, se demorará en Chile por falta de recursos hasta agosto de 1820. Belgrano, por su parte, será convocado por el Directorio para combatir a los artiguistas de Santa Fe. Güemes y sus gauchos estaban otra vez solos frente al ejército español.

En marzo de 1819, se produjo una nueva invasión realista. Güemes se preparaba nuevamente a resistir. Sabía que no podía contar con el apoyo porteño: su viejo rival José Rondeau era el nuevo Director Supremo de las Provincias Unidas. La prioridad de Rondeau no era la guerra por la independencia sino terminar con el modelo artiguista en la Banda Oriental, que proponía federalismo y reparto de tierras. El nuevo director llegó a ordenarle a San Martín abandonar su campaña libertadora hacia el Perú y regresar a Buenos Aires con su ejército para reprimir a los federales. San Martín desobedeció y aclaró que nunca desenvainaría su espada para reprimir a sus compatriotas.

El panorama de la provincia de Salta era desolador. La guerra, permanente, los campos arrasados y la interrupción del comercio con el Alto Perú habían dejado a la provincia en la miseria. Así lo cuenta Güemes en una carta a Belgrano: "Esta provincia no me representa más que un semblante de miseria, de lágrimas y de agonías. La nación sabe cuántos y cuán grandes sacrificios tienen hechos la provincia de Salta en defensa de su idolatrada libertad y que a costa de fatigas y de sangre ha logrado que los demás pueblos hermanos conserven el precio de su seguridad y sosiego; pues en premio de tanto heroísmo exige la gratitud que emulamos de unos sentimientos patrióticos contribuyan con sus auxilios a remediar su aflicción y su miseria". Pero los auxilios no llegaron nunca y la situación se hacía insostenible porque las clases altas de Salta le retaceaban su apoyo por el temor de aumentar el poder de Güemes y por la desconfianza que le despertaban las partidas de gauchos armadas a las que sólo toleraban ver en su rol de peones de sus haciendas.

En 1820, la lucha entre las fuerzas directoriales y los caudillos del Litoral llegó a su punto culminante con la victoria de los federales en Cepeda. Caían las autoridades nacionales y comenzaba una prolongada guerra civil. En ese marco, se produjo una nueva invasión española. En febrero, el general Canterac ocupó Jujuy y a fines de mayo logró tomar la ciudad de Salta. San Martín, desde Chile, nombró a Güemes y le pidió que resistiera y le reiteró su absoluta confianza nombrándolo Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú. A Canterac no le irá mejor que a La Serna: terminará retirándose hacia al Norte.

"Martín Miguel de Güemes en su uniforme de gala". Oleo sobre tela de M. Prieto.
Se encuentra en el Museo Histórico R C Lig 5 - "Gral. Güemes" - Infernales.

El año 1821, fue sumamente duro para Güemes porque a la amenaza de un nuevo ataque español se sumaron los problemas derivados de la guerra civil. Güemes debía atender dos frentes militares: al Norte, los españoles; al Sur, el gobernador de Tucumán, Bernabé Aráoz que, aliado a los terratenientes salteños, hostigaba permanentemente a Güemes, que será derrotado el 3 de abril de 1821. El Cabildo de Salta, dominado por los sectores conservadores, aprovechó la ocasión para deponer a Güemes de su cargo de gobernador. Pero a fines de mayo Güemes irrumpió en la ciudad con sus gauchos y recuperó el poder. Todos esperaban graves represalias, pero éstas se limitaron a aumentar los empréstitos forzosos a sus adversarios.

Estas divisiones internas debilitaron el poder de Güemes y facilitaron la penetración española en territorio norteño. Los sectores poderosos de Salta no dudaron en ofrecer su colaboración el enemigo para eliminar a Güemes.

El coronel salteño a las órdenes del ejército español José María Valdés, alias "Barbarucho", buen conocedor del terreno, avanzó con sus hombres y ocupó Salta el 7 de junio de 1821. Valdés contó con el apoyo de los terratenientes salteños, a los que les garantizó el respeto a sus propiedades.

Güemes estaba refugiado en casa de su hermana Magdalena Güemes de Tejada, "Macacha". Al escuchar unos disparos, decidió escapar a caballo pero, en la huída, recibió un balazo en la espalda. Llegó gravemente herido a su campamento de Chamical con la intención de preparar la novena defensa de Salta. Reunió a sus oficiales y les transfirió el mando y dio las últimas indicaciones. Murió el 17 de junio de 1821 en la Cañada de la Horqueta. El pueblo salteño concurrió en masa a su entierro en la Capilla de Chamical y el 22 de julio le brindó el mejor homenaje al jefe de la guerra gaucha: liderados por el coronel José Antonio Fernández Cornejo, los gauchos de Güemes derrotaron a "Barbarucho" Valdés y expulsaron para siempre a los españoles de Salta.

Fuente: http://www.elhistoriador.com.ar/biografias/g/guemes.php

El general Paz dice en sus “Memorias” que Güemes “principió por identificarse con los gauchos, adoptando sus trajes en la forma, pero no en la materia, por que era lujoso en su vestido, usando guardamontes y afectando las maneras de aquellas gentes poco civilizadas”. Y en una nota añade: “posteriormente y siendo ya gobernador de Salta, hasta cuando paseaba en la ciudad solía poner guardamontes por ostentación; y llegó a tenerlos de mucho lujo de tela fina y costoso bordado. Su vestido era, por lo común, de chaqueta, pero siempre con adorno sobrecargado, ya de pieles, ya de bordado y cordones de oro y plata”.

Pieza de colección 1


Figura del General Martín Miguel de Güemes confeccionada en aleación metálica y escala 80 mm sobre matriz de Roume.

Se trata de una pieza fuera de la producción standard, de las denominadas "conversiones", piezas especiales que conjugan partes de distintos moldes.







Pieza de colección 2


La figura exhibida presenta a Güemes con uniforme de gala, similar al óleo de M. Prieto, con banda celeste, montado y con el típico guardamonte de los gauchos del Norte. Fue confeccionada en escala 54 mm (1/35) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/














Infernales de Güemes

 

Historia


La tropa más conocida del general Güemes es su Escuadrón de "Infernales".  Dice la leyenda que un cura "godo" en un sermón denomina a un regimiento llegado a su ciudad vestido de blanco como "angélicos"; al enterarse Güemes de ésto, decide vestir a sus soldados de rojo y denominarlos "infernales".
Fue creado por disposición de Güemes, en su carácter de gobernador Intendente de la Provincia de Salta, en Oficio del 12 de septiembre de 1815, elevado al Director Supremo del Estado.

Los fundamentos esgrimidos fueron que convenía reunir en un cuerpo orgánico a los gauchos, que hasta ese entonces habían combatido desinteresadamente por la libertad de la Patria, expresándolo así:
"No dudando del beneplácito de V. E. he organizado una división de caballería, compuesta de dos escuadrones de a dos compañías, cada una de cien plazas; y he dispuesto se les instruya en todo lo necesario al desempeño del servicio de infantería, para que puedan ser ocupados así a pie como a caballo, con la denominación de División Infernal de Gauchos de Línea. A la fecha se halla con la fuerza que manifiesta el Estado que adjunto a V. E. armado por ahora con fusil y bayoneta. Su disciplina es ya regular en una y otra arma, tanto que la considero suficiente para el desempeño del servicio en campaña y en guarnición".
Creación de la "División Infernal de Gauchos de Línea".
"Güemes Documentado", T. 2, p. 316.
La creación de esta unidad, destinada a combatir a pie o a caballo, revelaba el interés de Güemes de disponer de una unidad del tipo de los "Dragones" de los españoles, apta para su movilidad para cubrir largos trayectos y efectuar la defensa a pie de pasos, desfiladeros, bañados o lugares de difícil tránsito o acceso.

En el borrador de contestación el gobierno central expresa:

Respuesta negativa del Director Balcarce.
"Güemes Documentado", T. 2, p. 317.

Para comprender la negativa del gobierno nacional baste señalar que el tercer ejército auxiliar del Perú, al mando de Rondeau, sería derrotado en noviembre de ese año en Sipe Sipe, es decir, un mes después del requerimiento de Güemes que, ya para ese entonces, no dudaba de esa suerte, dada la indisciplina y escasa efectividad de aquella tropa.

Según Vicente F. López, los Infernales estaban uniformados en la siguinte forma:
“los soldados estaban vestidos de chaqueta, punzoes, pantalones blancos y sombreros altos encopetados con plumas blancas. Los oficiales llevaban el mismo pero con gorros de manga larga, adornados con galones, cuya punta caía sobre el hombro izquierdo. Güemes vestía del mismo modo, distinguiéndose por su capa corta y flotante de color de grana también; y como era el oficial más lujoso del ejército, llevaba el pecho cruzado de alamares vistosos, y el caballo todo adornado con ricas prendas de oro y plata. Jamás andaba a pie, y me ha referido con frecuencia el secretario de aquel ejército (D. Vicente) cuan prestigiosa era la figura de este comandante hacia en las calles ondulosas y quebradas de Potosí cuando las tropas argentinas entraron por primera vez en la ciudad que era todavía en aquel tiempo la capital del lujo y de la opulencia en el virreinato de Buenos Aires”.


Oficial del Escuadrón de Infernales, por Eleodoro Marenco.
Montado en mula y armado con sable y carabina.

Describiendo el indumento de los gauchos, dice el general Miller: “un sombrero redondo pequeño, una camisa, un poncho, unos calzones abiertos hasta las rodillas y unas botas hechas de cuero al pelo, eran las únicas prendas de vestir que comúnmente llevaban y traían”. El Regimiento de Dragones Infernales creado por Güemes para oponerlos a los Angélicos organizados por el cura de Yavi, vestía chaqueta y pantalón rojo llevando en su sombrero negro una pluma de avestruz o en su defecto una flor de cortadera, que simbolizaba su adhesión a Güemes.

Éste es el uniforme histórico del REGIMIENTO DE CABALLERIA LIGERA 5º.
Aunque la indumentaria más típica por la que se conoce a los infernales es aquella en la que cada soldado viste una ropa de gaucho norteño, es decir un chambergo de alas anchas, un poncho teñido de rojo o colorado con listas y guardas negras, montandos sobre ágiles caballos protegiendo estos gauchos sus piernas con "guardamontes" de cuero y usando como arma principal más común una lanza.


Gauchos de Güemes, por Eleodoro Marenco.
Se observa una vestimenta más irregular en los
gauchos, armados con lanzas y boleadoras.

Los Infernales se especializaron en el tiro de lazo a la carrera, en disparar en forma eficaz desde caballos o mulas en movimiento, y en cambios rápidos de formación para actuar como infantería.

Dada las características del terreno en el que debían actuar, los infernales de Güemes, muchas veces, cambiaban el caballo por la mula, como lo certifican muchos documentos.

"Güemes Documentado", T. 3, pp. 115-116.

Gaucho de los Infernales, montado en mula y armado
con carabina y sable (Jorge. R. González Moreno).
La composición étnica de los Infernales era de lo más variada. Si bien la mayor parte de la tropa está formada por criollos y gauchos mestizos, encontramos también indios, pardos, morenos y hasta algunos británicos que habían quedado en la zona del Río de la Plata luego de las invasiones inglesas. Estos británicos se sumaron a la lucha revolucionaria y, en el caso de Güemes, formaron parte de su guardia personal.
Gaucho del Regimiento de Infernales (montado)
y gaucho británico de la guardia de Güemes.

Piezas de colección


Set de 12 jinetes pertenecientes al Regimiento de Infernales de Güemes, fabricado en aleación metálica y escala 1/35 (54 mm) por MS Miniaturas: http://www.msminiaturas.com.ar/
Estos Infernales montan en mula y utilizan una gran variedad de armas de fuego, sables, lanzas, boleadoras, etc. Predomina el típico uniforme rojo, con gorro de manga, pero también observamos figuras con gorro redondo o sombrero tipo chambergo.
Asimismo, el set de 12 piezas representa fielmente la composición étnica del Regimiento de Infernales, con criollos, gauchos mestizos, indios, pardos, morenos y británicos.

Proceso de producción






 Resultado final





















Soldado del regimiento de granaderos a caballo de Güemes (1816)


Historia


Pero además de sus famosos "Infernales", Güemes contó con un Regimiento de Coraceros y uno de Granderos a Caballo.

Soldado del Regimiento de
Granaderos a Caballo de Güemes.

Los Granaderos a Caballo de Güemes tienen su antecedente inmediato en un piquete de Dragones establecido como vanguardia contra los realistas, luego que el Ejército del Norte se replegara a la Ciudadela de Tucumán, tras la derrota en la batalla de Sipe Sipe.
"He dispuesto que el teniente coronel don Juan José Quesada pase con 50 infernales y cien gauchos a ocupar la vanguardia. Ordene VS en consecuencia al coronel don Diego Balcarce que le entregue el mando que tiene de ella luego que se le presente y que de los dragones que están a sus órdenes deje también a las del dicho Quesada, 50 con un capitán, un teniente y un alférez, de actividad y confianza, retirándose con el resto de su fuerza a ese Cuartel general [...]" (Nota del Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón al General Rondeau de 16 de mayo de 1816, cit. en Villagrán San Millán, Martín R.: "Jujuy vs Güemes. Junio de 1816"; en Revista Cruz de Sur, Nº 8, Año IV, 2014, págs. 151-226).
"Güemes documentado", T. 8, pág. 171.

Con estos mismos hombres, el gobernador de Salta Martín Miguel de Güemes creará el Regimiento de Granaderos a Caballos, como lo atestigua la representación de Cipriano Zapana ante el Gobernador Intendente de Salta, de 6 de agosto de 1825:

"Señor Gobernador Intendente y Capitán General.
     Cipriano Zapana vecino de esta ciudad, ante VS con todo respeto parezco y digo: Que habiéndose retirado el señor general jefe don José Rondeau con el ejército a la del Tucumán nos dejó de avanzada a un piquete de Dragones en el punto de Humahuaca, al comando del señor teniente coronel don Francisco Salas, con el objeto de investigar los movimientos del enemigo y, estando allí, nos mandó bajar a ésta, el finado ex-gobernador don Martín Güemes y con dicho piquete levantó un escuadrón de Granaderos a Caballo, que componía la vanguardia en esta provincia y yo presté mis servicios en el referido escuadrón en la clase de sargento 1º con grado de alférez, donde he militado con la honradez que se requiere para destinos de esta clase, sin que jamás se me haya notado crimen alguno. Y viéndome en la presente en la mayor mendicidad, ocurro a la justificación de VS a fin de que se digne mandar que por el Ministerio Principal de Hacienda se me formen mis correspondientes ajustes desde la fundación del expresado escuadrón hasta que se disolvió; fechos que sean, suplico a la integridad de VS se sirva declararlos de legítimo abono por los fondos del Estado. Espero alcanzar justicia de la innata benignidad de VS y para ello, etc.".
                                                                                        Cipriano Zapana
Salta y agosto 6 de 1825.
     "Acredite la licencia con que se separó del ejército de que dependía y se proveerá".
                                                                       Rúbrica el Gobernador Arenales.
                                                                                    Doctor Bustamante
                                                                                               Secretario
"Excelentísimo Señor.
     Cónstame ser cierto todo cuanto expone el suplicante, pues fue uno de los que quedaron en un piquete de dragones en clase de sargento de avanzada, cuando la retirada del señor general Rondeau al Tucumán, en donde existió junto con el informante, hasta que por orden del señor general don Manuel Belgrano, se levantó en esta provincia un escuadrón de Granaderos a Caballo, sirviendo dicho piquete de dragones de plantel para la expresada formación. Es cuanto puedo informar en obsequio de la verdad. Salta, agosto 3 de 1825".
                                                                                           Francisco Salas
"Excelentísimo señor:
     Me consta que el suplicante quedó en esta provincia en un piquete que dejó el señor general Rondeau el año 16 cuando se retiró al Tucumán y posteriormente he sabido que este piquete sirvió de plantel al cuerpo de Granaderos a Caballo que formó el finado gobernador don Martín Güemes, más yo ignoro los servicios que haya prestado en él. Salta, septiembre 2 de 1825".
                                                                            Gregorio Aráoz de Lamadrid
(Cit. en Güemes, Luis: "Güemes documentado", Ed. Plus Ultra, T. 8, págs. 196-197).

Los Granaderos a Caballo de Güemes tenían un uniforme vistoso tipo húsar: llevaban chacó con una granada dorada, chupa azul celeste con cuello, bocamangas y bordón rojo; pantalones azul oscuro con galón rojo y botas altas.

Existen numerosos documentos que confirman este uniforme:

"Güemes documentado", T. 8, pág. 113.
"Güemes documentado", T. 8, pág. 94.
"Güemes documentado", T. 8, pág. 109.

Como todo salteño, los Granaderos también vestían el típico poncho.

"Güemes documentado", T. 8, pág. 105.

La vestidura de la silla era azul oscuro con borde rojo. Estaban armados con espada y carabina.


Pieza de colección


La figura exhibida representa a un granadero de Güemes a pie, apoyado sobre su sable. Fue construida en metal y en escala 54 mm (1/35) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/









Tropas artiguistas (1819)



Historia


El ejército de Artigas –y posteriormente los del Litoral– utilizaba como tropa de línea una extraña combinación de infantería y caballería, o mejor dicho, de infantería montada, táctica muy efectiva que recién pudo ser totalmente desbaratada por un brillante estratega como el general Paz. El mismo describe la rgferida táctica, utilizada por Estanislao López en el combate de La Herradura (17 de febrero de 1819): 
“Serían las dos de la tarde cuando las guerrillas enemigas empezaron a ser reforzadas. Esto siguió en una progresión tan creciente que las nuestras, que eran de caballería, tuvieron que recogerse al campo cercado. Muy luego presentaron su línea, que siguió avanzando, pero que hizo alto para dejar obrar lo que llamaban su infantería. Ésta consistía de unos hombres armados de fusil y bayoneta que venían montados habitualmente, y que sólo echaban pie a tierra en ciertas circunstancias del combate. Nunca formaban cuando estaban desmontados en orden unido, y siempre iban dispersos como cazadores; formaban parejas, y para ello hacían servir sus amistades y relaciones personales, de modo que tenían ese vínculo más para protegerse mutuamente y no abandonarse en el conflicto.

A presencia del enemigo, y sin desmontarse, se desplegaban en guerrilla, y cuando habían llegado a la distancia conveniente echaban pie a tierra, quedando uno con los dos caballos y avanzándose el compañero algunos pasos para hacer fuego, el que continuaba mientras se creía conveniente. Algunas veces se conservaba a caballo el uno, teniendo de la rienda el caballo del que había desmontado.
Soldado de Artigas en 1811 (Figurita de 4,5 x 2,3 cm).

Si eran cargados y se veían precisados de perder terreno, saltaban en sus caballos con rara destreza, y antes de un minuto habían desaparecido; si, por el contrario, huía el enemigo, montaban con igual velocidad para perseguirlo; y entonces obraban como caballería, por más que sus armas no fuesen las más adecuadas. Esta era la famosa táctica de la infantería de Artigas, con la que había triunfado de los ejércitos de Buenos Aires, y que a juicio de aquellos caudillos, era el último esfuerzo del ingenio humano. Es por demás decir que esta operación de su infantería era sostenida por cuerpos de caballería, que conservaban generalmente a su inmediación” (Paz, José María: “Memorias Póstumas”; Ed. Estrada, 4 vols., Bs. As. 1957, T. II; pp. 9-11).

Pieza de colección


La figura exhibida es un soldado "de infantería" artiguista confeccionado en escala 1/35 (54 mm) por Miguel Escalante Galain: http://miguelesmodemil.blogspot.com.ar/







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